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N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMO g M SÉPTIMO. ABC DEL PILAR N U M E R O EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO V 1 GES 1 MOm M SEPTIMO. N reportaje, Señora. ¿Qué otra cosa puede ofrecer u n reportero a l a V i r g e n del P i l a r que un reportaje? Formidables tempestades de literatura lian rugido a tus- plantas; de oraciones está sembrado t u camino, que bordan las estrellas; de homenajes t u h i s t o r i a S a n tiago el M a y o r erigió tu capilla angélica a n te l a muda aquiescencia de T i b e r i o César; a las p u e r t a s de tu templo detuvo el K o ran su avance arrolla- d o r t u imagen tomó A l f o n s o X I por Señora et abogada de todos los sus fechos Palafox, en un gesto de mundana galantería, acudió a besar tu mano, y la bandera blanca con tu imagen bordada ondeó antes del combate con L e févre en las manos de nuestro general. C o n una granada francesa se cruzó el alarido de una jota el i de j u l i o y l a granada rectificó su t r a y e c t o r i a para respetar tú templo; y el d í a 2 te dedicó A g u s t i n a su canto a la Raza- -melodía sublime de cañonazos- -y en 1854 las huestes revolucionarias se detenían respetuosas a la puerta del P i l a r y sus músicas te dejaban la LA CALLE ofrenda de sus sonatas. Y si Reyes se postraron a tus pies y b r a vos generales te rindieron pleitesía y e x i míos literatos deshojaron en tus gradas las llores de su ingenio, ¿qué puede ofrecerte ya el reportero? U n reportaje, Señora: lo más modesto y lo único quizá que no existe en el panorama de tu apología; y a falta de galas literarias, las narraciones de hechos irán ascendiendo a T i como un i n cienso de 1931, salido de la barabúnda de una rotativa. ¿Qué testimonios hay de la venida a l mundo de la Santísima V i r g e n? -p r e g u n tó en cierta ocasión Felipe I I -E l mayor testimonio es la tradición- -íe respondió un prebendado. -S i hay tradición, eso basta- -dicen que repuso el piadoso Rey, dando ejemplo de fe a los impugnadores de esta tradición, que nadie puede negar sin temeridad según palabras del cardenal A g u i r r e el cual la califica de u n a de las que merecen más crédito por su antigüedad y hallarse conñrma- U LA VIRGEN DICE... garada y guiados por la luz celeste, salieron a presenciar el portento y hallaron en el portillo la imagen alabastrina que todavía allí se venera. E l i n f o r m a d o r los h a v i s t o las cabezas abrasadas por el sol de los rastrojos; buscadores del oro de las espigas en los desiertos de fuego; las hoces y las guadañas en sus manos callosas como armas rendidas ante la divina majestad de la M a d r e de D i o s como una tregua en la. lucha social. E n las primeras horas de la mañana v a n e n t r a n d o en cuadrillas, y postrados ante la V i r g e n oran, y más conscientemente que el resto efe los mort a l e s p i d n el p a n nuestro de cada día. A l g- u n o s siguiendo una de las manifestaciones más frecuentes de piedad en los devotos de la V i r g e n entran de rodillas y así avanzan desde la puerta hasta la santa capilla. Y a la vuelta, apagados los fuegos del cielo, y mientras rasga los aires una jota, un alarido que dejaron los árabes al marchar, enganchado en las zarzas del camino, los segadores tornan al tem, D E A L F O N S O C O N E L T E M P L O D E L P I L A R A L FOiNDO pío con la. ofrenda de da desde hace muchos siglos por privileun poco de so de los campos, prendido en gios de Pontífices y Reyes y comprobada por rubias manadas de, espigas. los escritos de muchos y graves autores Felipe I I regaló a l a V i r g e n los dos ánL a muy alta e devota christiana D o i n a geles mayores de los cuatro de plata cíesBlancha Reyria de N a v a r r a ocupada por tinados a sostener los cirios ante la imagen. fuerte e muy grande enfermedad a la cual Años antes de este homenaje de un Rey no se podía fallar remedio de salud, v i n o en había visitado a la V i r g e n la Emperatriz artículo de la muerte et estuvo, por tres horas doña María de A u s t r i a a Iq, que acompamuerta; e los Nobles e Cavalleros Duenias ñaba un seráfico paje, que fué más tarde e Doncellas, con los fijos ensemble todos San L u i s Gonzaga. llorando, e facían gran llanto de la muerte de tan bendita D u e n i a é Seniora. L a Seniora V i r g e n Santa María del P i Fué en 1219 cuando los cristianos reconlar, que es advocada de los pecadores e da quistaron Zaragoza, rescatándola de la cautisocorro, e ayuda ad aquellos, que están en vidad muslímica. Deseaban los moros recoangustia, e tribulación, en visión apareció brar por sorpresa la ciudad que habían perdia la dicha D u e n i a Reyna, asentada en un. do, y a tal efecto lograron una noche aportiP i l a r de M a r b r e e díxole: sirvienta mía llar el muro exterior de t i e r r a pero cuando D o n i a Blancha, arrimadvos ad aqueste P i habían ya penetrado en el recinto comprendilar mío, e avreis salud; e vista la visión, do entre- una y otra muralla les cegaron de continent abrió los ojos, e comenzá a unos resplandores maravillosas, ante los que fablar, diciendo: O Seniora Sarita María huyeron aterrorizados y atropelladamente, del P i l a r bendteha seáis, que me haveis dejando el campo cubierto de cadáveres. L o s guardado e tornado de muerta a v i v a L o s cristianos, en tanto, despertados por la a i v