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BERNARD SHA ¡Y EN RUSIA Durante su reciente viaje a la República de los Soviets, Bernard Shazv ha sido festejado por las autoridades y el pueblo rusos. He ahí el momento de su llegada a Moscú, rodeado de intelectuales y proletarios. E L A U T O R D E LOS C O ME N DADORES DE CÓRDOBA C O M E D I A FAMOSA f 27 agosto 1635 ¡Allá va el mozo! Nadie sabe qué viento lo trajo ni qué negocio lo entretiene; acá llegó y acá está. Corretea, fisga, pregunta, mira, observa... Alguien dijo que, apenas contaba doce años, el muchacho se escapó del hogar familiar madrileño en compañía de un su amigo, y que hambre y un alguacil, que nombró al caso el juez de Scgovia, lo restituyeron a la abandonada casa. También cuentan que a los diecisiete años anduvo enamorado de una comedianta y r i valizó en la disputa de favores de la dama nada menos que con un sobrino del cardenal Perrenot de Granvela; vencido, el despecho le dictó un librillo, en el que se transparentaban sucesos y nombres con m á s claridad que lo que la discreción aconsejaba, y por eso dio con una sentencia de destierro, que hubo de quebrantar- -jugándose la vida- en el envite- -por correr tras unas faldas... en fin, muchas cosas dicen del gabán, que se nombra Lope Félix. Tiene el mozo, mirón y observador sempiterno, pujos de aristócrata; pero no faltó quien nos descubriera su linaje. Cierto que su padre. Félix de Vega, v su madre, Francisca Fernández, son descendientes de hidalgos montañeses, tan sobrados de calderos cr. los blasones como faltos de carne en el caldero pero también es muy verdad que de frente, en lucha con la vida, ganó honradamente el pan el padre de nuestro héroe, siendo bordador. Sí, bordador, ni más ni menos. H i l i l l o de oro, hebras de plata, seda valenciana, de M u r c i a o dé Toledo, eran color y materia informes con que sus manos hacían sobre las telas brotar ramos, florecer rosas, vivir monstruos o delinearse primores geométricos: lo sutil, lo que escapa, lo más fino, oro tenue, hilo de casi impalpable delgadez, era elemento plástico del padre, reposado menestral. A l g o del espíritu del bordador tiene el hijo andariego: con impalpable hilillo de heroísmo, seda tenue de cortesana discreción, recio torzal de expresión popular, da vida sobre las tablas de los corrales a los muñecos dramáticos, porque el mozo Lope Félix de Vega Carpió escribe y borda para la escena. Pero vamos a seguirlo en su deambular por este pueblo grande, que está... en cualquier parte, por ejemplo, en el camino como vamos de Castilla a la A n d a l u c í a entreSantander y Cádiz. Ancha plaza, mercado mañanero. ¡B u e n a hora, a fe! Mozas de cántaro y ccstillo, muchachos esportilleros flor de la picaresca, despenseros, pajes, criados de casas ricas y escueleros de caballeretes, son enjambre que ronda con toda clase de intenciones, santas y pecadoras, los tinglado pictóricos. Restallan frases en los tratos, vibran risas y zumban bromas pródigas en sal gorda. Caminito de la iglesia cruzan enlutadas viejecitas; escoltadas por dueñas de venera- bles tocas van las doncellicas haciendo del rebocillo trinchera para asaetear galanes... pero algo ha surgido en un ángulo de la plaza, junio al soportal y próximo a! caserón rematado en el frontis con el escudo cíe armas en que campea la cruz de los caballeros santiagueses. Remolino de desocupados, al centro dos juglares de apicarada traza, uno templa el guitarrillo mugriento y otro hurga en el zurrón- -archivo de camine- -hasta dar con un mazo de impresos, que era lo que buscaba. M a l papel, -tinos primitivos v toscos, como decoración del püeguccillo, hórrido grabado en madera, que representa a un hombre con la espada desnuda, chorreante de sangre, que cae en goterones tamaños, y, sin el menor sentido de la perspectiva, tres cadáveres, perros degollados y un mono que huye: todos se acomodan como pueden en la viñeta que ilustra la hoja impresa. Cruzan un relámpago de mirada los ojillos truhanescos de los rapsodas; lia llegado el momento, y diciendo a q u í comienzan las coplas de los Comendadores canturrean Los Comendadores por m i mal os v i yo v i a vosotros; vosotros a mí... Sin que sepamos cómo, Lope F é l i x se ha colocado en primera fila y no pierde verso de la espantable relación que interrumpe el recitador- cantor, de vez en vez, para vocear el precio de la pieza completa o demandar unos cobres en recompensa del juglaresco menester. A fragmentos nos enteramos que en Córdoba la llana vivía el caballero veimicua i r j- í ñ rr. n ¡ygj. r. j: fi i i i t t. 1 Utp
 // Cambio Nodo4-Sevilla