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A B C M A R T E S 29 D E S E P T I E M B R E D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA, P A G iS aeri sometidas, y del que no debieron salir. Pues algunas Comisiones, creyendo, sin duda de buena fe, que interpretan el decreto sobre siembra forzosa, pretenden que esos terrenos se pongan de nuevo en cultivo y se siembren. N o señores, n o reprímanse un poco y lean bien l a disposición del Gobierno, que está muy clara. Se refiere a siembra en el estado actual de explotación, y sin meterse para nada en modificaciones a ese estado, aun cuando con ellas se lograsen mejoras. L a idea del legislador es que no dejen de sembrarse tierras que- estén en plait de ser sembradas, pero no otras. S i hay fincas abandonadas a todo cultivo, siendo susceptibles de un mejor aprovechamiento, ya se verán por el personal técnico, en su día, y se hará lo que se ordene que se haga, por quien puede hacerlo. Pero, hoy por hoy, las Comisiones municipales no están autorizadas, n i capacitadas lo estarán nunca, para meterse en esos dibujos, que requieren una atención exquisita y gran competencia. S i unas tierras en tiempos pretéritos estuvieron cultivadas y hoy no lo están, habrá que averiguar la causa, y todo se pondrá en orden. CARLOS M O R A L E S Ingeniero ye la simiente, aprovecha los instantes; d i ríase que clava el rumbo del sol, como hizo Josué, y más que cosechero es padre de f r u tos; más que dominador, cálido esposo en las nupcias del nervio y l a surcada mielga. E l espíritu de 3o justo pide que ese arrendatario perdure; su continuación será un bien; pero no entraña civil ejecutoria, título bastante para que la simple locación se transforme, contra la voluntad del hacendado, en futuro dominio; pues las novedades aquí referidas no traen su origen de l a abulia del terrateniente locador, sino de la fatalidad que le impulsa a dimitir, en manos enemigas, el régimen de lo suyo. S i al fin se ordena l a expropiación de las fincas dadas en arrendamiento... ¿cómo y adonde irán los propietarios con la balumba de la indemnización a cuestas... Y a los reclama, desde ahora, l a urbe policroma. E m pezará en los villorrios el éxodo de los que usan ropa señoril. Las levitas de pueblo son el compás, el fiel de la báscula... son cintura y techumbre del aprisco; pléyade quieta, sólida, en el confín. H u y e del emporio, ama el reducto, no compite, no estorba, hurta el riesgo de apoplejía urbana. E l quietismo de los campos torna viable la promiscuidad de la metrópoli... Merced al influjo de una discutible corriente ideológica se apagará en el cénit campesino l a lumbre solariega, foco de centurias. ¿A quién vestiremos en el villorrio mañana con jirones de levita... JÓSE M. M A R T Í N E Z Y R A M Ó N ANTEQUERA agrónomo. DEL DEFENSA ARRIENDO- L o s sociólogos (último figurín) dogmatizan excomulgando a la clase arrendadora. ¿N o columbra el areópago infalible que, para muchos poseedores, el arrendamiento es la única solución... M a l vivirían sin él los terratenientes incapaces de proseguir la vigilancia directa en l a campiña: el viejo, el valetudinario, la v i u d e z n i tampoco los que al seno de una localidad se ciñen, porque lo impone así el buen ejercicio de su alta misión: los eclesiásticos, el alcalde, el juez, los médicos y farmacéuticos, etc. A g r e gúense todavía un sinfín de mártires, ignorados por los reformadores campesinos... en la ivrbe y en el papel... los dueños que soportan l a forzada inacción como el grillete de un ergástulo; no por ineptitud privativa, sino por la semihuelga de brazos semicaídos y por la exorbitancia de los jornales. Sobre todo, el cultivo, cereal es i m posible hoy para el propietario; la liquidación de las recolecciones, en absoluto nula, si el déficit no sobreviene, circunstancia frecuentísima. Trátase del cereal obtenido en las más pingües haciendas, en el ruedo de las poblaciones, cultivado con intensidad. N o se trabaja lo menester, porque ya Hércules no sobrevive fuera de los circos: o se perdió l a fuente v i r i l o se han agotado los manantiales de la virtud, de la pletórica voluntad, a un tiemop broncínea y subordinada. Creed lo último, y a que los apóstoles del Club y del. arroyo no predican más que un evangelio invertido: fraude en el trabajo, ansia de placeres y rencor al capital. ¿Consecuencias... N i el mulo, n i el hombre que le dirige cumplen su obra; escatiman los braceros reloj y bríos; el almocafre parece batuta en marcha fúnebre, l a siega es de oro... con decir l a mies, supone un pico... o una piqueta de arruinar paganos... y hoy l a cebada, que está zorolla; y luego el aire, que no se mueve, y después el aire, que se agita, mientras los ereros, tumbados, le disfrutan, sin acudir al pes... ¡Y a lo aventarán... cuando el Oeste se fugue... o surja el patrono, hecho una plétora de hastío, uña cruz de resignación o un cráter de iras... V e d ya el déficit y el arrendamiento como indiscutible fórmula para no caer el propietario, de bruces, en la miseria. Entonces todo cambia; el egoísmo impele, de súbito, l a voluntad adormecida; el trabajador lento de ahora es mañana el activo arrendatario. Conoce cada paraje y la manera de hacerle fecundo; busca l a oportunidad de un día y- otro. día; certero distribu- E L PARO FORZOSO E N E L C A M P O Y. L A REFORMA AGRARIA L a agricultura es una industria de trabajo discontinuo, porque al no cultivarse bajo techado está sujeta a las lluvias y demás contingencias atmosféricas. E n el cultivo áe secano, predominante en nuestro país, la discontinuidad del trabajo es mayor, y se tiene l a tendencia natural y lógica de reducirlo a épocas de corta duración y gran intensidad. E l labpreo de barbechos ha sido el regulador del trabajo en l a explotación. Se ha mantenido l a posibilidad de ofrecer jornal diario a los obreros, a base de que el salario fuera reducido y su aplicación se diluyera en unas labores que en g r a n parte se realizan fuera. del momento de mayor oportunidad, ya que esta oportunidad está sometida a estados de tempero de las tierras, que suelen ser de corta duración. E r a necesario dar un jornal diario a los hombres, porque todos los días tenían que comer; era preciso dar faena al mayor número posible de días a los animales de labor, porque todos los días comían; estas dos exigencias obligaban a repartir en muchos días los trabajos que técnicamente convenía hacerlos en pocos. L a recolección sirvió de regulador- económico para el obrero. L a necesidad de abundante mano de obra en las faenas de recolección, y l a conveniencia de imprimir a esas faenas l a mayor celeridad posible, producían aumentos en los salarios y en las ganancias de los obreros, que compensaban la menor cuantía del jornal ordinario. Con todo esto, el obrero agrícola no estaba equiparado en ganancias al obrero i n dustrial. Quizá el empresario agrícola- -especialmente en los últimos años- -pagase la hora de trabajo productivo a más precio que el patrono industrial; pero el jornal era más bajo, porque se pagaban muchos días de paro. L a introducción de l a maquinaria agrícola- -que siempre responde a razones- de- con- veniencia económica y no a las de perfeccionamiento técnico, como cree mucha gente alejada del campo- -perturbó la relativa armonía del plan regulador que he indicado. Se extendió pronto el empleo de segadoras y trilladoras, que suplían jornales caros y podían rendir utilidad; pero al entrar y multiplicarse fueron destruyendo el efecto; regulador de l a recolección para l a economía del obrero; las segadoras, las trilladoras, las cosechadoras han reducido las necesidades de mano de obra, y han hecho que, como entre labradores se dice, los veranos sean más cortos esto es, que se reduzca la duración de las faenas recolectoras, con lo que consecuentemente se aminora el conjunto de las ganancias compensadoras para los obreros. Los campesinos reivindican ahora su derecho a equipararse con los obreros industriales en las ganancias. Ello es justo. Pero este cultivo no necesita de la continuidad del trabajo y no puede soportar, por sus l i mitadas ganancias, l a carga cuantiosa de loa jornales en las épocas de paro. L a aplicación del tractor mecánico al l a boreo de la tierra resuelve el problema que provocaba el sostenimiento continuo de las yuntas. L o s tractores no comen mientras no trabajan; su empleo n i resulta barato n i está exento de dificultades, pero es obligado frente a una. carestía de los jornales de gañanes. E l tractor salvará esa dificultad; pero aumentará el paro al hacer innecesaria mucha mano de obra. L a proyectada reforma agraria pretende remediar, o al menos aliviar, el paro de los obreros del campo, y así debe ser Pero así no podrá ser en tanto se limité a cambiar la propiedad y el disfrute de la; tierra, sin atacar integralmente y en toda su enorme amplitud este asunto de medular: vitalidad para el país. Con un gran acierto teórico, l a reforma proyectada marca una franca tendencia hacia la explotación colectiva. Reconoce así la indudable conveniencia técnica y económica de l a gran explotación en el secano, y ¿a sabiendas de que a l a psicología campesina agrada mucho más l a pequeña propiedad individual, afronta dignamente esta contraposición entre lo que más conviene y lo que más se desea. Está bien eso, pero ¿es que a l a explotación colectiva en grande escala y con l a aplicación de una técnica y una mecánica moderna no se le presentarán los mismos problemas económicos que al empresario único, respecto a l a imposibilidad de emplear más obreros de los que realmente necesite? H a y otro sentido, sin embargo, en el que la reforma agraria puede ejercer una acción muy beneficiosa para l a evitación del paro. Este sentido es el de l a colonización integral de las zonas regables y de aquellas fincas que. siendo susceptibles de un cultivo muy intensivo, no estén aprovechadas en esa forma. E l huerto familiar y el regadío en general necesitan mucha mano de obra, y en todas las épocas del año. E l huerto familiar, además, llena la despensa con sus patatas, sus legumbres, sus hortalizas, y los productos de los animales que mantiene; y esa despensa es siempre el mejor seguro contra el paro forzoso. A h o r a bien; la colonización de las zonas regables, no sólo exige l a disponibilidad d 5 las tierras, sino ademas su costosa preparación, l a construcción de poblados, l a resolución de m i l complejas cuestiones técnicas, comerciales, crediticias, que se encomendaron a las Confederaciones Hidráulicas, y que forzosamente han de constituii una parte importantísima de la reforma agraria para que merezca tal nombre. 1 fel ARAGÓN
 // Cambio Nodo4-Sevilla