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Exposición colonial de París. LA PRIMERA JORNADA DEL CRONISTA DI M U M C SLKIO ECUATORIAL AFRICANO... o leíamos p e r i ó d i c o s franceses, y, por consiguiente, yo y tú, lector m í o un m í o escrito c o n e s p o n t á n e o movimiento e n t r a ñ a b l e con v a ga ternura hacia lo desconocido, hacia lo impalpable... y quizá tierno y e n t r a ñ a b l e por eso... porque no te conozco... t e n í a mos apenas una vagra idea de que en P a r í s un P a r í s muy lejano, e x i s t í a algo a s í como una E x p o s i c i ó n colonial, una cosa exótica, con negros africanos, tigres, leones y d e m á s fieras... M a s como el rumbrcillo se acentuaba, sentí cosquillas en la curiosidad y me v i ne a P a r í s para, entrando en l a E x p o s i ción, salir de dudas y para contarte, en a m i gables charlas, lo que hubiere de fieras expuestas por estos andurriales de Lutecia, como d i r í a un cronista muy siglo x i x L o s andurriales son el bosque de Vincennes y sus contornos, por donde a ú n algo resta de. la piedra leprosa- -lepra medieva- -del castillo de Felipe Augusto, a m i g ó t e de R i cardo C o r a z ó n de León, con quien t o m ó parte en la tercera Cruzada, y vencedor de Juan sin M i e d o ¿V e s? A l g o de fieras hay ya cor los andurriales. V e n Entremos. E s t a visita s e r á r á p i d a y exterior, para recibir una primera i m p r e s i ó n de conjunto. V e n 1 N PABELLÓN D E LA MARTINICA lector desconocido, á n i m a sólo, hecha de esencias de curiosidad- -y de benevolencia- -hacia m i pluma, aprendiza de Cicerone... ¿Q u e desde luego, no tiene esta E x p o sición de P a r í s el aspecto suntuoso, magnífico, de las Exposiciones de Sevilla y de Barcelona? Evidentemente que no. E n a q u é llas hubo derroche de lujo y de. arte; pero esto es bonito y algo m á s espera... N o carece de suntuosidad. Y el sitio es delicioso: bosque de Vincennes, uno de estos j o y a n tes bosques franceses, en los que parece que flotan a ú n las elegancias de los Luises, con sus cortejos de caza y sus g a l a n t e r í a s droláticas. E n g a r z a d o en el bosque el lago, que bordean restaurantes y c a f é s de graciosa traza; con terracitas sobre las aguas, y en el centro del lago tres islotes como tres corbeüles. M i r a por allí, en los claros del bosque y haciendo valla a la amplia explanada, edificios de arquitectura- exótica: chozas, templos y mansiones s e ñ o r i a l e s desde el c a s e r í o ecuatorial africano de color de chocolate, como sus moradores- -por mimetismo- desde la mezquita mora que empolla l a aldehuela- -huevos nítidos, por cuyos