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BUSTO D E QUEVEDO QUE SE CONSERVA EN LA BIBLIOTECA NACIONAL Dejó algunas mandas y nombró por testamentarios y ejecutores de su postrera voluntad al duque de Medinaceli (su verdadero mecenas) al marqués de Villanueva del Río y duque de Huesear, a D. Francisco de Oviedo y a D. Florencio de Vera y Chacón, vicario de Villanueva de los Infantes, el cual se halló presente. Y aquí es donde viene la última ingeniosidad del Sr. D. Francisco, Viendo el escribano que todo íbalo disponiendo conforme a su inmensa capacidad, advirtióle que se acordase de su entierro y honras, a los que hasta entonces no había prestado atención, y dejase alguna cosa con que pagar a los; músicos, que, según costumbre de entonces; habrían de asistir, v Volvió Quevedo la cabeza hacia el leguleyo, y respondió: -Señor licenciado: la música pagúela quien la oyere, que yo no pienso en estar para tales niñerías, ni perder el paso si me faltase el compás. Con muchas angustias y trabajos alargóse aquella preciosa vida hasta el 8 de septiembre de aquel año. Durante sus postreros días, a imitación de San Agustín, pidió que solamente los médicos entrasen en su aposento, porque no le ahuyentasen las devociones. E l mismo día de su muerte preguntó al médico que le asistía cuánto tiempo le quedaba de vida. Rehusaba decírselo el doctor porque conocía que era harto poco; instóle nuevamente Quevedo, y entonces respondióle aquél que unos tres días. A lo que replicó D Francisco: -Pues servios disponer que ahora mismo me traigan la Santa U n- ción, porque no habré de durar ni tres horas. Y antes de cumplirse tal plazo fuésé del mundo el satírico más grande que tuvo el parnaso español. DIEGO S A N J Ó S E RETRATO D E QUEVEDO, REPRODUCCIÓN D E L CUADRO D E VELAZQUEZ. (FOTOS DUQUE)
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