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A B C. JUEVES 17 DE SEPTIEMBRE DE 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 16 ANTE LA GUERRA SOCIAL L a r e v o l u c i ó n no se h a c e c o n las m a s a s s i n o c o n u n p u ñ a d o de h o m b r e s d i s p u e s t o s a t o d o h a b i t u a d o s a l a t á c t i c a de l a rebeldía y acostumbrados a herir rápidamente, duramente, los c e n t r e s v i t a l e s d e l o r ganismo del Estado. E s t a trop a de a s a l t o debe e s t a r c o m p u e s t a de e q u i p o s de o b r e r o s e s p e c i a l i z a d o s m e c á n i c o s elect r i c i s t a s telegrafistas, r a d i o t e legrafistas, a las ó r d e n e s de i n g e n i e r o s y de t é c n i c o s que conozcan el mecanismo funcion a l del E s t a d o r (P a l a b r a s de T r o t s k y r e c o g i d a s p o r M a l a p a r t e en s u l i b r o T é c n i c a d e l g o l p e de E s tado quicos conspicuos y excelentes patriotas que pueden i ¿r útiles al Estado? ¡Pobres, de nosotros si prevaleciese el principio que quiere excluir aquellos y a otros hombres de las funciones de gobierno! L o que tampoco acierto- a explicarme es que se apunte como un éxito del ministro- de la Guerra la reducción de nuestros contingentes militares. Se comprende su decapitación suprimiendo generales que habían ganado sus entorchados lejos de la pólvora y en el ambiente apacible de los Casinos; pero, ¿se nos quiere decir qué se ha conseguido con la seyera poda del Ejército, que le priva de miles de je. es y oficiales dignísimos? ¿Imposibilitar un pronunciamiento? Pero señores míos; con Ejército o sin él, si el régimen presente no devuelve a España su ritmo normal, habrá que pensar en otra N o creemos un alarde de sagacidad el decir que España es, en estos momentos, el escenario del primer ensayo de la conquista del Poder por el sindicalismo de acción directa. Todas esas huelgas, sin previo aviso ni fundamento serio ds carácter económico, no son más que tanteos destinados a conocer la resistencia de los puntos v i tales y medir con toda precisión su vulnerabilidad. Comunistas y sindicalistas operan sin haberse puesto de acuerdo para ver quién llega antes al éxito. E l plan se ve desde el extranjero con más claridad que desde ahí. Y las perspectivas del forcejeo entre el Estado y sus asaltantes no son, la verdad sea dicha, muy risueñas para los mantenedores del orden actual. N o se vea en nuestro pesimismo hostilidad al Gobierno. Indiferentes a un régimen u otro- -la declaración es personal- nos bastaría asist i r al triunfo de la República sobre los elementos de dentro y de fuera de ella que perturban el país para reconocer su superioridad. Pero nada anuncia, desgraciadamente, que eso vaya a ocurrir. Lucha el Poder público con tales obstáculos, no pocos de ellos nacidos de sus errores, que uno se pregunta con aprensión cómo. los podrá vencer o remontar, dividida su fuerza por diversas formas de la ambición y de la rivalidad. ¡Qué atrás se han quedado las ilusiones de los primeros días! Entonces todos acabamos por creer que la República había fundido eu uno todos los alientos de los enemigos del viejo régimen para restaurar las libertades de la nación. A l hacer el recuento de sus medios de combate, los panegiristas de la República no omitían ninguno de los que ahora la combaten con más ensañamiento. H a s t a el Clero está a nuestro lado decían, ufanos. ¡E l C l e r o! Aquella parte de él que cedió a la insensatez de ir solapadamente contra lo establecido va a expiar pronto. su equivocación. Ahora veremos lo que da de sí en dinero para el sostenimiento del cuito católico la fe de los que militan en nuestra santa madre la Iglesia. M e temo que los primeros triunfos van a se un poco duros para el sacerdocio, hasta que la gente se habitúe, como se ha acostumbrado en Francia, a hacer ciertos sacrificios por la Religión. ¡S i se pudiera desandar lo andado! ¿Y qué decir de los que se sentían agraviados contra la Dictadura porque les hizo pagar los impuestos que debían y votaren, por represalias, contra el Rey y la Monarquía? ¿V a lía la pena de ceder a un sórdido y ruin espíritu vindicativo para llegar a estos resultados? Decía Alejandro Lerroux, con el sentido de lo real que domina todas sus observaciones políticas, que la República es de todos los españoles. ¿Se habrán persuadido de ello a estas horas los que le vituperaban a cencerros tapados por haber pretendido conocer las opiniones de monár- No deje usted de c o m p r a r ei m a g nífico n ú m e r o de que se ha puesto a la v e n í a Numerosos, amenos e Interesantísimos originales literarios y artísticos de las más reputadas firmas, hacen de cada número de la más antigua y popular de ¡as revistas españolas un verdadero museo, por ía belleza de sus planas de arte, y un positivo regalo, por la baratura de su precio. 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A la novia la hacemos versos y la damos serenatas; pero con la mujer las expansiones poéticas ceden el paso a otro orden de homenajes y de exigencias. L a República ha pasado ya el período nubil. E s una dama de mediana posición, obligada a saber cómo se administra una casa, Los menoscabos a su autoridad 110 tienen nada de común con ciertos reparos que tenemos derecho a oponer todos los españoles. inteligentes a las innovaciones que pretenda introducir en nuestra casa. Nadie niega aquella autoridad. L o que hacemos es discutirlas cuando conviene al interés genera! Más obstáculos v a a encontrar la República entre sus adictos que entre los que, siendo indiferentes a la forma de Gobierno, preferimos aplaudir sus aciertos a adularla sin tasa, a reserva de embarazar su gestión con nuestras intemperancias o nuestras ambiciones. E l espectáculo parlamentario lo demuestra. Ninguna voz se ha ahogado en nuestro campo contra el régimen cuando ha querido restablecer, con la adecuada severidad, el orden social perturbado por los sindicalistas y los partidarios de ¡a política de Moscú. Todo lo contrario. E n la represión hemos alentado al Sr. Maura, y en lo económico hemos tenido con las vacilaciones del Sr. Prieto un respeto sin límites. Los verdaderos adversarios del régimen no están en nuestras filas, sino en la hueste parlamentaria de la República. Son los botarates de siempre, que antes fueron demagogos de pluma y ahora cultivan la estridencia verbal. Bien quisiéramos que la palabra de un José Ortega y Gasset, de un Royo Villanova, de un Ossorio y Gallardo y de un Melquíades A l v a r e z sonase más a menudo en la Cámara y tuviera resonancias en la literatura oficial; pero la plebe demagógica tiene confiscado en aquella casa el derecho de pensar. Ahora, en presencia de ciertos graves conatos de guerra social, los escandalosos hacen lo posible por paralizar la obra ele represión del Gobierno. Su actitud es vergonzosa, y está pidiendo un correctivo. J i n el Parlamento francés un M a r t y y un D o riot no se producen con aquel desenfreno, y cuando se extralimitan la Cámara y la opinión de fuera se les van encima. ¿Por qué no se hace lo mismo en M a d r i d? Personas a quienes reconocemos la doble autoridad del talento y del desinterés nos exhortan al optimismo. N o sea usted pesimista nos dicen. Bien quisiéramos no dar lugar a ese implícito reproche; ¿pero cómo ser optimista ante esta grave Crisis del sentimiento de Patria y ante este desate de furores contra todo lo que constituye la dignidad humana? ¿E n qué podríamos poner nuestra ilusión? ¿E s que la retórica del jefe del Gobierno puede ser confundida con la estrella de los Reyes Magos? Con un país que se desarticula en medio de la indiferencia general no hay modo de contar para nada sólido y durable. L a inercia de sus miembros 110 reacciona a ningún revulsivo. Y los sindicalistas, que lo saben, hacen sus tanteos, como en el jiu- jitsu, para buscarle los músculos, que, comprimidos brutalmente, reducen a la impotencia al organismo más recio. Ferrocarriles, Telégrafos, Teléfonos, Bancos, ministerios... P a r a apoderarse de todo eso bastaría m i l hombres resueltos... si no existiera la Guardia civ i. ¡y pensar que estos señores que nos mandan han estado pensando en disolverla S MANUEL BUENO París, septiembre, 193 í.
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