Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ADIVINA, A D I V I N A N Z A ¿DE Q U E P R O V I N C I A S O N? de modo que no se sabe dónde empiezan las casas y dónde acaban las rocas... Pueblecito que se despereza antes del amanecer, como una oruga, y con el alba sucia se desplaza a los huertos, a las siembras y a tos prados, ellos con el andar arrastrado y ellas con la cadera estallando en circunferencia por el espesor de los refajos; todos a las mismas faenas, con una sola diferencia, y es que los hombres se van a lo que sea más lejos, y las mujeres, a las huertas próximas, cerquita del pueblo. Niñas y niños, con sus medias gordas y azules, sin más juguete que el hermanito pequeño en brazos, y de la mano el de dos años; todas las horas de recreo así, con esa tristeza de la constante preocupación. Pueblecito de pobres cocidos diversos, según va dando la vuelta el a ñ o que la tierra y el mes ponen la mesa. Pueblecito de charlas silenciosas en los descansos, conversaciones a la puerta, pero LA LADERA SOLEADA D E ROBLEDONDO cogido esta colección de fotografías y, traicionando al artículo donde se fueran a publicar- -anticipándonos a él indebidamente- hemos preguntado a unos cuantos amigos: ¿De qué provincia son? Los amigos, variados de condición y cultura turística, han respondido- -lo recordamos bien- -seis provincias: -De Salamanca... -De Toledo... -De Zamora... -De Segovia... -De Avila... -De Cáceres... Pero nosotros hemos sonreído triuníalmente y, al fin, les hemos sacado de su error con esta confesión: ¡Son de Madrid! Y es natural que, cruzando la bulliciosa Puerta del Sol, o rasgando a ciento cincuen- ta por hora el fondo de la capital en el Metro, o levantando los ojos por la perspectiva perpendicular del edificio de la Telefónica, no se piense que en esta provincia pequeñita, que casi se otea completa desde lo alto de los rascacielos, pueda haber mozos y mozas así trajeados. Y, sin embargo, ahí está Robledondo- -ahí: un poco más arriba de E l Escorial- que no nos dejará mentir. Acaso nuestra información esté en los límites de la evocación, de la añoranza... Pocos días del año, y pocos mozos ya, se visten con tales galas. ¡Y eso sí que es un gran dolor literario... ¿N o debe enorgullecerse Madrid de poseer, a una orillita de su creciente policromía cosmopolita, vestidos de tanto tipismo, aunque tiendan a sepultarse en los arcones? ¿No merece la pena, por turismo y por orgullo, de sostenerlo a todo trance? ¿N o pueden crearse premios y fiestas que sólo sean un pretexto... Robledondo... pueblecito de la alta montaña, que recoge en su ladera el sol del mediodía... Pueblecito de piedra, o de piedras, EMOS H H E AQUÍ U N A BELLEZA MADRILEÑA l ll U, yt; mi: