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POR J S. FLETCHER (CONTINUACIÓN) -Entonces no le diré nada respecto de ese punto- -susurró Perivale- No conviene. Ah or a vamos a tratar del asunto más serio. Señor Delardier- -continuó, levantando l a voz- usted me perdonará estas palabras en voz. baja con mi colega. A h o r a v o y a d i r i girle una pregunta particularmente delicada... y le ruego me disculpe si propende a ser ofensiva; no me propongo molestarle. L a pregunta es ésta: ¿tiene usted completa confianza en la buena fe de sus dos consocios en este asunto? Delardier manifestó su sorpresa y d i j o -N o puedo ofenderme, señor. Después de todo, esa es su m i sión. ¿Se refiere usted a Spring y Budini? Pues sí, tengo confianza en ambos, desde luego. ¿Son hombres de los que tiene usted formada buena opinión? -N o tengo razón para juzgarles mal, señor. ¡Oh. sí; tengo de ellos la más alta opinión! -Bueno, señor Delardier; me veo precisado a decirle una cosa. Pero antes unas preguntas. ¿Fué en presencia de Spring y de B u dini como usted entregó el diamante a Auberge? M u y bien... Y cuándo ocurrió eso? -E l domingo 22 de octubre, por la mañana. -E l mismo día en que inmediatamente después de haber recibido el diamante Auberge marchó para tíoulogne y Folkestone. E l miércoles siguiente, al saberse l a noticia de Folkestone, usted, S p r i n g y Budini salieron de París y se trasladaron a Inglaterra... ¿N o es así? ¡E x a c t o! Salimos de París en el tren de las cuatro y llegamos a Folkestone poco antes de las nueve de la noche. -rEso fué, me figuro, el resultado de una consulta entre ustedes tres después de haberse enterado del asesinato de Auberge. Bueno, ¿y dónde y a qué hora del miércoles celebraron ustedes la consulta? ¿Dónde? ¡E n mi ohcina! ¿H o r a? L a de mediodía! -L a de mediodía del miércoles 25 de octubre. Perfectamente, señor Delardier; pues haga el favor de recordar los tres días precedentes. Desde la hora del domingo por la mañana, día 22, en que usted entregó el diamante a Auberge en presencia de Spring y el mediodía del miércoles, día 25, ¿vio usted alguna ves a- Perivale pronunció estas últimas palabras con tal intensidad y énfasis, que Delardier saltó en. su asiento y su cara palideció. ¿Q u e s i que si. -empezó a decir- ¿Dice usted que si vi... -añadió con l a boca abierta. ¿Usted sabe si le vio o n o? -d i j o Perivale- ¡Piense un poco! -No- -replicó D e l a r d i e r- no le v i Desde el momento en que paVtió Auberge el domingo hasta nuestra reunión del miércoles no v i a S p r i n g n i a Budini. No- tuvimos ocasión de reunimos. P e r o ¿a qué obedece esa pregunta? Perivale se inclinó más sobre la mesa, bajando l a voz. -M i r e señor; voy a decirle lo que ya le he dicho a Pelabos. Tengo las más graves razones para sospechar que S p r i n g estuvo en Folkestone l a tarde y l a noche del asesinato de Auberge y que conoce. algo de l a verdad en todo esto. Delardier volvió a quedarse con la boca abierta. E l cigarro se le cayó. Durante un segundo se quedó mirándolo como si no acabase de comprender lo que era. De pronto lo tiró a un lado y, sobreponiéndose, sonrió con incredulidad. ¡Imposible, señor! ¿Spring en Folkestone... la noche del asesinato de Auberge? ¡N o n o! Usted ha tomado el rábano por las hojas. -N o creo- -dijo Perivale confiadamente- pero ya veremos. Los informes que tengo hasta ahora me inducen a creer que Spring pasó de París a Folkestone el lunes 23 de octubre, permaneció Ja tarde y, l a noche del lunes en una fonda a cien yardas del sitio del asesinato de Auberge, marchó de aquel alojamiento a una hora extraordinariamente temprana a la mañana siguiente, martes 24 de octubre, y, haciendo l a travesía por Newhaven y Dieppe, volvió a París por la tarde. Pero le daré más detalles y le describiré s u persona. Ambos detectives estaban viendo claramente que Delardier se había afectado mucho. A la primera, mención de sospecha en relación con S p r i n g se había puesto muy pálido, y ahora, una vez que Perivale ordenó y expuso tranquilamente los hechos, su cara empezó a delatar su emoción. Cuando Perivale hubo terminado, rompió de pronto a soltar frases más o menos cortadas. ¡Señores! -exclamó con intermitencias- Y o ¡oh, señor e s! si es así, yo... estoy arruinado... Pero no puede ser... Nó, -no puedo creerlo. Spring es un gentteman inglés. ¡A h! Empiezo a temer... empiezo a recelar... ¡O h señores; no sé qué pensar de todo esto! ¿Q u é quiere uste í decir- cuando afirma que si esto es verdad usted quedará arruinada? -preguntó Perivale, 1 ¡L o siguiente, señor! Ese diamanté, ahora perdido, había sido comprado, es cierto, por Spring, Budini y y o a un ruso de altísimo rango, en cuya familia había permanecido desde l a época de la Gran Catalina... Creo qae ella se lo dio a uno de sus favoritos, antecesor del alto personaje a quien nosotros lo compramos. Desde luego el diamante tiene historia. P e r o l a parte principal de su importe l a aporté yo. Quizá no convenga escatimar detalles... L a cantidad que pagamos al ruso, señores, fué diez m i l libras esterlinas. Pero de esas diez m i l libras yo aporté seis m i l y S p r i n g y Budini aportaron dos m i l cada uno. Naturalmente... no puedo resignarme- a perder mi dinero, mis seis m i l libras. Y o esperaba obtener un gran beneficio. Calculaba que el diamante valdría... bueno, aquí, en confianza, esperaba que valiese por lo menos veinticinco m i l libras. Y ahora. Se detuvo para limpiarse una lágrima furtiva, y luego, volviéndose a Perivale, le miró con patética ansiedad. ¿Y usted cree eso de Spring? -preguntó- ¿Piensa usted que estaba en combinación con el hombre que- se llamaba E e k s? ¡Ah, si es a s í -Señor Delardier- -interrumpió Pelabos- ¿sabe usted dónde; se puede encontrar a Spring? ¿Conoce usted su dirección? -S í conozco su dirección; pero no se le puede encontrar allí a esta hora... S p r i n g es lo que se dice un pájaro de noche; le gustan las horas avanzadas. S i n embargo, conozco sitios donde puede estar. Y yo tengo que verle esta noche. L a incertidumbre es demasiado insoportable. Señores, no pretendan acompañarme, Y o io comprobaré todo por mí mismo... Seré diplomático... reservado... astuto... Pero he de averiguar la verdad, y mañana... ¿N o s comunicará usted si es cierto. que S p r i n g estuvo en F o l kestone los días indicados? -preguntó Pelabos- ¿Sabe usted dónde puede encontrarme, señor Delardier? -Y a sé dónde encontrarle, señor, y no dejaré de comunicarle, lo que averigüe. P o r encima de todo tengo que descubrir l a verdad. ¡A h no teman, señores! Seré discreto y reservado a la medida de sus deseos. Y si hubiese sido engañado, burlado... ustedes verían de lo que soy capaz. Se despidió y se marchó. Pelabos miró a Perivale. Perivale, sacudió l a cabeza y d i j o -N o le sacará nada a Spring. Y o creo que debíamos haberle seguido. ¡N o! -r e p l i c ó Pelabos- Mejor es dejarle que aborde a Spring por lo pronto. Delardier es un hombre de palabra y nos dirá mañana dónde se puede encontrar a Spring. Entonces puede usted llevar a su joven amigo inglés para que le vea. S i efectivamente le identifica como el hombre dé quien usted ha hablado, como ese misterioso míster Winter... -S í a mí no me cabe duda que le reconocerá cuando le vea- -interrumpió Perivale. Y haciendo una pausa, añadió por fin rompiendo el silencio: -N o estoy seguro de que hayamos obrado bien; estoy un poco preocupado. Debiéramos no haber perdido de vista a Delardier. S i a S p r i n g le viene la idea... -No- -replicó Pelabos- Delardier será discreto. Perivale no dijo más. Pero tenía un presentimiento de que ocurriría algo malo, y no quedó sorprendido cuando, a las siete de la mañana siguiente, Pelabos se presentó en su habitación y le d i j o -Amigo mio, usted tenía razón y yo estaba equivocado l a noche pasada. Debiéramos haber seguido a Delardier. H a ocurrido una tragedia terrible. Delardier ha sido asesinado. CAPITULO X X I Tres. Perivale. estaba todavía medio dormido cuando abrió l a puerta para dé jar pasar a Pelabos; pero cuando la última palabra del francés llegó a su conciencia, se espabiló bastante para que su vigilancia entrase en acción. ¡Asesinado! -exclamó, echando mano a las prendas que tenía más próximas y empezando a quitarse l a ropa de noche- ¡Ese ha sido S p r i n g! ¿N o hay detalles? -P o c o s conozco hasta ahora, amigo mío- -replicó Pelabos encogiéndose de. hombros- T a n pronto como me cercioré de este lamentable suceso me apresuré, a venir a verle. Pero es un hecho; yo mismo he visto los despojos de Delardier. iHa Sido asesinado exactamente en la misma forma que Auberge con el corazón atravesado por la espalda... de una estocada certera. Esto solo basta para demostrar que los dos asesinatos son obra de la misma mano. ¿Pero dónde ha ocurrido eso? -preguntó ¡Perivale- ¿Y; cuándo? iSe continuará.
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