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CUENTOS DE LAS F P HUMO L FEO L alejó c o n el dorso de l a diestra las migas de l a mesa, apoyó e l codo i z quierdo, c u b r i ó c o n l a mano su frent é y q u e d ó en esa actitud hondamente preocupado. Se oían los cacharros de l a cocina, que patinaban unos sobre otros en el fregadero. L o demás del espacio e r a todo masa de s i lenció. ¿Q u é te p a s a? -p r e g u n t ó ella. -Eso del retrato del n i ñ o L o pide m i herjmano c o n tanta insistencia, que y a es ridículo tardar m á s -Y o creo que podemos esperar unos meses. Esperar a que escriba otra vez... ¡Q u i é n sabe si en ese tiempo mejore l a carita del n e n e! -a ñ a d i ó optimista, l a madre de l a horrible criatura, a h o g á n d o s e para no llorar. -i i Q u é v a a m e j o r a r! -c o n t e s t ó él de malos modos, como si las humildes palabras de su mujer hubieran pretendido recrudecerle su dolor. Silencio... S ó l o l a l e j a n í a de los platos agitándose en el m a r de j a b ó n Silencio... U n gemido de prpnto. L a madre está l l o rando... E l pad ¡re suspira. Y a tiene las dos manos en l a frente y los dos codos en l a mesa. F u é r o n s e a l a cama s i n prisa, gana n i desgana. Apagaron, y l a negrura se los t r a g ó de u n bocado. ¿Duermes? Y a i a media h o r a ¿Duermes? ¡Q u e l i o mujer... -M i r a es que he pensado que... si le m a n d á r a m o s el retrato del c h i q u i t í n de... dé d o ñ a Filomena... ¡C a l l a c a l l a ¡Q u é cosas d i c e s Silencio obscuro total. Y s i n embargo, ninguno de los dos conseguía disimular su insomnio, porque es que resultaba como u n silencio que n o respirase. ¿Duermes? -N o ¿Q u é q u i e r e s? -r e s p o n d i ó ella i n corporando l a cabeza para atender servicial a su marido. ¿D ó n d e está ese retrato. que dices... Y es que el problema e r a de angustia. E l t í o rico, desde A m é r i c a y por delegación, h a b í a sido padrino de u n n i ñ o tan feo... S i fuera pobre, podría ofrecérsele un ahijado horroroso. P e r o a u n t í o t a n Heno de plata resultaba despegado y des- E atento haberle molestado para no poderle conceder que exclamara ampulosamente: ¡A s í es m i a h i j a d í t o allá en E s p a ñ a Y en efecto, el rico ranchero m o n t ó a caballo y llegó ai corro de sus vaqueros. P o r allá las vacas dispersas y por a c á el corro de los potros de silla. E l rico ranchero t r a í a hoy buena cara... Desenvolvió luego una cartulina, y, h a c i é n d o s e l a i l u sión de que a los d e m á s les i n t e r e s a r í a l a sorpresa, e x c l a m ó ¡Así es m i ahijadito, allá en E s p a ñ a L o s criados hicieron entonces el a d e m á n de asombrarse. Claro es que, mientras tanto, en E s p a ña, y de cuando en cuando, la madre del n i ñ o feo adivinaba como por ondas e l i n somnio del m a r i d o ¿Duermes... -N o l o sé, h i j a n o s é s i duermo o no... J o que sí s é es que hemos hecho m a l E l d í a que m i hermano sé entere c r e e r á que h a sido u n a burla... C r e e r á que nos ha movido el i n t e r é s ¿P o r q u é el i n t e r é s L o que sí te digo es que t u hermano es rico, es soltero... y si tiene preferencias por Pedrito puede ser el porvenir del n i ñ o N o r e s p o n d í a el marido, porque este r a zonar era interés, y era e l mismo razonar que él sentía secretamente. Respiraba hondo c o n l a nariz, y miraba valientemente a la obscuridad con los ojos muy abiertos. Como era de esperar, el rico ranchero pedía nuevos retratos. ¡Cóñto e s t a r á y a P e d r i t o- -d e c í a- c o n sus cuatro a ñ a z o s! -Y o creo que y a debemos confesarle... -N o bobito, no... -exclamaba l a audacia femenil de l a mujer. Y hubo u n d í a que invitar a merendar al n i ñ o de l a vecina Filomena, y que, a p r e t e x t ó de retratar a Pedro, viniera u n fotógrafo. Y como quien no dice nada, uno d i j o -A h o r a u n a foto de Pedrito c o n su amigo... L a amplificadora se sorbió a mayor a l chico galapo, en tanto que e l feo se qued ó achicadito en el clise. S e d i r í a que en l a placa se m a r c ó l a sal de u n a gota de llanto secada en silencio. P e r o era el caso que el ranchero conv i d ó a beber a otros ricos c o m p a ñ e r o s de aya, y mostrando u n retrato que t e n í a sobre una c ó m o d a e x c l a m ó -j A s í es m i ahijadito, allá en E s p a ñ a ¡Che, q u é chico lindo... -respondieron aquéllos, a quienes nada interesaba l a foto. Y él miraba l a cara del niño, y bebía por su salud en u n brindis secreto, jugoso, cordial, í n t i m o Se adivinaba que era su esperanza y su alegría, en ese celibato que a veces nubla el camino del paisaje futuro. P e r o e l padre se c o n s u m í a en inquietud, en duda... E l dilema le clavaba sus dos dedos índices, como dos navajas, en l a conciencia. ¡B a h! L a mujer e r a audaz hasta el final: -Y o te t r a e r é retratos del hijo de l a señora Filo... Y los t r a í a como u n a bruja, debajo de l a toquilla parda. L o s t r a í a porque iba a llorar a l a vecina sobre s u camilla de i n vierno ¡A y Filomena, F i l o m e n a ¡E s t o no es v i d a ¡P o b r e Pedrito m í o P o r eso nie alienta tanto el afecto que usted me tiene, en vez de enorgullecerse c o n l a her- mosura de s u hijo... Y a v e usted, hasta siento consuelo c o n las f o t o g r a f í a s que usted me d a N o estaba tampoco m u y claro este r a zonamiento; pero d o ñ a F i l o l o agradecía mucho, y l a guardaba u n a prueba de todas las fotos. Y cuando Pedrito, y a u n muchachote de cabeza aplastada y u n p ó mulo saliente, se i b a a l c a f é por las noches, e l padre, como u n químico, cogía l a prueba, la despegaba del c a r t ó n dedicado, y c o n l a instigación discreta y latente de su mujer poma una- nueva cartulina con una dedicatoria respetuosa y a m a n t í s i m a a l rico ranclhero, firmada c o n letra que i m i taba a Pedro. E l horrible mócete e r a h u r ó n amargo, consciente de su presencia desagradable. P e r o las cartas a su t í o las escribía cordiales y alegres por e n é r g i c o mandato del padre, que se sentaba a madurarlas despacio y a dictarlas con clara y seca pronunciación. Claro que en las noches que se había escrito carta sentía t a l agotamiento por el esfuerzo de los embustes el pobre padre que luego era bien seguro e l insomnio. ¿Duermes? ¡C a l l a T Que no me dejas dormir con tus preguntas... N o no era ella. ¿E r a l a conciencia. 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla