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FÚTBOL L O S F U T B O L I S T A S MADRILEÑOS, GANAN El Madrid- F. C, venció, en Berlín, al Tenis Borussia, por cuatro tantos a dos. Berlín. C o un lleno formidable se j u g ó el encuentro concertado entre el Tenis B o russia, uno de los mejores equipos de la capital alemana, reforzado además con varios internacionales, contra el Madrid. E l día está lluvioso. E l cielo, muy cubierto v con poca visibilidad. A l salir al terreno los equipos fueron muy aplaudidos, alineándose los madridistas en la siguiente forma: Z a m o r a Quesada, Quinecces; Prats, Esparza, L e ó n Eugenio, Bestit, Olivares, Regueiro y Olaso. E n el primer tiempo, el juego empezó muy movido. Los alemanes, dominaron en un ataque a fondo, al que los españoles opusieron tenaz resistencia. E l equipo español fué muy aplaudidopor sus combinaciones preciosas y buena táctica de juego enérgico. S i n embargo, debido, sin duda, a la mala luz, el equipo madridista parecía resistir con dificultad durante el p r i mer tiempo. Antes de sonar el pito, los alemanes lograron marcar el primer tanto. A l comenzar l a segunda parte, el M a d r i d modifica la alineación de l a línea delantera, que se Jornia a s í Marín, Regueiro, O l i vares, H i l a r i o y Olaso, combinación que da mejores resultados y que se traduce por un dominio completo, con un juego de exhibición brillantísimo de esta vanguardia, que logra entusiasmar a los espectadores. Aunque los alemanés pretenden reaccionar, son los españoles los que toman l a ofensiva, y a los seis minutos, debido a un magnífico remate de cabeza, logra meter el balón en l a portería contraria. Los alemanes reaccionan otra vez y llegan a pisar las líneas españolas en un Juego bastante movido; sin embargo, no lograron transformar en goal dos corners. U n ataque del Madrid da por resultado el segundo tanto para los españoles, logrado también de cabeza, después de un avance de toda l a línea, sin que los germanos pudieran tocar la pelota en el avance preciosista. Nuevos ataques de los jugadores del B o russia dan ocasión a Zamora para rechazar valientemente los ataques y los tiros de los delanteros alemanes, secundado eficazmente por los dos defensas, que demuestran poseer un- perfecto sentido de l a táctica. E n una escapada de los del Borrusia, Z a mora para bien un castigo, y, a su vez, el guardameta alemán rechaza un violento ataque español, a pesar del juego de primorosa combinación desarrollado por los jugadores madridistas. Desde este momento dominan los españoles, por su juego ele táctica y energía. U n comer contra el Borussia hace subir el tanteo a tres en favor de los españoles, por uno de los alemanes, -porque, medios y delanteros madridistas se lanzan a un remate decidido, arrollando a los defensas germanos incapaces de acomodarse a l a velocidad y al ímpetu que han impuesto los del M a drid. Los esfuerzos de los delanteros alemanes son infructuosos, y a medida que avanza el tiempo, el equipo español va imponiéndose, mientras los lemanes, cansados del esfuerzo, se ¡imitan a defenderse. Cada vez el Madrid impone mayor rapidez, v. desconcertado el T S Ü I S Borussia, el juego se desarrolla c e r c í de su mfíA. V et ¡T 3 ti? r r a n e a d a marcan el segundo tanto alsmán, que es muy aplaudido. Pero el Madrid, a pesar de faltar pocos minutos, reacciona enérgicamente, se k j; -za a un ataque desesperado, y al fin marca el cuarto goal, que causa en el p ú b l h o una gran decepción. Poco después, el partido concluye con la victoria madridista por cuatro tantos a dos. E l partido fué bueno en su conjunto, pero los madridistas jugaron mejor en el segundo tiempo, cuando el ataque, mejor acoplado, decidió concluir las filigranas con sendos tiros, que abrieron brecha en el marco contrario. Los alemanes, jugaron con entusiasmo, pero con l a lentitud característica, que los nuestros desbordaron tan pronto como se lo propusieron. Los mejores, los defensas, a pesar del tanteo. Del Madrid, todos hicieron un gran partido, derrochando entusiasmo y valentía, dando al encuentro esa velocidad característica que no pueden soportar los equipos no habituados a ella. E n él segundo tiempo la unión entre delanteros y medios fué perfecta, dando ya la sensación de un equipo ácopladísimo y seguro. S i n embargo, de j u gar todos muy bien, Quincoces fué el mej o r hizo un partido sencillamente formidable. P o r su lado los delanteros contrarios, después de contemplar las valientes entradas, no se decidieron a acercársele, pegando con seguridad y colocándose con precisión para resolver siempre las situaciones peligrosas. F u é el héroe de la jornada. E l arbitraje, muy inteligente y acertado, castigando las faltas de los dos. equipos con imparcialidad, sobre todo la violencia, y apreciando los offsides con certera exactitud. E l equipo madridista fué despedido con una calurosa ovación al abandonar el terreno, del que los jugadores salieron locos de entusiasmo. -Hernández Coronado. Cómo empatamos con la selección nacional de Checoeslovaquia A ú n nos dura el mal efecto de nuestra derrota en Budapest. N o basta. a borrarlo el paseo del lunes por las maravillosas m á r genes del Danubio, ni el baño eñ St. Gellert, cuya piscina con olas artificiales se b o r r a r á difícilmente de nuestra memoria; ni el viaje diurno a esta capital a través de paisajes de ensueño. E n Praga llueve. Llueve con esa persistencia desesperante de Bilbao. Los vascos se han encasquetado sus bomas y pasean indiferentes al Sirimiri, que va ennegreciendo las 3- a renegridas fachadas. Los demás estamos un poco tristes en el hall de este hotel, muy a lo le courvoisier. Zamora comenta: -E n Praga es donde el equipo nacional ha jugado su peor partido; perdimos sólo por dos a cero, pero hicimos el ridículo. N o contestamos ninguno, aunque seguramente todos pensamos lo mismo. Nos avisan del campo que el terreno está practicable, y que se j u g a r á el partido. A l campo, pues. Leoncito e H i l s r i o marchan encogidos por el frío. Sigue la llovizna. Pesimismo. Y efectivamente, hemos ganado. liemos ganado, porque, aunque en el marcador r. q hubiese más que un uno a uno al í acabar el partido, este empate, en la Meca 1 del fútbol continental, contra un equipo en plena temporada, puede considerarse como un verdadero triunfo. Desde el mismo momento que Olivares hizo el saque inicial, ya nos dimos cuenta de que nuestro equipo era nuestro equipo y no el grupo de turistas que en Budapest se paseó por el campo, como si estuviera visitando monumentos, recién- bajado del autocar. L a línea delantera, bien conducida por Olivares, prodigaba las arrancadas, y l a codicia de los medios impedía el perfecto control del balón, base principal del juego de nuestros contrarios. Y a a los cinco minutos, un fuerte chut de H i l a r i o hubiera, sido goal, si un poste no se hubiera interpuesto en su camino, coa gran desesperación nuestra. Todavía estábamos comentando l a jugada, cuando O l i vares escapa rápido, consigue librarse del acoso del medio centro y pasa a Eugenio, que juega de extremo- izquierda, el cual se interna y centra con la derecha; Regueiro. tranquilo y bien colocado, no hace m á s que empujar el b a l ó n ¡goall Esto ya es otra cosa. L a reacción de los checos es formidable, pero el chut, raso y fuerte, de Syoboda, es detenido por Zamora en un plongeón formidable, que desmoraliza por completo al público. Los medios nuestros están trabajadores, sobre todo E s p a r z a Bonet, flqjo de juego, en cambio hace unas entradas como seguramente no se habían visto todavía en el Stadium del Sparta. Y cuando las precisas combinaciones del trío central, admirablemente dirigido por Brame, conseguían filtrarse, la actuación enérgica de nuestra defensa despejaba el peligro, dando l á s e n sación de que aquellos elegantes señores (jersey naranja, con mangas azules) no podían marcar. Desgraciadamente, el aspecto del partido varió pronto. Plilario y Regueiro volvieron a la inactividad quedes ha caracterizado en estos dos encuentros, y la línea media, tal vez dándose por satisfecha con el goal conseguido y queriendo defenderlo, se replegó a nuestro medio campo. Zamora entonces tuvo que entrar ya en juego y, a pesar de su acierto, no pudo i m pedir que, tras un fallo de Bonet, Silny, en pleno. offside, le fusilada el tanto. Y que conste que lo del offside no es la socorrida disculpa, pues sólo nos atrevemos a afirmarlo después de haberlo reconocido así todos los directivos y críticos de acá. Comenzamos a fijarnos en el arbitro: un señor alto, gordo, con pinta de hombre bondadoso. T a n bondadoso que, sin duda, por no disgustarle, no toca otro offside a Juuek, y el balón pasa como un rayo, l a miendo un pós- e. A partir de aquí, hasta el final del partido, la iniciativa es de los checos, y todo el peso recae sobre nuestro t r í o defensivo, que se defiende bravamente. Y a en los últimos minutos dos o tres jauts misteriosos, silbados por el s mpático Cejnar, nos ponen el, corazón en un p u ñ o pero, no. Llegó el final, empatados a uno. Es difícil ahora justificar la rápida mejora de nuestro once, y no. basta para ello reconocer que la selección de Praga ha hecho un fútbol de clase m á s baja que el realizado por los h ú n g a r o s porque, al fin y al cabo, se trata de otra selección nacional de características de juego análogas. E l campo, quince metros m á s corto que el de Budapest, esto es, de dimensiones iguales a las de los españoles, ha contribuido también a la mejor actuación; pero no cabe duda que ésta es debida a la mayor codicia mostrada y a la rapidez con que se han acos-
 // Cambio Nodo4-Sevilla