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A B C. V I E R N E S 9 D E O C T U B R E D E 1931. E D I C I Ó N D É A N D A L U C Í A P A G a i cuestión sexual, -pero cree que ¡legan los momentos en que será considerada esta función sexual como la respiratoria o la digestiva. (Risas y rumores. Habla después del error de provocar problemas morales, fundados en necesidades físicas, legítimas y naturales. (Nuevas risas. Yo- -añade- -un poco viejo, voy a decir... (nuevas risas) que hoy, en sociedad, se admiten palabras y gestos que en mi niñez eran impúdicos. Es preciso que la mujer pueda hablar clarameente; pero también hay hombres que tienen motivos para callar por insuficiencia personal, y no es extraño que callen. E l silencio en- la mujer es siempre un noble sacrificio; pero siendo generalmente superior el sentido ético de la mujer al del hombre, no deben exjgirse a aquélla declaraciones sobre la causa del divorcio, aunque haya mujeres, que dan ciento y raya a los hombres. (Grandes, risas. Habla de los hijos y de una enmienda que ha presentado para el caso de que éstos sufran las consecuencias de una unión forzada. E l interés de los hijos debe estar por encima del interés que a muchos matrimonios les hace permanecer unidos, simplemente basado en los fines económicos. Cree que la investigación de la paternidad será un hecho posible. Entiende que se hace necesario el certificado prematrimonial. Se íiata de un problema muy difícil, pero que permitirá evitar las uniones de seres peligrosos por enfermedad, con daño de la descendencia. Por todo ello opina que, o no se incluye la ley de investigación de la paternidad, o se debe mencionar el certificado prematrimonial. Pide que se lleve a la Constitución 3 a educación física y sexual, cuya falta es la que hace a nuestra raza débil, sombría y extraña. E l débil es- egoísta y perverso. N o cree que se debe hacer una Constitución al margen de estos problemas. H a hablado como un médico ante la Cámara y cree haber cumplido un deber. (Aplausos. E l P R E S I D E N T E después de justificar que no prosigan las deliberaciones por. la noche, levanta la sesión a las nueve y veinticinco. sobre nuestras cabezas y nos fué dado e no cer todas las lenguas del mundo no e x i s tía en ese plural vocabulario la palabra desamortización Espero que me concé- derá usted crédito si le digo que jamás oí pronunciar a ninguno de los apostóles el vo- cabio catastral ¿No? -N o E s decir amillaramiento Se Id aseguro. -E s extraño. -Sabíamos decir pobreza y humildad en dos mil lenguas diferentes. Cuando ha j biabamos de Religión no necesitábamos ha- ¡llar el tanto por ciento de ninguna cifra Nuestro interés era el de ciento por uno, pero se cebraba allá arriba. E l pleito. que se ventila en el Congreso no lo entiendo bien. P a rece que se ajustan cuentas. Tantos millones por un lado, tantos por otro. E l señor. de los Ríos quiere que se pague X E l señenG i l Robles reclama, que se dé Z A l g o de regateo... Razones para apoyar el toma y el daca... Emolumentos, indemnizaciones, gas- tos, pesetas, recaudación, bienes muebles e inmuebles, miles de fincas rústicas y urbanas... ¿Algo de eso es Religión? ¿Por qué se llama a esto debate de la cuestión religiosa? E l Sr. P É R E Z M A D R I G A L Entonces, ¿a quién representamos nosotros? E l Sr. G I L R O B L E S Dentro de la legalidad, sin apelaciones a la violencia, que nuestra doctrina no nos permite, declararemos nuestra hospitalidad a la Constitución. (Fuertes rumores. S i se aprobara esto- añade- -declararíamos abierto un nuevo período constituyente (grandes rumores) cuya duración no nos asustaría. Recoge el episodio de la lucha entre los católicos alemanes citados por el ministro, con la aprobación de las leyes del Kulturkampf. Los católicos iniciaron su lucha política, que acabó por llevar al Parlamento a numerosos de sus representantes, y todo terminó en el período de Bismarck y l a re conciliación de las diversas tendencias. N o nos asusta el tiempo- -declara. Esto es lo que hará la España católica. N o le inquieta la persecución por lo que representa de ataque a la Iglesia, porque ésta, aunque divina, está compuesta de hombres, y tiene imperfecciones. E n sus tiempos de estudiante le llegaron al alma las palabras de Maucaley, el historiador inglés que representan principios eternos. P o r encima de todas las luchas que nos dividan- -termina- -hay que acudir al Evangelio que nos brinda fórmulas eternas de caridad y amor. N o he de concluir en sermón, pero he de pronunciar palabras que llegan al fondo del alma. Y o recordaba que el Sr. Alomar lloraba cuando yo hablaba de que todo el momento político terminaría en una fusión de sentimientos; y quiero declarar que sobre todos está Dios Todopoderoso, que hace salir el sol sobre todos, buenos y malos, y hace llover sobre justos y pecadores, y en nombre de esta emoción religiosa, yo os digo que si hoy lucho contra vosotros, tengo la esperanza de que un momento llegará en que podamos reconciliarnos como hermanos. (Aplausos en el grupo católico. E l Sr. O T E R O P E D R A Y O nacionalista gallego, afirma que el catolicismo significa espíritu de libertad. Dice. que el artículo tercero representa el desconocimiento del espíritu nacional. Afirma que el sentimiento religioso es l a raíz de la vida española, la cual no puede cortarse. (Aplausos. (E l Sr. Unamuno se acerca a felicitar al Sr. Otero. E l Sr. M A R T Í N E Z D E V E L A S C O jefe del srupo agrario, pronuncia un discurso, en voz tan baja, que no llega hasta la tribuna. E l Sr. L Ó P E Z V Á R E L A radical, habla del problema del divorcio, y. dice que en principio admite éste, pero formula una serie de salvedades, solicitando que se lleve la resolución del problema a una ley especial. E l Sr. D E L R I O progresista, afirma que la familia debe estar bajo la salvaguardia del Estado, y habla del matrimonio, que, a su juicio, -no debe subsistir cuando se rompen los lazos del amor, momento en que es aplicable el divorcio, que no destruye la estabilidad de la institución familiar. A h o r a bien; entiendo que, como el matrimonio es un contrato, no puede rescindirse por la voluntad de una sola de las partes. Hace un discurso histórico y doctrinal acerca de la Iglesia y de su solidaridad, en el curso dc la Historia española, con los Poderes personales. Tras unos párrafos de tendencia radical, y de algunas interrupciones de los socialistas, pidiéndole que se siente en su banco, el orador declara que no comparte los radicalismos del artículo 24, porque cree que una cosa es restaurar sus derechos y otra es el principio de persecución de la Iglesia. E l Sr. J U A R R O S progresista, habla también del divorcio, y dice que éste ofrece ciertas dificultades, entre ellas, la del pudor de la mujer, que impide declarar que el motivo de l a ruptura matrimonial sea una A c o t a c i o n e s de oyente un I N o Oiga... D Pedro- -San Pedro. un instante... S i es un instante nada más... L e había descubierto en la tribuna de la Prensa. Según me confesó después, la había elegido porque es el lugar donde se reune un público más heterogéneo; curiosos que no encuentran sitio en otros bancos, cómicos que no trabajan por l a tarde, señoritas con sus novios, funcionarios públicos, tertulias enteras de cualquier café... un conjunto abigarrado en el que los periodistas son los menos y donde es difícil conocer a nadie. E l Santo fundador de la Iglesia permaneció, en efecto, inadvertido durante toda la sesión. Pero yo le seguí por los pasillos cuando quiso marcharse. U n momento, caramba; un momento! Se detuvo. -E n fin, ¿qué quiere Usted? -Naturalmente... unas declaraciones. ¿Qué opina usted del planteamiento de la cuestión religiosa? L e oí suspirar con angustia y sus dedos temblaron un poco cuando los enredó en los hilos de su barba ancha y recia. -N o sé- -dijo- esta es la verdad; no se... Tendré que volver otro día... -Maestro- -rechacé sonriente- ¿Cómo voy a creer que usted, máxima autoridad, no h a formado un juicio... -N o no pude... Comprendo que es terrible, pero no pude... H a y muchas cosas que no entiendo, palabras que no he manejado trunca. Cuando el Espíritu Santo descendió Y o tomaba notas rápidamente, y él calló un instante, para preguntar después, c o n aire preocupado: ¿N o hay pobres en España? -S í ¿Por qué? Eludió discretamente: -P o r nada. Bajábamos por la plaza de las Cortes; hacia la penumbra del Prado. Vencido m i entusiasmo reporteril, comencé a pensar en asuntos mas serios, norque la compañía del Santo me enorgullecía, me edificaba, y comenzaba a sentir que no pasase por aquellos lugares ningún conocido mío, para que me viese con él. Inquirí amablemente: ¿V a usted a volver a las sesiones? ¡P c h Pues no sé. 7 porque estos asuntos que tratan no se relacionan en nada con nosotros y... ¿qué quiere usted... ñame interesan... Tengo mucho que hacer. Acaso no reincida... Iba a explicarle que no comprendía su extrañeza y que todo lo que se había hablado en el Congreso estaba natural y perfectamente ligado con la religión. También le quería contar el caso de un amigo mío que hubiese ido al Infierno de cabeza, precisa- mente de cabeza, si no llega a hacer un legado en sus últimos momentos en varias acciones de ferrocarriles. Pero el Santo me dijo: -Querría visitar alguna iglesia, -Están cerradas. -P a r a mí. no importa. -B i e n pero... no hay ninguna cerca. ¿Le es a usted igual conocer el templo de las mayores impresiones humanas? -S í Es para no mancharme llevando lá mala impresión del Congreso... -Entonces aquí. L e señalé las paredes del Banco de España. Después saqué tres duros del bolsillo y se los puse en la mano. -M i r e San Pedro, es todo lo que llevo encima. No quiero perder la ocasión... tómelos. Y cuando yo aparezca allá, espero que lo recuerde... son para el perdón de mis pecados. ¿Quiere apuntar mi nombre, hace el favor? E l santo- -los tres duros en la palma- -elevó los ojos al cielo, con un divino y escandalizado estupor en sus pupilas. L e oí murmurar al marcharme: ¡Señor, los hombres se han olvidado de tus palabras Y después más bajito: -E s t e sujeto me trata cómo si yo fuese el acomodador de un cine. -W. Fernández Flórsz
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