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derón, siendo éstos sus últimos trabajos l i terarios. Retirado en E l Escorial, y cuando se disponía a reanudar sus tareas universitarias, le sorprendió la muerte, dejando tras ele sí una madre anciana y. ciega, una viuda joven y atribulada, una- honrada pobreza y sus obras inmortales como hijas de una cultivada y poderosa inteligencia, El hombre Revilla fué hijo único y, por ello, mimado con exceso por sus padres, criado cual flor de estufa, con tan pernicioso esmero, que él mismo dijo en una ocasión que se lavó por vez primera con agua fría después de casado. E r a hombre impresionable y apasionado, respirando el ambiente venenoso de su época. L a novedad por aquel tiempo de la doctrina krausista, introducida por Sauz del R í o le captó, pero sin lograr que- el tecnicismo filosófico marchitase la limpia, clara y rica habla española, que tan preeminente lugar le había de conceder m á s tarde como crítico literario y orador. Menéndcz- Pclayo dijo de Revilla que era una inteligencia poderosa envenenada por l a filosofía krausiana. E l ilustre escritor fué injustamente juzgado en muchos aspectos de su vida, por no ser conocido plenamente. Su espíritu parecía frivolo y ligero. De aquí dimana lo que ha dado en llamarse frialdad de su alma, que era sólo aparente, pues poseía ricos veneros de bondad. Y o he necesitado, después de la muerte de mi buen padre, un hermano decía en cierta ocasión, con lágrimas en los ojos. A un hombre que manifiesta estos sentimientos no se le puede tachar de insensible. Tratado de cerca en la intimidad, era afable, cariñoso. U n a conversación vulgar la convertía en atractivo diálogo. Sus biógra- Casa en El Escorial, donde murió Revilla. (Foto Oucsada ios dicen que, exceptuando a Valera, no se conocía trato m á s instructivo y ameno que el de Revilla. A juicio de González Serrano, con m á s conocimiento del mundo y mayor experiencia de la vida, Rcvilla hubiera igualado y superado, al menos por su cultura, a Larra. E r a hombre sincero, que no poseía orgullo ni vanidad. E n cierta ocasión se vio obligado a sostener una polémica con Menéndez Pelayo, y al terminar dijo a sus í n t i m o s -Este neo me ha dado una tremenda paliza. T e n í a una palabra brillantísima, era un polemista formidable, revistiendo su oratoria gran variedad de matices. E l Ateneo fué el campo de sus m á s legítimos triunfos, dándole nombre y reputación. L a oratoria de Revilla hubiera brillado aún más en el Parlamento. T a m b i é n se tuvo un concepto de Revilla equivocado en el terreno ideológico, pasando como un ardiente revolucionario, no siéndolo, y menos en las letras; antes bien, tenía en el fondo, a juicio de Cánovas, mucho de conservador. E n una ocasión dijo: 0 tengo la desgracia o la fortuna de estar siempre fuera de todos los extremos; y digo que es gran desgracia porque el que en tal situación se encuentra siempre está recibiendo descargas por derecha y por i z quierda; si no estoy conforme con la conservaduría literaria y artística, menos lo estoy con la demagogia que se levanta. N o está fuera de lugar la siguiente anécdota de! insigne escritor. Se reunían en la librería de M u r i l l o varios literatos y artistas que cierta tarde contemplaban con admiración un magnífico grabado que representaba a las turbas pidiendo a Pilatos l a libertad de B a r r a b á s y la muerte de Cristo. -i Q u é le parece a usted? -preguntaron a Revilla, que acababa de entrar. E l gran crítico no contestó; pero, sacando el l á p i z e s i al pie del grabado: Consecuencia natural del sufragio universal Tenía Revilla estrecha amistad con el gran novelista Alarcón, y con motivo de tener un hijo enfermo el ilustre autor de La Alpujarra, fué a v i v i r al Escorial. Allí empezó a escribir su popular novela El escándalo. P o r las tardes el insigne escritor y el gran crítico iban de paseo al C a sino del Infante, llamado vulgarmente Casita de arriba, y en aquel precioso jardín, Uno de los últimos retratos de Manuel de la Revilla.
 // Cambio Nodo4-Sevilla