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A B C. V I E R N E S 28 D E A G O S T O D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G ECOS, NOTAS Y L E O TURAS I U n sacerdote, perseguido por la revolución ¡francesa en los días del- Terror, quiso poner tierra por medio; pero antes pensó en poner a salvo un magnífico crucifijo de oro macizo. N o sabiendo a quién confiar aquella joya, acudió a un anticuario de la vecindad, que era judío, para que la guardase. A l cabo de a l g ú n tiempo, pasado el peligro, el sacerdote se presentó en la tienda y reclamó el Santo Cristo. -A este crucifijo le falta algo- -dijo el cura, tomándolo al peso. -T a l vez. E n casa de un judío un Santo Cristo no puede menos de enflaquecer un poco... L a Constitución es el asunto básico de estas Cortes... L a enseñanza, uno de los problemas básicos de E s p a ñ a E l E j é r cito, que es una de las instituciones básicas de la vida- nacional... Y todo básico. Todo es básico en esta l; ora básica para los destinos de E s p a ñ a Bueno: ¿y qué es eso de básico? Pues que nosotros sepamos no es nada más que un término químico, que sirve para designar la sal en que predomina la base. Valle- Inclán, que suele pasear con Juan Belmente, sabe por experiencia que hay mucho de vanidad en esa presunción. A pesar de sus barbas y de su manquera, la gente le desconoce tanto como conoce al famoso ex torero. E l mismo suele contar, con gracejo, esta anécdota: -l i j a yo una vez en el tranvía, y se me acercó un obrero, que me dijo, en voz alta: ¡Ole los hombres de talento, y los grandes escritores! Naturalmente, todo el mundo se fijó en mi, al punto de que llegué ¡a ruborizarme. Y o no sabía qué hacer. ¡V i van las glorias de E s p a ñ a! Sí, -señor, Y viva el talento! Y como el público se fijar a demasiado, y no sin sorpresa, en mis barbas, el charlatán se creyó en el caso de darles una explicación: ¿P e r o no han leído ustedes nada de este talentazo? ¡P e r o si es D. Juan Pérez Z ú ñ i g a! E n otra ocasión se sentaron en el café a una mesa contigua a la de Valle- Inclán dos aldeanos, recién llegados a Madrid. E l camarero era casi nuevo en el establecimiento, y no había entrado aún en contacto con l a gloria del escritor. U n o de los paletos le p r e g u n t ó -Oiga, ¿quién es ese tío de las barbas, que habla tanto? ¿N o le conocen ustedes? Sí, hombre; si as muy famoso... Ese- -añadió, en tono confidencial- ése es uno que llaman El Manqniüo, que ha escrito una obra que dicen el Quijote. 1 E L H O M B R E D E L DÍA D O N RAMÓN D E L V A L L E- I N C L A N El admirable escritor quedó ayer encartado en la máquina burocrática de la República, tan bien acomodada, en sus primeros balbuceos, de intelectuales de medio mogote, í alie -hielan, que, como el juego, se pasó los años guisando lo que no comía, declina jurisdicción al declinar en la vida, y, lejos de sc r honrado, honra a la República. No es que guinde, como los otros, los del medio mogote, un empico. Es que la República aviene con el gran prosista, caballero bullidor de tasa en puño, tan diestro en el ataque airado y virulento como sabio y gracioso en el dulce melar de las palabras. Don Ramón ha sufrido prisiones, vayas, insidias, agravios de todo genero. Su pobreza altiva, lejos de sujetarse, -se encrespaba a la mala fortuna, y lanzaba por una boca de lobo, que era como tina cisterna, los más fieros y emponzoñados maleficios. Contra el dictador, contra sus alguaciles, contra sus servidores, y sostenedores, y socorridos. Contra los de arriba y contra los de abajo. Contra la derecha y, contra la izquierda- Rebujado, como un ovillo, peinándose y ordeñándose suavemente las barbas, que desti lañ epigramas; asido, con el brazo diestro, a la manga vacía, ceñudos los ojos de ópalo -tiernos, irónicos, y apicarados también- -y amostazadas las narices agudas y furibundas. En la empapada y avahada atmósfera de un café de invierno. Y así. le sorprendió la República. Despeado y pobre. Abrumado por la carga gloriosa de sus libros. Y la República, que recibía a los intelectuales de medio mogote que: esperaban en los ministerios a la deshilada, se olvidó de Valle- Inclán. Sale ahora nuestro gran escritor de su talanquera. Declinando jurisdicción. Pero muy orgulloso de su cargo y aventura: conservador general- -montero mayor- -del patrimonio artístico de España. Sale a combatir furiosamente a los marchantes, truchimanes, simoníacos y contrabandistas del tesoro artístico nacional, nuevo Don Quijote eit frentándose con los yangüeses E l español- -decía- mi. amigo nuestro- -es un hombre que se cree el centro del mundo, y piensa que todos los individuos que le rodean están, pendientes de sus- actitudes. N o hay sino mirar cómo mueve los brazos, cómo se ajusta la chaqueta, cómo se endereza el lazo de. la corbata, y se mira las botas- y e contempla, al pasar, en los escaparates, y grita y gesticula en los cafés, para comprender que, en- efecto, el. español vive pendiente del juicio de sus semejantes. Porque sé cree que sus semejantes no tienen m á s ocupación que. contemplarlo. N i él otra que l a de ser- contemplado. Y- si esto le ocurre a l español desconocido, ¿qué tío sucederá con el español ilustre, ese español ilustre que, por haber escrito un libro o dado una conferencia, o por haber salido retratado en un periódico, se exhibe orgullcsamente por las calles de Madrid?
 // Cambio Nodo4-Sevilla