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KONIGSSEE. EMBARCADEROS E STA vieja ciudad de Berchtesgaden, que fué rival de Salzburgo en minas y obispado, apenas es ahora un parador donde descansar si nos aventuramos por los caminos tortuosos que llevan al K 6 nig; ssee desde los montes del Salzkamergut. t n otro tiempo, su príncipe eclesiástico anduvo en pleitos de límites con el príncipe arzobispo de Salzburgo, que, aun con esperanzas de bienes imperecederos, no son de desdeñar los terrenales, y estas minas de sal, separadas las unas de las otras por la línea invisible y movediza de una frontera, daban venía harto pingüe para que merecieran dedicarles un pensamiento, entre, otros dos que buscaban caminos de nubes y de estrellas. Ahora, Berchtesgaden no es principado independiente, sino que, como ciudad de Baviera, forma parte de Alemania. Por razón de cielo y de costumbres, pertenece al Salzkamergut, pero la barrera de unos límites políticos separaron a los valles de los valles hermanos, y a los lagos y a los hombres de igual fisonomía y pensamientos idénticos; que, al fin, el pensamiento y el rostro del lago y del hombre más obedecen al color del cielo que se refleja en aguas y pupilas que al de ía tierra que los sostiene. De sus pasadas grandezas la pequeña ciudad sólo conserva unas casas policromadas con colores suaves y gastados y unas viejas arcadas. A las fachadas, acaso risueñas en otro tiempo y hoy graves y marchitas, les fueron robando su iris la lluvia y el sol; venían calladamente, como rateros, y hurtaban hoy un rojo suave y mañana un azul candido, para tenderlo en arco sobre los montes y los valles, cuando los dos ladronzuelos se unían en las alturas. Las casas policromadas del Berchtesgaden ya no tienen color apenas, y. las arcadas están llenas