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mente vestida de p a ñ o obscuro, donde blanquean los co gantes de las mangas y de la pañoleta, así como de la graciosa cofia, parece hermana de la proveedora, a quien recuerda mucho por su rostro imperfecto y simpático. U n hornillo portátil que rojece en el suelo, unos chirimbolos cíe metal y porcelana que se ven por paredes y muebles, concluyen de entonar este cuadro encantador y evocativo. Con ligero pincel desenfadado, que recuerda el que F r a g o n a r d u s ó en algunas obras, Chardin p i n t ó al mono anticuario, envuelto en suelto ropón, examinando con una lupa las medallas que va sacando de su monetario. Sobre, una mesa, junto al sabio s i mio, hay grandes cartones que g u a r d a r á n grabados y dibujos, y pesando sobre un taburete se. hacinan gruesos infolios, se ven l á m i n a s y planos de edificios, en tanto que al fondo, medio borrosas, lucen las ascuas de una chimenea. E l gesto del ilustrado mono casi, es de hombre, pues, aunque sus facciones son las correspondientes al lugar que. ocupa este anticuario en a escala zoológica, Chardin las ha humanizado de tal modo que las armoniza con la ocupación a que el mono se entrega, atentísimos los ojos de agudo m i rar inteligente, afilada l a boca con un gesto casi sonriente. que demuestra ía satisfacción de quien ve comprobada una audaz hipótesis. U n suave sarcasmo, una dulce ironía prestan a esta caricatura- encanto sutilísimo, avalorado por l a ca idad esplendí- da de la pintura, donde color, dibujo y trazo son de maestro, T MAURICIO L Ó P E Z Marqués EL ROBERTS de la Torrehermosa. DE NAIPES CASTILLO EL GATO E N LA DESPENSA
 // Cambio Nodo4-Sevilla