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A B C. M A R T E S 29 D E S E P T I E M B R E D E 1931. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 35. inspira la increíble ligereza de sus piernas. Gracias a ellas, esquivó los tremendos hachazos del toro; pero el último le alcanzó y volteó, hiriéndole levemente en la región glútea. Mediano, estoqueando, y bien al banderillear al sexto. INFORMACIONES Y NOTICIAS TAURINAS En Sevilla: Una buena tarde de Ortega. La vuelta de Chicuelo. En Madrid: Jardinerito quiere ser torero. En Tetuán: Siguen las novilladas- tómbolas. Toros en Barcelona, Hellín y Valladolid. En otras plazas. Novilladas. EN SEVILLA faenas, la altura insigne escalada en el primer tercio. Tiró del toro- -el quinto se le aplomó en seguida- -con notabilísimo temple; lo embebió en los vuelos- -no sólo en la lidia por bajo, donde el destronque es más fácil, sino en los pases altos y de pecho- -para hacerle doblar, y revolverse en el espacio preciso para que las astas no le alcanzaran, y dentro de aquel sostenido alarde de técnica eficaz y de serena confianza en sí mismo, supo ofrecer el clasicismo del pase regular o las flores del afarolado y el molinete. Mató al segundo de la corrida con media estocada en cuya ejecución demostró- -y ésta es su característica en ese momento- -más facilidad que estilo, y el público le ovacionó con entusiasmo, después de obtener para él una oreja del bruto, y le hizo dar la vuelta al ruedo y saludar reiteradamente desde el centro del redondel. E n el quinto pinchó hondo sin pasar, y al intentar el descabello, el bicho, en imprevista arrancada, le derribó al suela E n vista de ello, resolvió entrar de nuevo, y pinchó hondo otra vez. Por fin, descabelló a la tercera. Volvió a ser ovacionado como homenaje a su actuación total, magníficamente torera. M a l Manolito Bienvenida. Sus aciertos como rehiletero- -entre los cuales descolló un valentisimo par, quebrando, al cuarto- -antes que tapar pusieron más de relieve su indolencia al torear de capa, la excesiva desconfianza en su faena al cuarto y las censurables prevenciones con que siempre entró a matar. Se le silbó mucho. Es urgentísimo el desquite. David Liceaga dejó definitivamente sentado que para él la capa es un enredo insoluble. Imposible más torpeza en su manejo. Su lote, querencioso del bulto, fué difícil, y el joven mexicano, al trastear, no procura dar quebranto ni ahormar la cabeza de los cornúpetos, limitándose a un toreo por la cara basado en la seguridad que á David La vuelta de Chicuelo Mucho más animada que la anterior, por el número de concurrentes a la gruida, se vio la segunda corrida de Feria, jugada el primer día de Feria. L a resonancia del éxito alcanzado la víspera por Ortega y la afluencia del partido de Chicuelo, que cuenta con admiradores a prueba de desencantos, acarrearon el gran suceso de una entrada que mucho se aproximaba al lleno. Manuel Jiménez encontró un público propicio a aplaudirle, olvidado de jornadas amarguísimas en cuyo recuerdo no hemos nosotros de bucear demasiado. E l notable torero- -deseoso de borrar hasta la reliquia de lo pasado- -volvió a la arena del circo de su tierra animado de la mejor voluntad, probada en los valerosos lances con que- -comenzando con uno precioso a pies juntos- -dio las buenas tardes al primero de la corrida. F u é e l bicho el más endeble de todos y el único cuya blandura y feo estilo- -escarbando siempre, constantemente con el hocico en el suelo- -ofreció dificultades invencibles para una lidia de lucimiento. E l espada, cerca en todo momento, lo dispuso, con la muleta, para la muerte; pinchó tres veces, sin ceñirse mucho, y descaüdló. Las opiniones, se dividieron, pero predominó la favorable. A l cuarto lo trasteó movido, sin lucirse poco ni mucho. Después de un pinchazo y una estocada corta, con el brazo suelto en ambas ocasiones, descabelló al segundo golpe. U n quité genial, de seductora belleza, basado en ese lance que llaman chicueíina porque él lo inventó- -y para recordar, cuando otros. lo practican, que él no tiene la culpa de la falsificación- -fué la nota sobresaliente de su trabajo y de la corrida entera. Pero aguardar año y medio para con un quite aspirar al desquite, no ha sino demasiada preparación? E l primogénito de Bienvenida mantuvo el tono de la víspera: buen banderillero, y rada más. Mediano con la capa, y francamente mal en el resto. Tan desfavorable opinión dejó en el público de su tierra, que rehacer el cartel perdido requerirá el comenzar de nuevo. Domingo Ortega sostuvo a lo largo de una actuación muy discreta en su total el grestl- Una buena tarde de Ortega L a primera corrida de Feria sin Feria- -a no ser D Enrique, que asistió puntualmente- -estuvo tan poco concurrida de los aficionados como deslucida por el escaso empeño puesto por el ganado en el cumplimiento de su agresiva obligación. E l programa mínimo de un toro de Guadalest- -absolutamente imposible pedir menos- -es caerse de vez en cuando, rindiendo culto así a una larga tradición de la casta. E l domingo, salvo alguna caidilla suelta- -que no valió nada- las reses enviadas por los señores Márquez y Camacho volviéronse de espaldas a los derrumbamientos tradicionales y se obstinaron en mantenerse firmes sobre sus remos. (No cabe duda: hoy todo está en crisis. E l desencanto del aficionado no tuvo consuelo en ninguna virtud substitutiva de los bichos: ni en lo físico- -flacos y cornalones- ni en lo químico- -blandos, cobardes y alguno con pérfido deseo de prender en las astas algo más tangible que la engañosa liviandad del trapo con que se quería engañarle- Ejemplo de pusilanimidad, el primero de la tarde, que, muy molesto por esas cosquillas que suele hacer la vara del Artillero cuando éste se siente con ganas de broma, dio en correr y correr, buscando dónde meterse y sin ofrecer posibilidad de lidia. Los de Liceaga fueron los más desagradables, pues usaban de la cabeza- -y más el tercero- -con una sorprendente soltura que repetidamente colocó al torero en situación apurada. Dentro de la flojedad qué caracterizó a la corrida, distinguióse por su dócil amabilidad el lote de Domingo Ortega. E l hijo taurino de Dominguín tuvo su mejor tarde ante e, L i onista; tarde de torero grande, igualmente destacado en la pureza de un arte que hasta al propender a la filigrana y el juguete ofrece la línea adusta de una clásica sobriedad, como en la eficacia de la técnica dominadora, capaz para templar a placer la acometida del toro y reducirle- -ciñendo estrechamente el giro de la embestida- -al terreno sucinto en que el diestro. liga su faena. Tiempo hacía que no asistíamos a una tan completa y brillante victoria del capeador y el muletero como la alcanzada el domingo por Domingo. L a maestría al tomar muy levantado al toro para pararlo y recogerlo; la justeza ai cargar la suerte mientras los pies, bien asentados en la arena, sostienen el aplomo de la figura; la lentitud del juego de los brazos, tan bajos como lo requiere el moderno estilo del buen torear; esa perfección, en fin, del remate de un lance de capa que no termina sino cuando el bicho ha quedado en suerte para secundar... avivaron en el espíritu de los espectadores el recuerdo de lejanas emociones en que de nuevo vibrarán cada v, ez que Ortega toree así. A tono con el mérito imponderable de aquellas admirables verónicas, el reposado ceñimiento de los recortes que les ponían brillante colofón; como, en los quites, la gallardía al citar con el cuerpo para preparar los lances al costado. A l muletear, Ortega mantuvo, en ambas VH GRAN MULETAZO DE ORTEGA A SU PRIMERO
 // Cambio Nodo4-Sevilla