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P e r o A l o n s o de Q u i j a d a se oponía a los amores de su sobrina c o n aquel poetilla r o mántico, creyendo que iba guiado por el interés más que por el amor. Había además por medio un r e n c o r- -s e rón la tradición- y era el enojo entre las dos familias por haber matado los A l o n s o s de Q u i j a d a a u n p r i m o de Cervantes, cósá n o comprobada, pero que tampoco h a y m o tivos para rechazar el supuesto. E l caso es que, bien para acabar con estas rencillas, y a porque el hermano de Catalina, teniente c u r a de la parroquia, viera algo extraordinario e n Cervantes, J u a n Palacios, que era hombre avispado y con m u c h a inteligencia, procuró convencer a su tío y avivar l a hoguera dé los enamorados para que l a boda se llevase a efecto, como así fué. El temperamento agrio de Alonso de Quijada y la huida de Cervantes del viejo caserón solariego. -Alonso de Q u i j a d a tenia u n temperamento poco apropiado para p o der soportar la estancia a su lado. E x t r e m a ba sus rigores estrambóticos, especialmente con Cervantes, a quien miraba todavía con despotismo. E l poeta manco soportó unos años l a intemperancia del tío e n l a famosa casa de Esquivias, trabajando en aquel sencillo despacho, junto a la ventana, por d o n de el c u r a P e r o Pérez tiró un día al corral los libros de caballería que D o n Quijote te- LAS CARTAS AMOROSAS Y LAS CUARTILLAS ORIGINALES D E SUS LIBROS LAS ENCERRABA CERVANTES E N LOS CAJONES D E E S T E VIEJO BARGUEÑO... nía, formando con ellos una hoguera, con el beneplácito de la sobrina, el ama y el barbero maese Nicolás. U n a baja mesita, dos sillones, dos sillas, u n bargueño y u n arca son todo el moblaje de la habitación donde Cervantes escribió sus cuartillas. E s t a n c i a fría, tétrica, con aspecto de: celda carcelaria, viendo en el Jado opuesto a la ventana los anchos muros con sus barrotes de hierro, por donde Catalina de Palacios se asomaba muchas veces en su época de amoríos... Cervantes tuvo que ver allí su cárcel, poco adaptable al espíritu bohemio, enamoradizo, sediento de aventuras que poseía. Y u n día, voló... E r a el mes de julio de 1604 cuando murió la. suegra de Cervantes, doña Catalina de Palacios. Se repartieron los bienes entre los dos h i j o s Catalina y el c u r a Francisco. L a mujer de Cervantes no era m u y lista que digamos y consintió que el reparto no se hiciera equitativamente. Resultaba mejorada en el testamento; pero todo era apariencia, porque resultaba luego con ciertas deudas a su hermano el c u r a y renunciaba, todos los bienes de l a mejora e n favor de su hermano. P a r a cumplir todo ésto, hipoteca, entre otras propiedades, el majuelo del camino de Sereña. Cervantes autorizó con su presencia y su firma todo lo concertado, y seguidamente, lo mismo que hiciera el A l o n s o Q u i j a n o de l a obra inmortal, saliendo por la puerta falsa armado caballero sobre su rocinante, salió él también en una mañana de julio, c o n grandísimo contento y alborozo, dejando a su mujer sola en la casa, ya que no se arriesgaba á compartir la. vida errante de su m a rido. De cómo Cenantes no publicó su Quijote hasta ta muerte de su tío, Alonso de Quijada. -Todas estas fechas históricas y acontecimientos e n la vida de Cervantes van coincidiendo con muchos de los párrafos y las ideas de su obra inmortal. Desde el comienzo hasta el final se v e n trozos de la familia de los Quijada. E n el protagonista no sólo coincide l a edad, el tipo y las costumbres, sino hasta e l nombre y el apellido de su tío. DESDE E L JARDÍN D E LA CASA SE V E CRUZAR LA BLANCA C A L L E POR D O N D E MUCHAS VECES PASO CERVANTES A CASA D E SU NOVIA E N LAS TARDES D E I D I L I O QUE R E S U L T A R O N DESPUÉS ANTESALAS D E L INFIERNO POR L O AGRIO D E L CARÁCTER D E SU TÍO F r i x a b a l a edad de nuestro hidalgo- -dice la obra en su primer capítulo- -con los c i n cuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro; gran madruga-
 // Cambio Nodo4-Sevilla