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DIARIO DO. ILUSTRAVI G E DIARIO D AÑO o AÑO ILUSTRAVI G E- S 1 MOSEPTIMO 10 C T S NUMERO SI M O S E P T 1 M O 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A L O TRÁGICO, JN M O RT A L Le Trait d Union II ha sido destruído por l a tempestad. D E L A NACIÓN Y LOS P A R T I D O S m i s títulos tienen una autoridad más a l t a Son los títulos del deber nacional. (De la aloctición dirigida al pueblo inglés por MacDonald. PARADOS Y D E S E M P L E A DOS Se acabó l a sopa boba. (Palabras bernación. del ministro de la Go- L a muerte de L e B r i x y de Mesmin, que priva a Francia de dos de sus mejores campeones del aire, nos recuerda que, pese a todo progreso científico, la fatalidad mantiene sus derechos. H a g a lo que quiera el hombre por derogarlos, es vencido. Siempre será así: Todo estaba previsto en el raid París- Tokio para que no se frustrase; aparato sólido, motor seguro, conocimiento de las vicisitudes atmosféricas probables: todo, menos la intervención de la fatalidad, que, a lo peor, improvisa la tragedia allí donde todo estaba calculado para excluirla. A veces, como en el descarrilamiento ferroviario del expreso Viena- Colonia, se sirve del hombre como ejecutor de sus fallos. E n otros casos, como en la tempestad del U r a l que ha derribado el Trait d Union II, enmascara sus intenciones con la aparente serenidad de los elementos. Cuando el avión partió de L e Bourget no había indicios de mal tiempo. L o trágico es, por lo visto, necesario para el equilibrio del mundo, y el destino lo distribuye con arreglo a principios que sería irrisorio considerar equitativos. ¿Debemos pensar, por el contrario, como Emerson, que el dolor está de tránsito en nuestro planeta y que las últimas etapas de la Humanidad serán de apacible bienestar? Y o me permito ponerlo en duda. Se hace muy cuesta arriba el admi- tir la persistencia de lo trágico como un estado previo e indispensable para nuestra salud. A u n admitiendo la imposibilidad de que el hombre llegue a someter y dominar a todos los enemigos, grandes y pequeños, que conspiran contra él, nuestra inteligencia se rebela contra ¡a relativa vulgaridad de lo trágico y contra el orden misterioso que parece autorizarlo. ¿Qué actitud podemos oponer a esa arbitraria organización de las cosas. U n estoicismo varonil y una decisión inalterable de reñir nuevos combates contra las m i l formas de la fatalidad que nos acechan desde el microbio que se embosca en nuestro cuerpo hasta la nube que precipita al avión en un acceso de cólera. L o prudente sería tal vez renunciar a la pero ¿qué sería del mundo si nos abstuviéramos de todo esfuerzo? Si no escuchásemos más que la voz del instinto de conservación, la vida humana pcrdcría toda dignidad. E s preciso combatir por un ideal, propio ó ajeno, para estar seguro de que se ha dado a la energía del espíritu una aplicación decente. E l nombre del ideal i m porta poco. L o interesante es alistarse bajo las banderas de una fe. Esos dos caballeros del aire (fue tantas veces fueron más fuertes que las nubes no se proponían demostrar otra cosa sino que Ja distancia entre su país y el Japón puede ser acortada. N o iban a la conquista de nada, porque ya nada queda por conquistar en la tierra. H a bastadoun estremecimiento eléctrico de la atmósfera para que su designio se malograse. L a apuesta sigue, pues, en pie entre el hombre, que lo osa todo, y la fatalidad, que pone límites a su audacia. ¡O s a r! One verbo magnífico! Todos los faros de la Historia le deben su luz... Ixirhn MANUEL BUENO. E l ministro de la Gobernación y el alcalde de Madrid van a realizar rápidamenHace quince días, comentando unas fra- te un plan de obras tan extenso como neses de la Prensa extranjera acerca de la cesario, que asegure el trabajo y acabe con actitud política de MacDonald, puse de re- el socorro a los obreros parados, que nunca salto la incompatibilidad existente entre los puede ser un medio de vida y llegaría a esGobiernos de partido y el interés nacional. tablecer una carga de difícil consonancia en M i comentario podía parecer, por mío, o una República de trabajadores. falto de autoridad o apasionado. Y a no cabe A lo que aquí llamamos obreros parados achacarle ni una ni otra imperfección. Mac- en Inglaterra los ¡laman descmpleados, y Donald mismo ha confirmado mi juicio. aunque parece lo mismo es posible que no A su país acaba de dirigir una larga y sea igual. Tiene otra ética. Dcsemplcado curiosa alocución. E n eila excusa su nueva es el que de momento, ocasionalmente, no actitud primero, y la justifica después. Re- tiene empleo, pero quiere tenerlo. Parado, conoce que sus títulos propios, los que quietud, falta de movimiento y acción para emanan de su condición de hombre de par- el trabajo puede ser por hábito menos que tido, no le autorizaban a adoptarla; pero desempleado. Y así parece de la queja de ¡asdeclara a continuación que otros más altos mismas autoridades que, en bajo el título de la abonan. parado, no aciertan a distinguir el obrero sin Y así, quedan para siempre deslindados trabajo y el que se acoge a la confusión los campos por quien personalmente los re- sin buscar trabajo. corrió a lo largo y a lo ancho y cuidadosaRecientemente, MacDonald ha dirigido mente examinó su naturaleza y circunstan- una alocución al pueblo de Inglaterra excias. Y así, a nuestro alcance se halla una plicando la situación económica y la made las más interesantes lscciones de Dere- nera de remediarla. Nada de discursos acucho político que el siglo presente nos tuvie- sadores y alarmistas. -El peligro- y la actitud ra reservadas. Quien fué pecador, y vivió resuelta para conjurarle. E n tales circunsdel pecado, nos dice hoy lo que es el pe- tancias- -dice- -huelga perder el tiempo discado político que causó la condenación de cutiendo sobre teorías bancarias o indagantantos gobernantes y el tormento de tantos do las causas del fenómeno. E s preciso d i pueblos. ¿Será su predicación estéril? sipar la nube que nos amenaza, y disiparlaPongamos lo que en nuestra mano esté sin demora. Se requiere una acción decipara que no lo sea. Consiste en la observa- siva, rápida y efectiva, y eso es lo que nos ción que sugiere el texto del mensaje, moti- proponemos aportar. Estas son sus palavo de esta glosa. Según MacDonald, por bras. Y luego, en las soluciones, atiende a encima de los títulos que pueda ostentar la economía, de la que no es partidario, pero un gobernante, se ciernen otros que ni son será preciso cortar el traje de acuerdo con propios ni le han sido conferidos por sus el paño Transitoriamente, mientras proconnacionales. Dos mitos han perdido la vida cura conseguir más paño A este sacrificon esas sencillas palabras: el de la opinión cio añade e l- d e aumentar los ingresos, y para personal y el del partido político que la com- ello no repara en clases y llega hasta reparte. Contrariamente a lo que se procla- ducir los beneficios del desempleo. Y sin maba, ni la opinión n i el partido poseen vir- tocar la parte correspondiente a los niños, tud dé consagración de gobernantes. E l óleo señala la conveniencia, para el reajuste nacon que han de ser ungidos se guarda en cional, de reducir en un 10 por 100 esos más altos tabernáculos. beneficios. Y les hace una cuenta casera. Y n i aun siquiera mana de un derecho. Dice que durante los dos últimos años el L a augusta denominación- -ya casi olvida- costo de ¡a vida se redujo en un 11 y medio da- -vuelve al léxico político. L o s títulos ele por 100, de manera que aun con la reducción los gobernantes derivan del deber. E l vie- queda un margen de un 1 y medio por roo de jo apotegma, piedra angular de la doctrina ventaja Sobre 1929- Considera injusto y falto elaborada por los filósofos y teólogos cató- de equidad que no contribuyan todos, i n licos, relumbra en su divina eternidad. Reg- cluso los desempleados, a salvar a Inglatemivi non est propter rer em, sed rex propter rra. Porque es el hombre- -argumenta- -regnum -rezaba aquéí- N o en un dere- que participa en menores proporciones de cho, sino en un deber- -dice hoy M a c D o- los ingresos del Estado el que primero y nald- -está el origen de los títulos del go- más hondamente sufriría las consecuencias bernante. si se extinguieran esas fuentes o si los pocos Y la equivalencia 110 puede ser más no- chelines que se le ofrecen perdieran su vatoria. Porque el reinar no se asienta en un lor. E n v i s t a de las circunstancias, estoy derecho personal, no es el reino para el seguro de que los que reciben esos benefirey, sino el rey para el reino. Porque el cios se hallarán dispuestos a someterse al gobernar no es derecho de los partidos, tie- tratamiento que habrá de darse a todos por ne sus raices en el deber nacional. Que no igual. Feliz el Gobierno que puede hablar así a lo entiendan así los triunfadores de las lides políticas no es extraño, porque la adversi- un pueblo y feliz el pueblo que acude al lladad es la que agudiza la visión. ¡Pero qué mamiento ricos y pobres, empleados y sin contraste entre las palabras de MacDonald empleo, con la conciencia pronta a respony las de los que dicen: L a Lcpiiblica es der a todos los deberes y a todas las necesidades de nosotros... G. C O R R O C H A N O yicTOR PRADERA
 // Cambio Nodo4-Sevilla