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POR J. S. FLETCHEÜ (CONTINUACIÓN) de interrogación. Pero el otro, que estaba liando calmosamente u i cigarrillo, se limitó a inclinar l a cabeza con indolencia y repitió l a última palabra: ¡S í muerto! Hablando en plata... ¡e j e c u t a d o! Perivale sintió de pronto que la boca se le ponía extrañamente seca. T r a g ó saliva una o dos veces. Volvió l a vista a su café y alargó l a mano hacia la taza. Pero vio que sus dedos temblaban y que el café se agitaba en la taza al acercarlo a los labios. ¡C a r a y! -e x c l a m ó- N o q u e r r á usted decir que... -Quiero decir que ese individuo era un traidor y que después de haber sido debidamente juzgado se le condenó a l a muerte de los traidores, señor Perivale. A los pocos minutos se le había disparado una bala en el corazón... y a estas horas y a está enterrado en seguro. Perivale volvió a quedar silencioso. Experimentaba l a sensación del hombre que de pronto se ve frente a una fuerza secreta que actúa en las tinieblas. Su compañero adivinó los sentimientos del detective, e inclinándose afectuosamente dijo: -U s t e d me ha mandado a llamar, ¿n o es eso? -dijo tranquila- -Usted no lo comprende, claro es. Usted, por su cargo oficial, mente según se acercaba- ¡P u e s aquí estoy! ¡por su ideología rutinaria, aplicaría a lo que acabo de decirle una E l otro hizo una inclinación cortés. palabra horrenda: ¡a s e s i n a t o! Pero no... no es n i siquiera un asesinato judicial. E s justicia. Ese hombre era un tigre humano; -i M i l perdones por venir a importunarle a estas horas, sem u r i ó rojo de sangre. ñor! -contestó- Pero tengo l a seguridad de que usted ha de perdonarme si le digo que es m i deseo, y el deseo de los que yo- ¿Y no tiene algo m á s que decirme? -manifestó Perivale. represento, de poner a usted en posesión de ciertos informes. I n- -Sí; voy a seguir contando. Una vez convencidos, después de sisto en l a palabra usted, señor Perivale. L o que quiero decirle es la conversación que tuvimos m i compañero y yo con Pelabos y para su uso particular, para que lo sepa usted solamente, no para usted, de que Spring era traidor y espía, y probablemente culpable que lo sepa Pelabos. Se lo quiero decir a usted como representante del asesinato de Auberge y ladrón del dinero y del diamante que de la Policía inglesa. Usted es un hombre serio y respetará m i desaparecieron en Folkestone, como también del asesinato posteconfidencia, ¿n o es a s í? Pues bien, s e ñ o r nosotros sabemos (como rior de Delardier aquí en P a r í s pusimos todos los recursos de sabemos todo lo que tiene relación con nuestros asuntos) nosotros nuestra Sociedad en acción para dar con el individuo llamado sabemos que usted tiene noticia de cierto suceso que ha ocurrido Ecks, de quien sospechábamos que era cómplice de Spring. E n hace algunas horas en el café de l a Loup Gris. Y claro es que esto... usted deseará saber lo que ocurrió después con el individuo que- ¡P e r d ó n! -i n t e r r u m p i ó Perivale- ¡U n a pregunta! Y a sabe fué capturado... usted, me figuro, que Ecks fué asesinado cerca de l a Prefectura- S i me gustaría saberlo! -replicó Perivale- ¿M e lo va hace unas veinticuatro horas. usted a decir? -L o sabemos todo, desde luego. N o hay nada relacionado con- -He venido para decírselo todo... en l a m á s estricta confideneste asunto que nosotros no sepamos, señor Perivale. cia y reserva. Véngase conmigo un poco en esta dirección. A q u í- -Bueno. ¿quién asesinó a E c k s? -p r e g u n t ó Perivale de cerca hay un café donde podemos hablar; es un sitio seguro. pronto. Claro que todos los sitios son seguros... Allí cumpliré con m i- ¡S p r i n g! Porque descubrió que E c k s estaba a punto de quimisión de contárselo todo, y luego... ya se puede usted volver a tarle de en medio. E c k s se había asustado y estaba decidido a Inglaterra satisfecho. salvar su piel confesándose a las autoridades. ¡O h si, Spring! E n esta última palabra había un tono tan e x t r a ñ o de cosa con- -S i g a usted- -dijo Perivale. cluida, que hizo experimentar a Perivale una vez m á s l a rara sen- -C o n mucho gusto... pero a partir de cierto punto para no sación de un helado escalofrío que había y a sentido otra vez en ser molesto- -respondió el otro- N o voy a fatigarle con l a hiscompañía de aquel hombre. Pero no hizo observación alguna y toria de nuestras gestiones. Baste decir que a eso de las ocho de l a noche pasada averiguamos dónde podíamos encontra a Spring, siguió a su compañero a lo largo de la calle hasta entrar en un en el café de la Loup Gris, hábilmente disfrazado como un anciano café donde había a ú n muchos clientes. Su guia buscó un rincón venerable. P a r a esas cosas era Spring un maestro consumado. tranquilo y pidió café a un camarero algo adormilado. Hasta que Pues bien, tomamos nuestras precauciones, y a las nueve en punto no se quedaron a solas no volvió a pronunciar palabra. Entonces un grupo de socios nuestros se presentó en el café de la Loup se volvió al detective con una sonrisa significativa y d i j o Gris, echó mano a Spring y lo llevó a un sitio retirado que toda- -S e ñ o r Perivale, por lo que yo he visto en usted no es usted l a Policía de P a r í s no sería capaz de descubrir... ni tampoco nintorpe y es usted capaz de dar ciento y raya a cualquiera. g ú n agente del Scotland Y a r d señor Perivale. Inmediatamente- ¡T a l vez! -contestó Perivale- ¿Yi q u é quiere usted decir compareció ante nuestro tribunal. L e fué arrancado el disfraz, con eso? que por cierto era muy ingenioso, hasta en lo de la joroba, y se le- -Oue usted adivinó que el viejo venerable a l que se echó mano dejó, no desnudo, desde luego, pero sí en su verdadera forma de esta noche en el café de la Loup G r i s era el individuo a quien Spring, o Winter, o Summer, o como quiera que sea su verdadero usted conocía por Spring, alias W ínter. nombre, misterio que no sabremos nunca. Después de sometido a- -Para ser sincero, l o adiviné. una acusación formal se le advirtió que nada podría salvarle sino- -Y adivinó usted bien, señor. Y sin duda adivinó usted adeel descubrimiento pleno de la verdad. T e n í a que decirlo todo. más que las personas que detuvieron a Spring y lograron llevárPero, amigo mío, empezó por una mentira, por una v i l mentira. selo eran miembros de l a Sociedad que yo represento. ¿C u á l? -p r e g u n t ó Perivale con ansiedad. -T a m b i é n lo a d i v i n é pero no creo que hubiese mucho que- -E m p e z ó por decir que lo había hecho todo en interés de l a adivinar en ese punto. Estaba cierto de ello. T a n cierto como lo Sociedad. E n eso cometió un gran error, porque antes de que huestoy ahora de otra cosa. biéramos puesto las manos sobre él ya sabíamos que era culpable. ¿D e q u é cosa, señor Perivale? f H a b í a m o s recogido pruebas, nadie imaginaría cómo, de que si no le capturábanlos antes de l a m a ñ a n a de hoy se pondría a salvo- ¡H o m b r e de que han puesto ustedes a Spring a buen refuera de P a r í s L o único que nos importaba ya era conocer sus caudo! i De eso nada m á s! hazañas, y él las expuso libremente, cohonestándolas mucho, conE l otro sonrió enigmáticamente. vencido de que llegaría a justificarse ante nosotros, porque era, ¡Desde luego Spring está a buen recaudó, pero no bajo nuescomo todos los criminales, un hombre de gran vanidad y orgullo. tra custodia! L e contaré a usted l a historia, Se inclinó m á s de cerca a l lado de Perivale y, bajando la voz, -E s o es lo único que deseo- -dijo Perivale, todavía m á s i n t r i dijo entre dientes: gado- S i con eso se pusieran en claro ciertas cosas... -Señor, he venido a decirle la verdad. N o se moleste en bus; ar m á s a Spring. ¡Spring está muerto! (Concluiré. Perivale dio un bote a pesar de su determinación de permanecer frío, y envolvió a su compañero en una penetrante mirada Perivale le despidió cori una inclinación de cabeza, volvió a entrar en la habitación, y, antes de desplegar el sobre, cuya solapa estaba precintada con una oblea, miró a l reloj. ¡Las doce y media de l a noche! ¡Una hora muy e x t r a ñ a para recibir u n recado l Pero... ¿q u é era aquello? E n pie, a l alcance de l a bombilla eléctrica, r a s g ó el sobre y leyó una línea escrita a lápiz con evidente apresuramiento: S e ñ o r Perivale, le espero fuera del hotel, en la esquina de la izquierda. Perivale no gastó m á s tiempo en vacilaciones. R a s g ó el arrugado papel en pequeños fragmentos, se metió el revólver en el bolsillo de l a cadera, abandonó el aposento, bajó corriendo l a escalera, salió a l a calle y dobló hacia l a izquierda. Allí, en l a esquina indicada, vio al hombre que le estaba esperando, y avanzando r á pidamente hacia él le reconoció en seguida como el m á s viejo de los dos miembros de la Sociedad secreta que habían estado hablando con él y con Pelabos, y vio también que su visitante estaba solo.
 // Cambio Nodo4-Sevilla