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EL HALCÓN DEL DESIERTO NOVELA, POR FEROINANO OSSEMOOWSKI CONTÍJ 1: ¡Arriba las manos! -les ordenaron éstos- ¡Que nadie se cia. Unos meses después su prometida, la señorita de Wierzchomueva si rio quiere: morir a balazos! wiecka, se reunió con él, se casaron y, a poco, logró Jerónimo un Arpeáronse de sus camellos y se acercaron, sin dejar de apuntar empleo en la construcción de caminos, estratégicos y de blocaos mi- a los viajeros. litares en Argelia. E l matrimonio se estableció en E l Kseur, donde -Soy e! capitán Motylinsky, y, viajo realizando estudios cien- la administración francesa abrió dos carreteras que atravesaban el país de los kabilas, guerreros por cuyas venas circula sangre de tíficos. -Cuando te atraviese una bala dejarás de estudiar- -contestó centuriones romanos. íDjsni con voz- ronca. L a familia. Zawisza se aumentó con dos hijos y una bija, Pero: en aquel mismo instante el viejo Yusuf, dirigiéndose a Alfredo, el mayor, terminados sus estudios, trabajaba en el! os bereberes que formaban parte de la cuadrilla, dijo: Ayuntamiento de Argel. E l menor sólo tenía doce. años; cuando la ¡Tenemos un salvoconducto del Halcón del Desierto! familia sufrió una desgracia tremenda. El capitán enseñó el documento. Los bereberes lo examinaron Por El- Kseur, que no era entonces más que, un campamento atetítairiente y en el acto. se prosternaron ante el viajero. francés pequeño. y rodeado de aduares bereberes, pasó una carava- ¿Qué, es ese papelucho? -interpeló Barto- ¡Aquí no hay na de más de cien camellos, que, con tiendas multicolores adornadas con plumas y penachos de cintas, recorrieron la única calle isalvccondnctos que valgan! del campamento. Se veía en las vacilantes tiendas muchas mujeres ¡J o. toques a esta gente! -gritó Bu Imama, encañonándole. Y al verlo le apuntaron también con sus armas Abd Karat e jóvenes: árabes de Mauritania, altaneras y majestuosas; bronceadas bereberes, alegres y despreocupadas; uled nail apasionadas, de, Jbb. Solimán. ojos sonadores; mujeres del Sudán y del Senegal, esbeltas y pere- ¡El diablo se lo lleve! -refunfuñó Djant. ¡No queremos que, nos degüelle el Halcón del Desierto! -dijo zosas, con ojos brillantes y velados, y dientes blancos como el marfil. Algunas tiendas, cubiertas de lienzo y sujetas con correas, Abd Karat. Los agresores: estuvieron indecisos unos instantes y luego vol- iban acompañadas de criados que intentaban cubrir con el ruido de sus flautas y sus tambores los gritos de las que las ocupaban. vieron a montar en sus caballos y se marcharon. A l frente de la caravana, rodeado de criados, iba un sirio tuerto- ¡H a sido una aventura muy romántica! -comentó el capitán y alto, que carecía de narices. Cuando le pidieron sus documentos spn riéndose- Ahí tiene usted una cosa bonita que contar en Polonia, -señorita. ¿Pero qué influencia tiene ese Halconcito del De- enseñó un pasaporte inglés extendido a nombre de Basilis, negociante, y declaró que llevaba el harén de un príncipe. árabe que iba sierto? en peregrinación a la Meca. No contestó la señorita Irene; pero evocó una vez más en. su Basilis se detuvo dos días en E l Kseur. Cuando se fué se commemoria la. silueta ágil del jinete negro clavado en su silla, su pá. probó. aue, habían. desaparecido varias muchachas, entre ellas la hija lido rostro de hombre intrépido y sus pardos y penetrantes ojos... de. los Zawisza, que: se llamaba Wanda y tenia. diecisiete años. Se Le veía galopar sobre un corcel blanco y veloz, ahincado en los sospechó de Basilis y se le persiguió activamente; pero en. Túnez, amplios- estribos y llevando la menuda mano a la empuñadura, rica- donde fué alcanzado, no tuvo resultado alguno el registro de. las mente adornada, de su sable turco. Sentía que le llegaba al alma la tiendas. voz apagada del misterioso hombre- del. albornoz negro que usaba No se volvió a saber desde- entonces de la muchacha. Unos el romántico, nombre de Halcón del Desierto. años después se tuvo noticia de que en un tugurio de E l Cairo Yusuf y Fagit, sentados en el suelo, se prosternaron humilde- llevaba una vida espantosa una muchacha polonesa. Cuando llegó mente para dar gracias a Alá. el protector por haberles librado del en su busca el infortunado padre ya se la habían vendido a un tramal paso. ficante del Hedjaz, de donde llegó más tarde una carta del cónsul Después de comer y de descansar una hora- reanudó la marcha francés, participando el fallecimiento de una tal Wanda Zawisza, la caravana. Las expertas miradas de Fagit no vieron ya nada que pupila de una casa del Ab alá. pudiese alarmar a, un guía del Gobierno, leal y honrado; Román Zawisza, que entonces tenía quince años, estaba muy Tres días después la caravana divisó a lo- lejos las cumbres de apenado por; la muerte de su madre y de su hermana. Triste y caIps montes del Hóggar, objeto de la caminata del capitán Moty- llado continuamente, desapareció un día de su casa, dejando una linsky. Los carasios percibían ya la proximidad de. viviendas hu- carta en la cual participaba, su intención de perseguir a Basilis y manas y berreaban alegremente. Los viajeros se metieron en se- a cuantos raptaban y vendían mujeres para lanzarlas a los abismos guida, por las abruptas pendientes del barranco del Baral, a cuyo del libertinaje y la pobreza. Todas las investigaciones que. se hicieejítriníó se halla el oasis donde acampan de asiento úños. berebere? ron para dar con. él fueron inútiles. E l fugitivo desapareció como Levantaron las tiendas cerca del aduar indígena y dejaron a- los una piedra arrojada al mar o una semilla de trigo arrastrada por el viento del desierto. camellos éii libertad de pacer a su antojo, L a familia le consideró. perdido para siempre. Sin embargo, Román, educado entre los- árabes, ios DereoCres y C A P I T U L O III los. tuarégs, y conocedor de su lengua, intrépido, vigoroso y emprendedor, proseguía su intento con perseverancia. Una historia antigua. Vagó, mucho tiempo de un sitio a otro, pasándose la vida con E n 1865, despúfá de la trágica insurrección polonesa, llegaron beréberes y tuaregs, ensenándoles a abrir pozos, a curar al ganado iil- puerto dé Argel dos viajeros en cuy os. pasaportes, que presenta- y a los hombres, a trabajar cómo forjadores y cerrajeros, oficios que el aprendió durante la vida nómada de su padre, obligado a ron, a las autoridades, figuraba el nombre de Zawisza. Jerónimo Zawisza, ingeniero, tomó parte en el desgraciado le- cambiar de residencia a causa de sus trabajos de construcción en vantamiento y. se vio obligado a ocultarse eri espera del momento regiones salvajes v solitarias. Se continuará- en que pudiese atravesar la frontera rusa para reíugiarse en Fran: f
 // Cambio Nodo4-Sevilla