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ABC. V I E R N E S 21 D E A G O S T O D E 1- 931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAG. 15 ¡Pero, hombre! ¿Cómo te vas a casal sin amor? i N o seas bruto! -dice el amiga a Hugo, creyendo librarle de un peligro. Indeciso y débil de carácter, el profesor de Filosofía cede a aquella sugestión y se va con B i l l Hamblin- -así se llama el ami, go- -a hacer un viaje en aeroplano. U n a excursión por el aire es, por lo visto, menos arriesgada que el matrimonio. Hugo, sin embargo, no rompe abiertamente c o n E n i d Se va sin decir. palabra, lo cual es mucha más breve y más cómodo, porque, al esquivar la patética elocuencia femenina, se libra de sus inconvenientes. Pasa el tiempo, y nadie sabe nada de lo ausentes. ¿Qué lia ocurrido? L a familia, alarmada, se pone en lo peor. E l silencio de H u g o no tiene otra explicación que la catástrofe. E s la hipótesis que aceptan los padres y que acaba por compartir la novia del filósofo. -Vamos a comunicarnos con su espíritu- -dice el padre de Hugo, como supremo consuelo. -S í yo quiero hablar con m i novio. Comparecen dos médiums y las sesiones se organizan. E l ausente, emplazado por la ansiedad de los seres queridos, se revela. Eso dicen los médiums. Está, en efecto, en aquella región de Jas sombras eternas de la que habla Aquiles en la Odisea con horror insuperable. Entre tanto, E n i d se habitúa al trato del médium que frecuenta. E s un muchacho que acaba por hacerla el amor con un arrebato que ella no ha conocido, y entre lo que oye del hombre vivo y lo que oye del muerto, se v a acostumbrando a u n a felicidad que muchas mujeres conocen, fundada en dos amores. Pero, de improviso, un día se abre la puerta de la morada de los Venham y reaparece H u g o y su amigo. Es imposible dar la medida del estupor de la familia. L a novia no da crédito a sus ojos. -Entonces, ¿qué demonio es esto, de la revelación espiritista? Todo ha sido una farsa. ¡Y yo que he gastado mis ahorros difundiendo esas teorías! E l mundo luminbso es una invención. N o es una invención. E s una creación de la fe, y, como tal, se resiste al desmoronamiento que opera la crítica científica en todo lo que no tiene sino cimientos fantásticos. U n hombre de cerebro más sólido que el del viejo Venham se despediría de aquella ilusión sin un gran dolor; pero el padre de H u g o convierte en drama lo que no ha sido sino un vodevil. ¿P o r qué habré vuelto? -se pregunta Hugo, horrorizado de las consecuencias de su reaparición. E s el único que discurre bien. Destruir la felicidad ajena por restablecer, u n a v e r dad que puede permanecer ignorada es un crimen. Pero el azar, con sus ironías, se complace en nuestro dolor y ordena a su gusto el curso de los acontecimientos. -U n a superchería oportuna es más saludable que una verdad cruel. E l bienestar de muchos I seres no tiene más base que su ignorancia, y no por eso es desdeñable. Dichoso el que í construye su vida con elementos de fe, porq u e r a menos de que le. despierte la realidad brutalmente, está salvado. Eso piensa Hugo Venham despidiéndose para siempre de los suyos; pero ya es t a t d e menos con ninguna actividad espiritual desvinculada de la vida presente. E l gran secreto de la muerte, el impenetrable secreto, pertenece a Dios, y nada permite esperar que estemos en vísperas de violarlo. El ser humano tiene tarca suficiente con organizar su propia existencia, ajlistándola a los fines que le ha dado, a conocer el Supremo Hacedor. Pretender ir más allá es perder el tiempo. Aldous Huxley, que se declara agnóstico, se abstiene de asignar a los fenómenos espiritistas una significaciónreligiosa o moral. Los respeta humildemente, como respeta el transeúnte que pasea por el campo las flores que va. encontrando, sin pretender deducir su germina- ción de su color. Después de todo, no he- I mos venido a la tierra con la misión de definir lo creado, sino de servirnos moderadamente de los elementos y de las cosas conforme a su utilidad. L a Providencia nos autoriza a ello. Epicuro, el calumniado Epicuro, que creía, como nosotros, en la Divinidad, y que no ha defendido nunca el grosero materialismo que le adjudicaran los que ¡c conocen sólo de oídas, procedía como un sabio, no privándose de lo que está hecho para nosotros. L o peligroso es invadir la jurisdicción de Dios, porque aquel clima da vértigos y turba la razón. E s un consejo a los espiritistas que organizan excursiones a la eternidad con el desenfado del que hace un programa de verano por las provincias del Notte. Cuando nos hacemos la ilusión de haber entrado en el más allá no hemos salido de nuestros sueños. E s a excursión es como delirar con los ojos abiertos. E n El mundo de la luz, Aldous H u x l e y no plantea el problema espiritista, porque ese asunto no es propio de un escritor, sino del hombre de ciencia y del geógrafo. L o inserta en una comedia humorística, que, no obstante su aparente frivolidad, se desenlaza trágicamente. H e aquí los hechos: E l matrimonio Venham tiene un hije llamado H u g o que explica Filosofía en Cambridge. Como ocurre a menudo, el hijo dista mucho de los gustos de sus progenitores. S u cultura le lleva por otros caminos. Mientras el padre se da al espiritismo, el hijo piensa en cosas más concretas y menos expuestas a decepciones. T a n a pecho toma el viejo Venham el más allá, que cree haber descubierto y explorado, que emplea una parte de sus ahorros en divulgar su fe en libros y folletos. L a madre de Hugo, sin desdeñar las aficiones de su marido, se preocupa de casar a este, y como las madres creen tener el secreto de nuestro destino conyuga! pone gran empeño en que el chico se despose con su vecina E n i d que está enamorada de él. H u g o no resiste aquel asedio maternal. Aunque no está prendado de E n i d acepta las relaciones persuadido de, que llegará a quererla. ¿Por qué no? E n amor es lo mismo empezar con frío o con calor, porque al fin la senda conyugal conduce a una temperatura intermedia, que es la que conviene a los fines del vinculo. U n entusiasmo de veinticinco años sería la locura. -Y o no te quiero todavía, E n i d pero puedo llegar a sentir por ti un cariño razonable- -dice el muchacho. Y- E n i d que no es ambiciosa, se contenta con aquella endeble declaración. Supone, y acaso no se equivoque, que el amor ganará en calorías con el nempo. Inopinadamente surge. un amigo de Hugo, que es quien lo va a trastornar todo. P o r aigo desconfían las mujeres de nuestras El maestro Amadeo Vives, Federico Montero y Guillermo Fernández Shaw, en. cuyo homenaje se dio ayer, en el teatro Calderón, una representación de D o ñ a F r a n c i s q u i t a (Caricaturas de Sirio amistades íntimas. Temen la tendencia i n vásora de ese sentimiento que no se satisface más que cuando consigue influir y dominar. MAXUEL BUENO 7 París, agosto, 1931,
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