Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A 3 C. M A R T E S 25 D E A G O S T O D E 1931. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 35 1 INFORMACIONES Y NOTICIAS TAURINAS En el Puerto de Santa María: Una corrida más. En Madrid: Un novillo de Conradi mata al diestro Alcalareño II. En Tetuán: Una becerrada más. Toros en Barcelona, Bilbao, San Sebastián y Almería. En otras plazas. Novilladas. Otras noticias. E N E L P U E R T O STA. MARÍA aceptable, que bastó, se le hizo dar, entre aplausos, la vuelta al redondel. Manolita Bienvenida, que comenzó con laboriosidad alegre y lucida, fué desanimándose hasta acabar de mala manera entre enconados silbidos. Su desairada faena en el quinto y la forma de estoquearle- -perdida, con la entereza, hasta la línea torera- merecen ser calificadas con severidad. E n esas sus peligrosas descensiones, traiga a su mente el, joven espada- -si es que no está ya saciado por la breve gloria recogida hasta ahora- -un destacado precedente de que pueden informarle en el propio hogar- -Aprenda cómo el hoy retirado Manuel M e jías hubo de sobreponerse a las depresiones de ánimo que deslucían su carrera y le tenían reducido a segundón entre los toreros de entonces, para alcanzar plenitud de arte, abrirse paso entre los favoritos y llegar al alto sitial a que Don Modesto, con el asenso de la afición entera, le llevó. E l primer empuje de la juventud, la gracia y la incipiente maestría han colocado muy alto a Manolito Bienvenida; pero tema rodar desde allí e imite, si quiere consolidar la supremacía, el ejemplo que le brinda la historia de su padre. A su primero- -aplomado c insípido- -lo había muleteado el chaval desde cerca y sereno, consumando muy buenos pases ayudados, de pecho, altos y de rodillas, recompensados con oles y aplausos. U n a estocada sin ceñirse, con el brazo suelto, y un descabello a Ja segunda. E l artista, ovacionado, dio la vuelta al ruedo. Bien, en verónicas, y espléndido de torería y afiligranado estilo en sendos quites a los dos toros primeros. L a nota más saliente de su trabajo, estuvo en el primer par de banderillas al b i cho segundo. Citó el espada, desde el centro del anillo, y marcando muy poco el cuarteo, se reunió con extremada confianza, cuadró en la misma cabeza y saltó, airoso y valiente, apoyándose en los rehiletes, para salir del embroque: Por la maravilla de su ejecución, el par, que quedó en lo alto, fué uno de los más notables que a ta notable banderillero hemos visto c onsumar, como fué merecida, la ovación clamorosa que s i guió al alarde de maestro y artista. Simplemente bueno, el siguiente, por el lado izquierdo. Después, dos entradas más, cayéndose los palos; en la primera, porque el zig- zag en que avanzaba el torero hizo incierta la arrancada, y en la segunda porque ya el bicho tapó la salida al diestro. Domingo Ortega lució con destacado relieve su dominio de la muleta. A dos dedos de las astas, empapando en el trapo y consintiendo con el cuerpo, en seguida se apoderó de su primer manso, que apetecía, huyendo, la paz de la dehesa, y le sujetó hasta ligar toda una faena de mando y valentía en que el torero impuso su ley al enemigo reacio. Como el toro cabeceaba, él de Bprox entró a matar ligero, pero muy derecho, y señaló un pinchazo. Repitió, mandando siempre muy bien- con la mano izquierda; pero cuarteando, y metió- media atravesada. Entusiásticamente ovacionado, dio la vuelta al ruedo. E n el sexto, mas- atento. al encaño, el tras: v teo, tan valeroso cómo, el anterior, fué. m á s rico en adornos y en variedad de pases, destacando siempre la seguridad y la eficacia con que este torero realiza, a una o dos manos, el muleteo por bajo. A l matar, achuchó el toro, se desvió el estoqueador y el arma quedó atravesada. U cuantos desj cabellos y a la calle. r E n quites, bien, y en verónicas, sin ligar una serie completa, logró varios lances de mucha suavidad y muy torero estilo. n 0 S Una corrida más U n a córvida más, de la cuantío ha de quedar recuerdo largo ni corto. Sólo el hermoso escenario y las melancólicas sugerencias de otros tiempos que el Puerto extiende y. aporta en sus clásicos días de toros; mucha luz, mucha brisa, mucha animación. A pesar, esto último, de la novillada de Cáüiz, donde Rebujina retuvo a mucha gente y a donde el portuense Niño del Matadero llevó tras si a buen número de sus paisanos. ¡Lástima que todo esto, abriendo una escisión entre los aficionados, restase intensidad al hermoso cuadro que, en plena fiesta, ofrece en sus solemnidades taurinas el ilustre y magnífico circo del Puerto de Santa M a r í a! Hasta unas ocho mil almas asistirían a la función. Toros de Pablo, Romero. Parejos en la bastedad; desiguales en gordura y trapío, como en la corpulencia y la edad. A h í está el lote de Bienvenida: un toraco grande y gordo, adulto, de amplio y carnoso morrillo, y un bicho de agujas enjutas y cara de adolescente. E n conjunto, por la presentación, un saldo; como un distinguido aficionado nos decía: el recorte de un melonar. Mayor armonía ofreció la corrida en cuanto á las condiciones de lidia. Aparte e l megaterio corrido en segundo lugar, que cumplió aceptablemente dentro de su pastueña sosería, la cobardía- -insinuada unas veces y otras en total presencia- -fué común denominador, L a insinuación, en los Joros, de Chánitol la declaración franca, en el seg jundo, de. Bienvenida y los dos de Ortega. Eri; estos últimos 7 se unió a la- mansedumbre el nervio, y en el sexto, además, la fuerza impetuosa, probada en la angustia con que arrollaba a los caballos para quitárselos de enmedio, como quien quiere rechazar una pesadilla o un ditero. Las peculiaridades de este último bicho- -que aplicado a la tracción agrícola habría alcanzado singular renombre- -nos hizo suponerle hermano de aquel otro manso que en E r i j a hizo morir, en una brutal caída, al infeliz; varilarguero Lagartijo. N i en Écija, ni en Málaga, ni el Puerto... Esperemos nueva ocasión. N o quiere fallecer el cronista sin haber conocido un pablorromereño valiente. Veremos quién puede más... A l isleño Chanito le recibió la gente de su comarca con cordiales pruebas de afectuosa simpatía. Se abrían los brazos, al aplaudirle en el paseíllo, como para acoger calurosamente entre ellos al torero que un día fué ilusión de sus conterráneos y que ahora volvía, resignado a la modestia en que su veteranía arraigó, de probar fortuna en ultramar. Desentrenado, falto de técnica, escaso de arte, el- hombre echó fuera la corrida con decoro, animándole la buena voluntad y el c a r i ñ o de los paisanos. P o r fortuna para él, sus reses fueron muy dóciles, y esto amin o r ó el peligro en que más. de una vez le situó su poca desenvoltura. Deslucido en el primero, en el otro consiguió, a favor de querencia, algunos pases ceñidos de cabeza Í rabo, y, euando- hubo dado media estocada L a p r i m e r a ovación de la tarde ha hecho llama el rescoldo del pasado- -fué ofrendada a Juan Belmonte- Tras los negros cristales de sus gafas, bajo el ala de su sombrero blando, el Torero esquiva el sol del Mediodía... y el resplandor, de l a propia gloria, -Juan M. Vésques. E N MADRID Un novillo de Conradi mata al diestro Alcalareño II Madrid 24. E l modesto cartel que el domingo ofreció la Empresa al público madrileño pregonaba bien a las claras que los tres espadas que lo componían- -Finito, A l calareño y Miguel Cas. ielles- -la habían abrumado a recomendaciones para lograr salir una tarde, fuera como fuera, en la primera plaza de- España. De otra suerte no se explica la formación de una terna como la anunciada, ninguno de cuyos tres diestros- -la fuerza de la costumbre nos hace llamarlos así- -podía conseguir otra cosa, en el mejor de los casos, que aburrir a la concurrencia, o en eí peor, extremecerla de espanto con un percance, como por desgracia aconteció y verá el que leyere. De sobra sé que no tengo autoridad para dar consejos a nadie; pero, no obstante, he de decir que incluso por respeto al público, no deben confeccionarse carteles así, con toreros desentrenados, sin arte y sin conocimiento de la profesión, los que si salen indemnes de la prueba ven transcurrir otros doce meses sin volverse a vestir de luces y empleando el año en hacer acopio de re comendaciones para volver a surgir de nuevo al cabo de ese tiempo en otra fiesta, en la que, por no haber nada, faltarán casi hasta los espectadores, como ocurrió el domingo, en que la entrada fué muy floja, y, con sobrada razón. Sacando muchachos como los nombrados o de sus parecidas condiciones, ni siquiera se les ayuda, pues, si tienen un éxito- -cosa, más que improbable, imposible- -de nada les servirá, ya que todo eí mundo lo achacará, pensando con verdadero acierto, a una búrlela de la diosa casualidad. L a novillada del domingo, de D Juan Conradi, de Sevilla, era grande, bien puesta, suave y fácil en general, cumpliendo bien con los caballos todas las reses y da modo singular las jugadas en primero y segundo puesto, que hubieron de ser, y muy justamente, ovacionadas en el arrastre. E s decir, que otros toreros con aquel ganade hubieran dado una gran tarde a Ta afición, y en cambio los que actuaron desesperaron al concurso para al final estremecerle de horror ante la brutal cogida de Alcalareño I L único de los espadas que dentro de su tor peza, que bien cara pagó el infeliz, puso eme peño en arrimarse a los toros, araiicaudc así, a fuerza de exponer, algunas palmas. E l novillero Alfonso Gómez (Finito) na hizo otra cosa que salir muy bien vestido, detalle estimable, pero que no justifica, ciertamente, el afán de torear en la plaza de Madrid. N i con el capote, ni con l a muleta, ni con las banderillas- -pues en dos viajes clavó otros tantos palos en su primer toro- ni con el estoque hizo nada, a lo largo de toda la tarde, que estuviera medio bien siquiera. Despenó al bicho jue abrió-