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Ciudades y costumbres. LA T U R Q U Í A E todos los estadistas que salieron de la guerra, ninguno, ni el mismo Mussolini, con ser tan grande, me interesa tanto como Kemal pacha. Su inteligente autoritarismo, que no retrocede ante ninguna forma de la severidad, está operando en el pueblo turco una transformación qué, por lo profunda y lo rápida, deja muy atrás a todos los éxitos de la cultura y de la acción política. Europa no es justa con ese hombre extraordinario, el más alto prestigio militar de sü patria desde la época feudal, que, no satisfecho con ensanchar el dominio nacional, ha vencido al tiempo, como propulsor del progreso, realizando en pocos años lo que la lenta mentalidad musulmana no habría podido alcanzar en un siglo. ¿De qué substancia está hecho aquel pueblo, que se ha prestado, con escasos conatos de rebeldía, a todos los experimentos a que le ha soinetido su caudillo? Cuando se quiere citar un país dócil a todas las manipulaciones de sus gobernantes se nombra a Rusia, la cual viene soportando sin ostensibles protestas la mano de aceró de Lenín y el pie de hierro de Stalin. Hambriento, descristianizado, sin decoro internacional, el ruso pasa por todo lo que se le pide, ahora como en tiempo de los Zares. Su dignidad aparece muy por bajo del nivel de su resignación. Pero ¿y el pueblo turco? ¿Qué hizo Lenín y qué hace Stalin que no recuerde algo de lo que se atrevió a realizar Kemal pacha? L a superioridad del estadista turco sobre aquellos hombres es, sin embargo, evidente, porque, para someterlos a la obediencia y a la disciplina, no ha necesitado, como los doctrinarios rusos, ofrecer el paraíso terrenal a su pueblo. K e mal pacha, que lo ha reformado todo, desde los ritos religiosos hasta el indumento de la gente, no se ha comprometido a instaurar la privanza de la blusa sobre la levita ni a discernir a la mano encallecida por el trabajo, el bienestar, que ha sido hasta ahora uno de los privilegios de la mano ociosa y enguantada. N o pretende subvertir un orden social, que le parece aceptable, para organizar el mundo sobre la armadura marxista. Es un hombre inteligente que ama la civilización europea, y que, encontrando a su pueblo un poco atrasado, le imbuye, por la violencia, ideas y usos que a nosotros, europeos occidentales, nos inspiran ya un mediocre entusiasmo. Cada vez que un elemento tradicional, por respetable que fuese, LAS MUJERES TURCAS EN MANIFESTACIÓN CALLEJERA POR HABER OBTENIDO E L D E R E C H O A VOTAR DEMOCRÁTICA D CONSTANTINOPLA. PLAZA D E L SERRALLO
 // Cambio Nodo4-Sevilla