Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
POR J. S. FLETCHER (CONTINUACIÓN) ¿Qué ocurre? -le preguntó serenamente- Me parece que aquí está usted seguro, señor Budini, y que puede fiarse de mí. Budini tragó el brandy con ostensibles muestras de alivio. Pero la mano con que posó la copa todavía estaba temblando cuando se volvió a Perivale y dijo: -Perdóneme usted que haya venido a esta hora y en esta traza. Pero sabía que estaba usted aquí y que me hallaría seguro si lograba verle. Señor Perivale, en todo París no hay un sitio donde yo pudiera estar seguro esta noche. Créame que me asusto hasta de una sombra. -Pero... ¿por qué? -preguntó. Perivale- ¡Vamos, fume! Le sentará bien. Como le acabo de decir, conmigo está usted a salvo. Puede usted quedarse aquí hasta mañana, si le parece. Y a ve que hay aquí dos camas. Ocupe una de ellas. Pero- -prosiguió, a la vez que ofrecía a su visitante un cigarrillo- -necesito saber a qué obedece esta alarma. Dígame, ¿a qué tiene usted miedo? Budini cogió el cigarrillo y, después de haber fumado un minuto en silencio, lanzó un profundo suspiro y sacudió la cabeza. -Casi no lo sé- -respondió- Tengo miedo a que me maten, yo C A P I T U L O X. X 1II creo. A que me mate ese hombre que usted cohoce por el nombre de Spring. Durante todo el día de hoy, desde que supe lo que le pasó L a visita de media noche. a Delardier la última noche, no he cesado de dar vueltas de un lade para otro temblando por lo que pudiese ocúrrirme a cada minuto. ¿Jurante varios minutos, después que los visitantes se, habían Usted no sabe lo que pasa! marchado, permanecieron los dos detcctives en silencio, mirando ¡Ah ¡Pero necesito saberlo! -exclamó Perivale- ¡Eso es precisa- -hacia la puerta por donde habían desaparecido como sombras. Lo mente lo que hace falta! ¿Puede usted decírmelo lisa y llanamente? que les había reducido a guardar silencio era la siniestra sugestión Budini permaneció silencioso un minuto más, evidentemente code aquella última frase: ¡Déjenlo a nuestro cargo! E n el tono ordinando sus pensaniientos, y dijo de pronto: con que había sido pronunciada esta frase había. algo que. le hizo- -Empezó la noche pasada. Desde entonces, o sor lo menos desde estremercerse un poco a Perivale. Volvió la vista hacia Pelabos, y las primeras horas de esta madrugada, he vivido presa de una pesaPelabos inclinó la cabeza en señal de asentimiento. asesinato de- -Sí, amigo- -dijo- ya sé lo que está usted pensando. Que no dilla dudando si el siguiente sería yo. aMe refiero alpor qué no me Delardier, ¿comprende? Si han matado Belardier, ¿tardaremos en oír que a Spring le han cortado el cuello y a Ecks de matar a mí? Los dos poseíamos le han levantado la tapa de los sesos. ¡No sería imposible! Esos han- -i Qué secreto? -preguntó Perivale. un secreto. individuos son más hurones que nosotros. -Procuraré explicarme. Pero perdóneme si soy algo confuso. -Desde luego parece como si estuvieran dispuestos a desempeMe cuesta trabajo cosas con claridad. Bueno, la situación ñar nuestro papel, si tienen ocasión- -corroboró Perivale- O más viene a ser ésta. La ver lasúltima estaba yo en un café, adonde suelo noche bien el papel de verdugo. Pero eso no me haría gracia. acudir, cerca del bulevar de Clichy, cuando se presentó Delardier, ¿Y por qué no, amigo mío? -preguntó Pelabos. podía encontrarme, listaba muy agitado y descom- -Porque necesito llevarme a Inglaterra al asesino de Auberge que sabía dónde que había tenido una conversación con usted y con puesto. Me dijo- -contestó Perivale con un. relámpago ett los ojos y un gesto adusto Pelabos, en la que ustedes le habían dicho que Spring, el otro miemen la mandíbula- j Allí es donde se le espera! bro de nuestro Sindicato, había estado en Folkestone la noche del Pelabos se encogió de hombros. asesinato de Auberge, y que ciertos hechos, ahora puestos en claro, -A mí me gustaría, desde luego, detener a Ecks y también a indicaban que Spring se hallaba en combinación con el individuo Spring- -manifestó- Pero si esta gente los quitase de en medio a llamado Ecks para asesinar a Auberge y robarle el diamante. Si los dos, yo inclinaría mi cabeza y diría simplemente que han hecho había engañado desde bien en librar a la sociedad de dos lacras. Pero aunque son muy esto era verdad, Spring nos el dinero que teníamos luego, y Delardier y yo habíamos perdido invertido en el listos esos hombres, que acaban de quitarnos la desazón de su prediamante. Además, me. indicó dinero había sencia, no son más listos que ninguno de los dos individuos que sido confiado a Auberge con un algo sobre cierto también queechaba fin se buscamos. Todavía hay mucho campo para nosotros, amigo mío. de menos. Esto no nos preocupabaespecial y que más mínimo. Lo a nosotros lo ¡Animo, pues! Mañana se reanudará la campaña con nuevo empuje que nos preocupaba a nosotros era nuestro diamante. Y estábamos y brío. ya deseando ver a Spring. Perivale no dijo más. Tan pronto como Pelabos se marchó, él Budini hizo una pausa, sacudiendo la cabeza como si tratase de se retiró a su alcoba, y, procurando desechar de su mente todo lo algo. D i o al cigarrillo, lo tiró y ocurrido, trató de conciliar el sueño. Pero apenas se había tras- recordar otro antes unas cuantas chupadas mención del nombre de encendió de proseguir. L a sola puesto, cuando sonaron en la puerta de su habitación unos golpes Spring parecía enervarle. Por fin dijo: vacilantes y tímidos. A l instante abrió la puerta y se encontró frente sabíamos dónde al portero de noche en actitud de disculpa y de duda, quien, con un llas- -Nosotrosle encontramos. podíamos encontrar a Spring a aquehoras, y ¡Sólo pensar en él me impresiona! extraño ademán, apuntó hacia una figura sombría que se hallaba ¡Aquel aire suyo... o yo no sé lo que era... algo que no acierto a al otro extremo del corredor. definir 1 Pero le encontramos en cierto café cerca de la rué Royale, -Señor- -murmuró- aquí hay un caballero que insiste en que le puedo señalar a usted. Delardier habló con él; al principio, verle a usted. E l señor me perdonará, pero... diplomáticamente; al fin, con toda claridad. Le dijo que se había Perivale hizo un ademán de condescendencia y avanzó un paso enterado de, que él había estado en Folkestone la noche del asesinato hacia el hombre que aguardaba a distancia. Este hizo un movimiento de Auberge y le invitó a qué- contestase a una pregunta. ¿Había esinstintivo y se puso al alcance de la- luz de una bombilla eléctrica. tado efectivamente? ¿Era verdad? ¡Era Budini! ¿Y qué dijo Spring? -preguntó Perivale. ¡Dígale que pase a mi habitación! -ordenó Perivale. -Insistió en pretender le dijese Delardier el origen de su inSe retiró hacia atrás, dejando la puerta abierta, y Budini, interformación- -replicó Budini. pretando el ademán de Perivale, avanzó rápidamente y entró. In- ¿Y se lo dijo Delardier? mediatamente se volvió al detective y le dijo a media voz, tem- -Tanto insistió... que sí. blando: ¿Y le dijo que el origen había sido... -Señor Perivale, vengo a pedirle amparo... protección, con- ¡Usted! Delardier le dijo (a mí me parecía que hablaba demasejo. Tiemblo por mi vida. siado; pero Delardier llegó a excitarse mucho) que usted lo había Perivale invitó a su visitante a tomar asiento, y c e r r ó y atrancó averiguado, que usted se hallaba aquí, en París, pertrechado con la puerta. Luego le miró atentamente. Budini estaba pálido y oje- este descubrimiento y que había traído a un joven que podía idenroso; traía unos ojos como de fiera acosada; en su frente se veían tificarle como el individuo que. había parado en una fonda de Folgotas de sudor, y por debajo de su bigote negro le temblaban ios kestone aquella noche particular bajo el nombre de Winter. labios de un modo perceptible. Antes de pronunciar una palabra, el detective se dirigió a su maleta, sacó un frasco de brandy, escan (Se continuará. ció una copa y se la ofreció. 0 ¿Saben ustedes algo, han oído lo más mínimo que le relacione mientras estuvo allí con el otro individuo que se llamaba Winter? -Sí, señores- -dijo Perivale- Yo creo que era el individuo a quien se vio en conversación con VVinter en la parte de afuera de; la fonda la noche del asesinato. Por lo visto... ustedes saben algo acerca de él. ¿Quién es? ¡Otro traidor! -contestó el más viejo- ¡Un viajante de nuestra Sociedad! Ahora veo... que él y el individuo que se da unas veces el nombre de Spring, otras de Summer y otras de Winter lian estado en combinación. Ustedes conocen a ese hombre por mister Ecks. ¡No está mal! X cantidad desconocida. Bueno, ya hemos averiguado bastante esta tarde. Por ese último individuo, Ecks, no se molesten ustedes. ¿Han trabajado mucho por encontrarle? ¿Ño pueden dar con él? Pues, señores, déjenlo a nuestro cargo. Y con un semblante que le dejó la sangre helada a Perivale, se inclinó finamente y se marchó. áS
 // Cambio Nodo4-Sevilla