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g B C. M A R T E S 22 D E S E P T I E M B R E D E i 93 í EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 22 V desoyese mi demanda, daría razón suprema a la conciencia pública para recusarle como juez, v para creer en la voluntad de la obra cuya justificación tanto se estorba, y a nosotros para l a rebeldía con que se nos conmina. Lisboa 19 de septiembre de 1931. -José Calvo Sótelo. U N E S C R I T O D E L DIP U T A D O Y EX MINISTRO SEÑOR C A L V O SOTELO A LAS CORTES CONSTITUYENTES Pide acceso libre, con garantía, al Parlamento para la defensa de su gestión -E l ex ministro de Hacienda, y actual d i putado a Cortes por Orense, ha dirigido a las Cortes Constituyentes el siguiente escrito: A las Cortes Constituyentes: Usando del derecho de petición con doble título- -como ciudadano y como diputado- -acudo a las Cortes Constituyentes en súplica de plenas garantías para el ejercicio de mis prerrogativas parlamentarias. P o r voluntad expresa de 28.000 electores, según las actas, y de muchos, más en realidad, ostento investidura legislativa, que se me otorgó con doble fin: la defensa de ciertos principios jurídicos y sociales, en que ellos y yo coincidimos y la reivindicación de una obra de Gobierno que ellos, como yo, juzgan recta y plausible. E n el Parlamento constituyo una expresión auténtica y superlativamente minoritaria. Los Gobiernos predictatoriales y los Gobiernos postdictatoriales tienen en l a Cámara representantes prestigiosos, algunos con cargo preeminente en el provisional de la República. E l dictatorial sólo me tiene a mí. S i se me priva de voz y escaño, nadie podrá responder cuando se censure la gestión que Primo de R i v e r a dirigió, pues descuento, desde, luego, la negativa de los d i putados que en ella participaron por vía consultiva o delegada, que son más de uno y no del montón. Y a sé que a los presuntos responsables no nos faltará jamás el socorro profesional de ilustres compañeros en el trámite de defensa que ellos habrán de evacuar con singular diligencia, y aprovecho la ocasión para agradecer al Sr. G i l Robles su benemérita mediación en mi caso personal. Pero ese amparo, exclusivamente procesal y externo, responde a otro fin y llena otra misión. E l derecho a ser oído y defendido ante el tribunal que me encause lo tengo sin necesidad de ser diputado, n i casi ciudadano; simplemente como hombre. Pero no podré defender la técnica de nuestra obra de Gobierno y ni tan sólo para rechazar la figura de delito en que caprichosamente se me quiera incluir. Como diputado constituyente ostento una condición que sólo debo al pueblo y que sólo el pueblo- -superior a las Cortes mismas- -me puede arrebatar, mientras no se me impute, pruebe y castigue MÍ delito común. Si por delincuencia política pudiesen las mayorías parlamentarias acusar y condenar a un diputado minoritario, y preventiva o definitivamente privarle de inmunidad y fuero, habría concluido el sistema. E l derecho de los diputados al respeto de la colectividad crece, en proporción a su alejamiento doctrinal o político de ella. Así lo entendieron los parlamentarios monárquicos españoles, que alguna vez cancelaron condenas políticas en pleitesía al sufragio. Así lo entienden los Parlamentos todos del mundo. ¡Qué dirán si saben- -y han de saberlo si el caso se produce- -que el ex m i nistro del Gobierno Primo de Rivera, que obtuvo acta en las Cortes Constituyentes, no pudo actuar en ellas porque, a pretexto de responsabilidades, se le encarceló! Mí defensa no puede constreñirse ni a una sesión ni a mi tema. F u i ministro durante cuatro años- y es de tal volumen la labor- -buena 9 mala- -en que puse mi vo- luntad y derroché mis entusiasmos, que la alusión impugnatoria, cuando no mortificante, florece en unos y otros bancos, y uno y otro día. Los tópicos corrientes l a dictadura inmoral y analfabeta los que arruinaron a la Hacienda las- alegres francachelas dictatoriales etc. están a la orden del días en la polémica parlamentaria. Y o quiero rectificarlos, contradecirlos modestamente, de buena fe, con serenidad, sin jactancia alguna. P a r a ello logré la investidura. ¿Por qué se me ha de impedir? ¿P o r qué otros presuntos responsables están en la cárcel? L a iniquidad no consiente interpretaciones extensivas, y es inicuo que a la- hora misma en que el Parlamento vota y sanciona la ley de prisión atenuada, y gozan de libertad Durruti, asaltante del Banco de Gijón, y Casanella, asesino de Dato, permanezcan recluidos unos generales ancianos y honorables, que con tanto sacrificio como humildad colaboraron en la jornada gloriosa de Alhucemas. ¿P o r qué de otro modo eludiría la sanción que se me imponga? ¡A h n o! No- es eso. Porque sin esta garantía yo no regreso a España; pero con ella, esto es, con la seguridad plena y rotunda de que por causa, de responsabilidades no me veré mediatizado en el ejercicio del mandato legislativo, yo retorno a la Patria y acato el procesamiento, primero, y el fallo más tarde. S i de verdad se quiere discutir l a obra que tanto se difama, déseme paso al Parlamento; más que por mí, por los millares de electores que en mí depositaron su confianza. P a r a quienes después de escucharme uno y otro día se mantengan en posición hostil, máximo respeto. Los que rechacen el diálogo quedarán juzgados ante mi conciencia y la del país; nada soy, nada valgo. Por ello mismo es más de extrañar la resistencia que se opone al criterio públicamente expuesto por el Sr. Besteiro, a quien me complazco en rendir homenaje de perdurable gratitud. ¿Será acaso una advertencia providencial de lo que puede esperarse en tan irregular procedimiento? Ciertamente, el caso es para meditarlo. Cualquier delincuente, el más repulsivo, el más abyecto, puede ampararse en 200 ó 300 artículos de la ley de E n juiciamiento Criminal. P a r a nosotros apenas rige la cuarta parte, y entré los que se nos niegan figura el relativo a recusaciones, con lo que es posible que actúen. como jueces- -hecho monstruoso, que la Historia juzgará- -los hombres que, sistemáticamente, se consagraron a deshonrarnos. Pues, a pesar de éstos, y del consejo contrario, casi unánime, de millares de amigos y de la paz moral, que me brinda el extranjero, y del ambiente pasional en que se desenvuelve; el Parlamento, estoy dispuesto a retornar a la Patria, y a poner en manos tan discutibles todo, menos la libertad, que no es mía, sino de mis electores, a quienes debo servir usándola. Ruego a mis compañeros de investidura que consideren la gravedad del precedente que pueden establecer. U n acta de constituyente tiene rango superior al de un acta de Cortes ordinarias. S i l a mía se anula de facto se repetirá el experimento ahora o mañana, siempre que convenga a las mayorías aplastar la voz aislada de la oposición. Y personalizo este ruego, de modo especial, en D. Indalecio Prieto, porque r i ma armónicamente con la invocación a toda, clase de colaboraciones, que, hizo ante la Cámara el día 15 y con el repudio de las fobias qué dos días antes fulminara en B i l bao y porque sí. como ministro de Hacienda conoce mejor que nadie mi obra, nadie más indicado que él, sobre todo si ha de ser fiscal para exigir que la crítica se purifique con el diálogo. S i el Parlamento, ardiendo prejuicios, TRABA OS DE LA MISIÓN DE SABILIDADES CO- RESPON- Sobre el suplicatorio del señor Calvo Sotelo H o y se reunirá el pleno de la Comisión de Responsabilidades para acordar la contestación al comunicado del presidente de la Cámara, Sr. Besteiro, sobre l a situación del Sr. Calvo Sotelo, en su calidad de diputado a Cortes Constituyentes. Según manifestaciones de uno de los miembros de la Comisión, el suplicatorio a la Cámara se basa exclusivamente en la circunstancia de haber sido el Sr. Calvo Sotelo ministro de un Gobierno ilegal, pero sin que la Comisión haya entrado todavía en el estudio de ningún delito dimanante de la g -tión del referido señor, como m i nistro de Hacienda. E n consecuencia, nuestro comunicante entendía que no había por qué establecer d i ferencias entre el procedimiento seguido contra todos los que fueron ministros de la Dictadura y el Sr. Calvo Sotelo. Los declarantes de hoy Están citados en el día de hoy para declarar ante la subcomisión que entiende en el golpe de Estado el general Aizpuru, a las once de la mañana, y, ante la de Jaca, los ex ministros Sres. Sangro, -Estrada y almirante Carvia. También está citado para hoy el capitán Sr. Salinas. Desmintiendo unos rumores U n o de los miembros de la Comisión de Responsabilidades puso ayer tarde un especial empeño en. desmentir los rumores circulados estos días sobre detenciones y proce- dimientos contra determinadas personas, derivados del examen de los documentos contenidos en el archivo del general Primo de Rivera. E l aludido vocal de la Comisión tuvo l a atención de enseñarnos, las cajas que contienen la documentación del general P r i m o de Rivera, las que permanecen cerradas, así como legajos y paquetes de documentos, que se encuentran atados y lacrados. E l referido miembro de la Comisión de Responsabilidades nos manifestó que aún rio había sido entregada a la Comisión las llaves de las cajas, esperando que lo hiciera hoy el hijo del general Primo de Rivera, don José Antonio. Además, la subcomisión que entiende en el golpe de Estado ha requerido la presencia de dos archiveros bibliotecarios para que, independientemente de los vocales de dicha subcomisión, efectúen una escrupulosa selección de documentos, pues aquéllos que pertenezcan a la intimidad del difunto general Primo de Rivera, o sean simplemente de índole particular, l a subcomisión no los examinará, por razones de obligada delicadeza. Asimismo nos aseguró que también se fantaseaba sobre la declaración del general Sanjurjo, añadiendo que todo se hará público en su día, puesto que ellos 110 son otra cosa que mandatarios del pueblo, y es a éste a quien corresponde conocer sobre e l detalle de todo lo actuado.
 // Cambio Nodo4-Sevilla