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A- B C. M I É R C O L E S 7 D E O C T U B R E D E 1931. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 2 2 1 Dimiten dos miembros de la C o misión y ésta se reúne para tomar acuerdos Él Sr. Jiménez Asúa, presidente de la Comisión, recibió las dimisiones del Sr. B o tella y del Sr. X i r a u que sostuvo con aquél un altercado, en el mismo banco de la Comisión; y el Sr. Castrillo, amigo del Sr. A l c a lá. Zamora le anunció también su propósito de dimitir. Entonces tomó la decisión de reunir a la Comisión antes de que la sesión nocturna comenzara, y en efecto, a las diez de la noche, se celebró este cambio de impresiones, y al final úe él se redactó una nota, que. dice lo siguiente: L a Comisión, sin entrar en el fondo del incidente ocurrido en a sesión de esta tarde, declara que el Sr. Botella habló en nombre y por encargo expreso de. la misma, y que los miembros que manifestaron discrepancia con sus palabras sólo pudieron hacerlo a título personal. Según un miembro de la Comisión, lo ocurrido en ésta al reunirse, fué lo siguiente E l Sr. Jiménez Asúa manifestó que en vista de los criterios divergentes de varios de sus miembros, era preciso buscar una fórmula conciliadora para dejar a salvo la situación del Sr. Botella, Entonces fué encargado de la redacción de esta fórmula el Sr. Leyzaola, pero pareció un poco larga, y entonces, verbalmente, dio otra fórmula el Sr. García Valdecasas, que fué la que prevaleció al fin. Entonces D Emiliano Iglesias preguntó si esa nota podría aceptarla el Sr. Castrillo, íntimo amigo de D Niceto Alcalá Zamora, y su correligionario. Como no le contestara de modo satisfactorio el Sr. Iglesias, abandonó la reunión, y el Sr. Samper, radical, salvó su voto. Mientras tanto, el Sr. Jiménez Asúa, acompañado de los miembros socialistas de la Comisión, permanecía en el antedespacho del Sr. Besteiro y repetía incesantemente que no volvería a sentarse en el banco de la Comisión. E l Sr. Bujeda, correligionario del señor Jiménez Asúa, manifestaba que en lugar del Sr. Botella Asensi nunca hubiera pronun- ciado las palabras que molestaron al presidente del Consejo, pero que reconocía que esto era debido al temperamento del orador y que nunca hubiera pretendido agraviar al jefe del Gobierno. E n el pasillo central, el Sr. Ovejero, y su opinión la compartían muchos diputados socialistas, decía que se trataba de un pastel para impedir el debate religioso. Agregaba que el Gobierno se había dado cuenta de que en este asunto iba a ser derrotado y no quería exponerse, provocando antes la crisis. Decía también que los socialistas tenían el deber de pedir al Gobierno que se sentara cuanto antes en el banco azul para ser re- sidenciado. -Las actas las tenemos- -agregó- -no parasatisfacer vanidades personales, sino para cumplir con nuestro deber y servir al pais. También se registraron varios incidentes personales, como decimos antes, y en uno de ellos intervino el Sr. Salazar Alonso. cho es a entorpecer la marcha del Parlamento. Y añadió: Esto, si se arregla hoy, se repetirá pasado mañana. Y o ya lo dije en m i intervención en la Cámara, cuando me negué a dar el voto de confianza al Gobierno. U n Gobierno como éste, de tal heterogeneidad, no puede soportar cualquier intervención viva. Puede dar lugar cualquier día a un conflicto pasional que destruya algo sustancial. La fórmula de arreglo Preguntamos al ministro de la Guerra en qué consistía la fórmula para arreglar el i n cidente desarrollado en el salón de sesiones y que culminó con la dimisión del jefe del Gobierno. -Pues, en realidad, no hay ninguna fórmula- -nos contestó el Sr. Azaña- E l presidente retiró su dimisión y el Sr. Jiménez Asúa la suya. Esto es todo. Quisimos saber si en el Gobierno, durante todo el trámite del suceso político, había habido unanimidad, y nos repuso que fué absoluta. -Aunque el presidente dimita- -agregó- -no puede haber crisis. Y o al escuchar lo que sucedía en el salón de sesiones no pude por menos de sonreír, porque nosotros, ninguno de nosotros los que nos sentamos en el banco azul, podemos irnos. No se puede ir nadie. E l señor Lerroux es llamado precipitadamente Tan pronto como dimitió en plena Cámara el Sr. Alcalá Zamora, el presidente de la Cámara comprendió que era. necesaria la presencia en ésta de D Alejandro L e rroux, y el diputado Sr. Cámara marchó precipitadamente al domicilio de éste. E l señor Lerroux se hallaba ya recogido, pero al conocer la gravedad de la situación se vistió apresuradamente y acudió a la Cámara en el momento en que terminaba el incidente en el hemiciclo. Por consiguiente, pudo a s i s t i r a la subsiguiente reunión del Gobierno. E l señor Alcalá Zamora dice que se ha demostrado lo injusto del ataque que se Je dirigió y l a incongruencia de la Cámara A última hora, cuando l a Cámara se hallaba entregada por completo al deseo de encontrar una fórmula en los. artículos relativos a la propiedad, el Sr. Alcalá Zamora conversó breves momentos con los periodistas, diciéndoles que agradecería mucho que se leyera con detenimiento el discurso que pronunció en la sesión de la tarde. -Se verá entonces- -agregó- -la violenc i a injusticia del ataque que se me ha d i rigido y la incongruencia de la Cámara, que ahora busca soluciones que yo di perfectamente concretadas en mi discurso. La dimisión del presidente del Consejo Así las cosas, y enterado el Sr. Alcalá Zamora al llegar a la Cámara del acuerdo tomado por la comisión Constitucional, formó el propósito decidido de dimitir desde el banco azul y ante la Cámara, como lo hizo momentos después en medio de la expectación enorme de los diputados y el público de k tribunas. Llegó a decir después del homenaje que le tributó la Cámara que no podía convivir con el presidente de la Comisión, Sr. Jiménez Asúa. y vencido por los aplausos insistentes de todos los partidos y grupos políticos se avino a volver de nuevo al banco azul, pero advirtiendo que el que se sentaba de nuevo al frente del Gobierno había perdido por completo la fuerza moral que hasta aquel momento le sostuvo. Para recalcar más su incompatibilidad con el señor Jiménez iVsúa no ocupó l a cabecera del banco azul, sino que se sentó en el último lugar del mismo, junto al Sr. Martínez B a rrios. La fórmula conciliadora E l Sr. Besteiro, después de hablar con los ministros, se trasladó desde el despacho de ministros al lugar donde se hallaba el señor Jiménez Asúa, y en el camino dijo a los periodistas que todo tendría arreglo y la cuestión que se debatía también. Habló con el. Sr. Jiménez Asúa y a los pocos momentos volvió al despacho de m i nistros, seguramente para, comunicar a- éstos el resultado de su gestión. A l salir de nuevo se expresó ante los informadores en estos t é r m i n o s -Aquí no ha pasado nada. E l Sr. Prieto, que fué el primer ministroque salió, dijo: -Todo está satisfactoriamente arreglado. Esta misma impresión dieron los demás ministros, que salieron juntos con el, señor Alcalá Zamora, que daba el brazo al de H a cienda. E n el camino hasta el salón de sesiones- -ya habían sonado, los timbres para que la sesión se reanudara- -los ministros rehuyeron la conversación con los periodistas, que desconocieron, por. tanto, la base del arreglo. Los señores Guerra del Río y Companys, que habían querido hablar con el Sr. Besteiro cuando éste se hallaba en sus gestiones, hicieron ante algunos periodistas manifestación de que si seguían las cosas como están era imposible que el Parlamento marchara. -Es triste y doloroso- -añadió el Sr. Guerra del Río- -que a los cuatro meses de República sucedan estas cosas. Y el Sr. Companys a g r e g ó -E n realidad los socialistas son los que deben gobernar. A lo que no tienen dere- E l señor Prieto dice que si la crisis se hubiera mantenido habría tenido que solucionarse en veinte minutos E l Sr. Prieto comentaba en los pasillos la dimisión del S r Alcalá Zamora y decía que la jornada total de las sesiones de la tarde y de la noche había sido muy substanciosa. Agregó que si la crisis se hubiera mantenido por el Sr. Alcalá Zamora, el Gobierno hubiera tenido que solucionarla en veinte minutos. -De aquí, agregó, no podemos salir dando la senjación de que no había Gobierno, porque esto hubiera producido una depresión enorme en todo el país, que sigue con atención profunda el dearrollo del nuevo r é gimen. Enorme expectación y ansiedad en los pasillos. Apasionadísimas controversias. E l Gobierno se reúne Nos parece obvio subrayar la intensidad del momento en los pasillos de la Cámara. Los diputados, formando corrillos, comentaban apasionadamente lo ocurrido hasta el punto de que surgieron infinidad de altercados, de índole personal, que a duras penas lograron reprimir los diputados menos exaltados. E l Gobierno rápidamente se trasladó al despacho de ministros y poco después se llamaba al presidente de la Cámara, Sr. Besteiro, con quien sostuvieron los consejeros un 1 j? eye cambio de impresiones. Nueva reunión E l Sr. Jiménez Asúa, á poco de reanudarse la sesión, abandonó de nuevo la presidencia de la comisión Constitucional y salió a los pasillos. H a y que advertir que el Sr. Alcalá Zamora tampoco esta vez sé sentó a la cabecera del banco azul, sino en su mitad. A poco los señores Albornoz, Casares, Azaña y Maura salieron también del saléw de sesiones y se dirigieron al despacho de ministros, donde se reunieron con el mam Jiménez Asúa;