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LA IT OKA D 1 ÜL T E neta en el que se ignora el pudor. F u i a Deauville invitado porun distinguido amigo mío de la colonia uruguaya, y mis ojos, habituados a ver en Plombiéres gente abrigada para eludir las sorpresas de la temperatura, tropezaron con el mismo espectáculo. Aquello era demasiado. Llevar a un mendigo de restaurante en restaurante es un poco cruel, sobre todo si se considera que el pobre postulante ha perdido con los años la acometividad nutritiva. ¿Adonde ir que no se nos ofenda con esas exposiciones de anatomía viva? -preguntamos a un amigo. -Vaya usted a San Sebastián y al Sardinero... Allí da gusto. E l paganismo ha sido vencido por la honestidad. E n una y otra ciudad el Ayuntamiento ha montado una guardia en la playa para que el espectador del baño no sienta otras tentaciones que las que le sugieran sus recuerdos. Señora b señorita que se desmandan son condenadas a pagar una multa... Y mire usted, dicho sea en honor del bello sexo español, ninguna ha dado lugar a la menor reconvención... -Me lo figuro. Claro es que por allí habría poca gente... -Muy poca. Entre el pudor y el miedo a lo desconocido en que se vive en España desde que reina la libertad, han entristecido nuestras playas. Depender de la virtud y del autoritarismo del Sr. Galarza es demasiado. Con cualquiera de esos dos inconvenientes bastaría para emigrar a Bombay... -Pues mire usted... E n Francia, donde la virtud social no está por debajo del nivel que alcanza en nuestro país, se vive muy bien. Si las playas han estado menos frecuentadas este verano que el anterior, ño ha sido por sobra de pudor ni por exceso de felicidad política, sino porque el otoño se ha anticipado y el sol se ha mostrado más parco de sus tibias caricias que el Sr. Alcalá Zamora de ideas. Deauville no ha cubierto gastos, y su Casino ha perdido dinero, porque nadie jugaba con fichas superiores a mil francos. A Cabourg ha ido poca gente, y en Dinard casi todos los hoteles han liquidado con déficit. Verdad es que, a medida que van recobrando su rango financiero en el mundo, a estos franceses se les calienta la boca y ponen unos precios a. las cosas que las aleja del alcance de la gente modesta. L a vida encarece de día en día. Cuando Guizot dijo a su pueblo: ¡Franceses, enriqueceos! demostró que los conocía. Ahora queda por saber entre qué naciones se van a repartir lo que ellos economizan y acumulan... MAXTJEL B U E N O UNA EXCÉNTRICA (Fotos M. eurisse.
 // Cambio Nodo4-Sevilla