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Robledondo... pueblecito de Madrid, que dice a las diez que son las doce, y a las seis que son las cuatro. Admirable manera de pasar por la vida o de que la vida pase por él... ¿Qué importa el reloj... Y en definitiva) si los pueblerinos quisieran saber la hora, con hacerse una visera con la manó ca- i han de alcanzar a verla en el ministerio de la Gobernación... Claro que, a decir verdad, tampoco en el ministerio de la Gobernación se les ocurre ponerse así la mano, como una visera, y fijarse en la hora que marca este pueblecito madrileño... ANTONIORROBLES kumildamos a fó. para allá, amigos y compañeros de otros jumentos. Pueblo serrano, al que creíamos ajeno a la baja de la libra y al conflicto de la Marichuria, viviendo de su campo, lejos del paro mundial... Pero que de proto se lamenta de que no hay dónde emigrar y de que aquí no se puede vivir, porque todo está- -reza un vecino- -muy mísere; y eso que nosotros nos (Fotos de And rada. Y SI TUS PADRES SON GUSTOSOS... casi sin palabras: como va cayendo el atardecer... ¿Y el domingo... Si es tiempo de faenas apremiantes del campo, el domingo se escapa, como si su hoja encarnada se pegara al sábado para que las arrancaran juntas y apareciera el lunes. Y si es tiempo de calma en los trabajos, dos bandurrias del pueblo dan el ritmo de las jotas serranas en ese salón penumbroso con piso de tierra dura. ¿Y la primavera... Esa sí, esa sí que es alegría y respiro de optimismo. Se abre la caja del invierno cuando ya les faltaba el aire. Y es que hasta las mujeres han salido de cuando en cuando a quitar nieve- -zapatones sonoros los suyos- -para que el ganado pudiera saber que debajo de lo blanco estaba... aunque no fuera más que el invierno mismo. Sábado. Cucharones, peroles, almireces por el suelo, empastados. con lo que ha de limpiar su dorado, lleno de coscorrones... Las mozas están dando el yeso a las paredes... E l sábado es la limpia tradición blanca y dorada. Robledondo... pueblecito serrano de M a drid, con la alegría de los cien cochinillos, osados y asustadizos a la vez, que son el trote único del pueblo. Los burros, y sus amos colaboran en la obra del campo; pero ya en su ciudad, los jumentos van solos de aquí LA TIMIDEZ D E U N IDILIO NUEVO
 // Cambio Nodo4-Sevilla