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MADRID- SEVILLA 8 DE SEPTBRE, D E 1931. N U M E R O S U E L T O 10 C E N T S KEDACUiON: PUADO D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES DIARIO ILUSTRADO. AÑO V 1 GESIMOSEPT 1 MO N. 8.933 X ANUNCIOS M U S O Z O L I V E CEIICANA A T E T Ü A N SEVILLA T EM A S VA RÍOS E l discurso del ministro de la Gobernación en Burgos es un llamamiento apremiante a las derechas, pero acompañado de reproches y amenazas, y precedido de una gestión que no le recomienda a la confianza de esos, elementos, con los que ha desplegado injusto rigor en la preparación electoral mediante el desmoche ele Ayuntamientos, y después en el veto a no pocas propagandas, y, sobre todo, en el trato violentísimo y sin precedentes a l a Prensa conservado ra y católica. E l S r M a u r a quiere que las derechas, que ni la del mismo Parlamento ve respetada su libertad, acudan heroicamente a consolidar la República, en la que han encontrado- -el ministro lo reconoce- -la intranquilidad de los espíritus y el sobresalto de los intereses. A esta situación ha contribuido, según el Sr. Maura, l a imprudencia de los republicanos izquierdistas con sus propagandas demagógicas, y l a labor de los alarmistas, enemigos del régimen. Los alarmistas, si los hubiera tan auda- ees que se arriesgasen a sufrir los procedimientos expeditivos de la plenitud republicana, no tendrían tiempo de actuar, porque los hechos que intranquilizan los espíritus y sobresaltan los intereses, van por delante, y m á s deprisa. Los republicanos k f u i e r d i s í a s no han propagado n i han hecho nada que deba sorprender a nadie; nada que no estuviese previsto y acatado. L a revolución, con todas sus consecuencias y sus episodios, está encuadrada en el pacto de San Sebastián y en los compromisos iniciales de la coalición revolucionaria. L o imprevisto y lo sorprendente hubiera sido que los socialistas, los radicales- socialistas, los catalanistas de H a cia y los anticatólicos, prestaran generosamente su colaboración a una República conservadora, unitaria, o meramente descentralizadora y acorde con la Iglesia. Y que la poderosa organización anarcosindicalista, después de haber decidido el triunfo electoral de l a República en Cataluña, no hubiese reclamado su parte. A n u i r í a el Sr. M a u r a su propósito de trabajar por la reforma de l a Constitución desde el mismo día en que se apruebe tal como está proyectada. H a b r á que preguntarle entonces para qué ha servido una revolución a lasque ha coadyuvado con más actividad y más apasionamiento que nadie. E l discurso de D Melquíades Alvarez, en Gíjón, ha sido el complemento de su discurso de Madrid, y como el que aquí quedara roto se ha esmaltado con las definiciones puras y ortodoxas del Estado de democracia, frente a los tópicos desgarrados y los afanes despóticos y destructores de la demagogia. Y ha sido también claro, preciso, rotundo, en tres puntos capitales. E l Sr. Alvarez es enemigo de l a separación de la Iglesia y el E s tado y de la expulsión de las Ordenes re. ligiosas. E n lo social, partidario de la evolución que dé a la clase obrera la evidencia de que no asustan los radicalismos, y a ias clases conservadoras la garantía de no ser expoliadas. E n cuanto ai problema regional, rechaza el federalismo y acepta la autonomía, pero sin conceder nada que roce siquiera a la unidad nacional. E n realidad, la posición de D. Melquíades Alvarez podía definirse por aiiticinado. N o hay inconsecuencia n i novecf J. N o hay reatificación alguna. S u orientación y su línea, sistemática siguen siendo gubernamentales. E s t á en la República en la misma actitud que con la Monarciuía. Durante ¡os años c c la Dictadura y del Gobierno posterior, el Ayuntamiento de M a drid no se ha visto oprimido por dificultades económicas para cubrir las atenciones ordinarias. Cobró y gastó con ordenamiento y equilibrio; no ie apremiaron necesidades descubiertas, y aun logró cerrar algunos ejercicios con superávit de cuantía. E l primer Ayuntamiento de la República entró con un arqueo altamente satisfactorio, c i frado en sólidas existencias de caja, y con un cómputo nivelado. N o ha advertido el vecindario aumento ni mejora sensible en los servicios; multitud de calles, y no pocas de categoría, s i guen mostrando a propios y extraños las deficiencias del pavimento; n i siquiera se ha proseguido con el empuje y amplitud con que se inició la renovación del alumbrado. Y sin embargo, se habla de crear nuevos arbitrios con que reforzar para el a ñ o viniente los capítulos de ingreso. E i n cluso se insinúa ya alguno de los nuevos impuestos, refiriéndolos a las cosas de lujo entre las cuales se incluye los cubiertos de restaurante, desde cierto precio, para lo que se aduce el ejemplo de F r a n cia y algún otro país. Francia, en el agobio da la post- guerra, apeló, efectivamente, a los tributos sobre lo suntuario. Pero l a situación no es pareja, ni puede manejarse aquí, sin peligros para muchas recaudaciones de l a industria del comercio, un impuesto tan delicado y tan difícil de distribuir con equidad. E l asunto es para meditarlo, y convendría que antes de pensar en nuevos gravámenes, el A y u n tamiento comprobase si todos los actuales rinden la plenitud presupuesta, y, en caso negativo, si no sería mejor perfeccionar los medios de percepción par a conseguir l a elasticidad posible. del Gobierno de Buenos Aires, ya que se hizo representar en la Conferencia Internacional del Trabajo de este año. E n cambio, Méjico no. era miembro de la L i g a y lo será desde ahora. E n una carta leída por ci presidente, y que firman los jefes de las delegaciones de Alemania, España, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón, se dice que Méjico no figura entre los Estados firmantes del pacto, y que conviene reparar la omisión tan contraria al espíritu de la Asamblea. Los firmantes proponen se invite a Méjico a dar su adhesión. Ante este requerimiento solemne, que satisface el sentimiento nacional mejicano, herido por una preterición ahora reparada, M é jico ocupará el puesto que le aguarda, antes de que terminen las sesiones. LA R E U N I Ó N D E L C O N SEJO D E L A S O C I E D A D DE NACIONES Lerroux, preside Ginebra 8, i madrugada. (Crónica telefónica de nuestro enviado especial. E n la X I I Asamblea de l a Sociedad de Naciones, no están presentes las sobresalientes figuras de la política internacional. Sólo Briand llegó poco antes de la sesión de apertura, y es que los diálogos y conversaciones en que se debaten los problemas más agudos, tienen l u gar fuera de Ginebra, en Berlín y en P a r í s o en Londres. E l alejamiento de los hombres que son arbitros de los destinos de Europa, y puede decirse que del mundo, resta un. poco. de interés a la Asamblea, y se pone un tono menor en la expectación. Cincuenta y cuatro Estados enviaron representantes, y cuatro no figuran en ¡a lista: Argentina, Honduras, Nicaragua y E l Salvador. N o hubo delegados argentinos en las reuniones anteriores, pero ahora se consideraba posible una rectificación de conducta Cuando esta mañana ocupó el Sr. L e rroux el sillón presidencial, todas las delegaciones se encontraban en el salón. E n las tribunas destinadas a los invitados- privilegiados y al público no hay la disputa de s i tio que se registraba otros años. L a concurrencia está holgada, y casi nos atreveríamos a decir que han sobrado tarjetas. L a figura del Sr. L e r r o u x es blanco de Iá curiosidad. E s un ministro de un país que ha hecho la última revolución en Europa. E l Sr. L e r r o u x tiene prestancia y autoridad en el puesto. N i arrogancia ni timidez desde el sitio preeminente que ocupa. Severidad de hombre que se da cuenta de la alta misión que le incumbe, y a quien no le viene ancho enfrentarse con una asamblea. Coavoz reposada, clara, en un francés que conS erva como es justo un ligero, acento de extranjería, lee el Sr. Lerroux el discurso de presidente. Encargado de declarar abierta la X I I Asamblea por ser presidente en ejer- cieio del Consejo de la L i g a este discursono es el del delegado de España, sino el del! presidente de la primera parte de la sesión. E s un resumen de la obra de la Sociedad! de Naciones. ¡E l Sr. Lerroux va enumerando los he- chos, y subraya con simpatía aquello que puede ser m á s eficaz para la pacificación ele los pueblos. A s í felicita a l a Sociedad de Naciones por haber convocado a la Conferencia del Desarme, venciendo toda clase de obstáculos, y tiene acentos de sincera y noble alegría al recordar que 37 Estados reconocen ya la jurisdicción del Tribunal i n ternacional para dar solución a los litigios que puedan surgir entre ellos. Los asistentes escuchan con marcado i n terés y complacencia. L a voz del señor L e rroux, grave y venerable, llega a todos los ámbitos del vasto salón. U n periodista f r a n cés comenta tiene hechura de jefe cuando el ministro español afirma que es preciso que los Estados representados en la A s a m blea cumplan- su deber de solidaridad, para desvanecer la ola de pesimismo que inunda al mundo, hace como una declaración, de que E s p a ñ a estaba dispuesta a cumplir con el suyo. L a Asamblea aplaude con nías fervor que el exigido por la cortesía, y l a aprobación en las tribunas es muy cálida. N o borra la excelente impresión dejada por l a actuación del Sr. Lerroux, la. aparición del Sr. Titulesco, como presidente electo. E l Sr. Titulesco ejerció las mismas funciones en la Asamblea en 1930. Cuando el Sr. Titulesco se sentó en el sillón de la Presidencia, parecía como si se hubiera ausentado el verdadero presidente; el Sr. Lerroux... 7
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