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A B C. MIÉRCOLES 14 D E O C T U B R E D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 39 EL DERECHO DE ADIR 1 R L A T i E R R A Y R E F O R M A AGRARIA Las luchas políticas del siglo x i x al conquistar los derechos individuales, derivaron a l a democracia de los tiempos presentes, y una de las exigencias ck esta democracia es abolir el privilegio de ser propietario, mediante l a derogación de la facultad dominical de no enajenar l a tierra y concediendo a todos el derecho de adquirirla por instituciones jurídicas que la pongan en el comercio de ios hombres. N o las examinaremos. Nos basta con sentar el principio. A l confundir esta aspiración de l a democracia con l a función social de l a propiedad se han conculcado esos conceptos, que son antitéticos, porque la democracia tiende a la propiedad individual, y, al contrario, la propiedad como función cae, bajo el r é gimen del Estado, en el socialismo, retornando a tiempos pretéritos en que no existía l a individualidad absorbida par el clan y l a tribu. A l convertirse los pueblos nómadas en sedentarios l a tribu fué l a dueña de lo que ocupó. E n Roma, en l a Germania, en C h i na, l a comunidad agraria fué el régimen de l a propiedad, régimen que ha permanecido hasta nuestros días en l a Bosnia, en Croacia, en Servia, en Bulgaria, en Dalmacia, en Herzegovina, y que ahora se substituye por l a propiedad individual. E n l a misma Rusia, a pesar de sus organizaciones comunistas, el antiguo mir, modificado por Pedro el Grande y Catalina II, tiende a d i solverse a través de los Soviets en propiedades privadas. E n los Estados Unidos las grandes extensiones de tierra pasan al dominio particular. L a propiedad, por consecuencia, ha llenado una función social en l a Historia, después tuvo carácter político, cuando fué sustento de los Poderes públicos y de las clases con sus jerarquías, y ahora va en los cauces de l a ciencia económica convirtiéndose en una riqueza privada de igual naturaleza que cualesquiera otro capital. P o r eso el derecho de adquirir l a propiedad no es ya un principió social n i político, sino meramente económico, y la propiedad debe ser regida por el interés i n dividual en las normas del Derecho civil, flexibilizándolas para dar acceso a la declaración y efectuación de aquel Derecho. L a historia de l a propiedad condena las comunidades campesinas que pretende formar eí proyecto de reforma agraria, y l a lucha del hombre por l a libertad tampoco ha de consentir l a anulación de su independencia en las oligarquías de l a clase. S i en esos pueblos del Oriente de Europa, al formarse en l a postguerra sus nuevas nacionalidades, l a organización agraria pasa del colectivismo a i a propiedad dominical, con tendencia al tipo romano, no es viable que nosotros, que tenemos l a propiedad i n dividual desde hace m á s de un siglo y que sólo conservamos algunas comunidades agrarias por excepcionales circunstancias, retornásemos a pretéritas instituciones. Aquellos pueblos están haciendo ahora l a colonización que en E s p a ñ a se hizo desde la Edad J dia como si imitaran nuestros concejos y las carta- pueblas, y subsisten también en ellos comunidades agrarias porque les son habituales, aunque estén en período de descomposición. E n E s p a ñ a no creo que puedan organizarse ni funcionar las comunidades de campesinos para explotaciones colectivas. E l ge uto de nuestro pueblo no es orgánico, v, además, la riqueza agraria repele en el cultivo parcelario las cpmunidadcs, que sólo pueden existir en forma de cooperación i n dustrial respecto a los frutos y a los efectos mercantiles. Los jornaleros para quienes se prepara la reforma han perdido la disr I cipliha social, y esto es un factor importante, porque ellos creían que el cambio de régimen les daría pan y circo. Contribuyó a ese común sentir el remedio de los alojamientos contra el paro. Venían los alojamientos siendo de carácter benéfico, por el sentimiento de l a caridad; después se hicieron necesarios al organizarse los jornaleros, y ya tomaron carácter de forzosos, y ahora perduran en forma de cultivos necesarios, so pretexto y al amparo de la ley. Acostumbrados al pan y circo, se va viendo que los braceros ya prefieren el jornal y no quieren l a tierra, y, organizados como están, se imponen a la protesta de los que desean trabajar en aparcerías, con pegujales o a destajo, los cuales están sufriendo la oligarquía de su clase, y así también sus organizaciones contribuyen al mantenimiento de la cuestión social en el orden político al mantener la hostilidad entre las clases en el orden económico. Como no tiene ajuste en la realidad el socialismo, está haciendo equilibrios sustentado por aquella lucha de clases, efecto del antagonismo de intereses. E l socialismo científico, la escuela de M a r x no permite la explotación privada del capital y hasta impide su creación por el trabajo; y como eso no puede soportarlo el espirito í n d i v i- dualista de la libertad, porque es la anulación de la persona, ahora va tomando, con igual finalidad, otras formas, a l a manera del plan quinquenal ruso y- con l a bandera de l a racionalización de la riqueza en sus explotaciones para armonizarlas en un sistema de conjunto. De esa forma parece que el socialismo consiente el capital privado y la personal explotación de su dueño, cuando en realidad lo anula, porque lo pone bajo l a regencia del Estado, cuya función no le compete y, además, para ella es inhábil. A l regir el Estado las riquezas de todas las personas, la riqueza pierde su virtualidad de capital económico en el libre comercio de los hombres, y las personas, sometidas en ese orden a la tutela de los Poderes públicos, pierden además en todos los órdenes su individualidad, convirtiéndose en una pieza del mecanismo socialista, error en que i n curre la reforma por la tendencia a poner en manos del Estado la ordenación de l a propiedad territorial, y tendencia especialmente remarcada en la institución de las concesiones, las cuales no corresponden al derecho de adquirir como aspiración de l a democracia. L a concesión es, por su naturaleza, de finalidad determinada, y, en consecuencia, revocable cuando no sea necesaria para llenar aquella finalidad. S i se dieran las tierras a los campesinos, las h arían suyas. S i se les conceden ya pertenecen al Estado, el cual se convierte en dueño de la propiedad territorial. Aquello sería establecer los campesinos en el dominio de la tierra, y esto es asentarlos para conjurar una crisis que el Estado puede resolver m á s adelante de otra forma, desasentándolos entonces por ser ya innecesarios o antitéticos con la nueva situación los asentamientos. S i las concesiones se hicieran con éxito, no habría más que extenderlas a todo el campo para poner la propiedad territorial bajp la regencia del Estado, y esa operación sería bien sencilla, dado que en l a reforma no se limita el tiempo durante el que puedan permanecer en concesión las propiedades concedidas, y cuya expropiación después haya de hacer o no hacer el Estado, ya que en el proyecto de reforma no queda obligado a expropiar. ¡Todo esto no debe preocupar a los propietarios amenazados por la reforma, porqué las dificultades prácticas y l a escasez de recursos del Tesoro impedirán su realización; y a los propietarios lo que sí les conviene es traer a las leyes el derecho de adquirir ai que antes me refiero, para eliminar el pretexto de las luchas de clases y garantir la! pacífica posesión de sus bienes, entregando a ese derecho de adquirir los que, en justo precio de merced arrendaticia y en su caso de venta, vayan pasando a los jornaleros adquirentes mediante el arrendamiento forzoso enñteusiforme, institución de eficacia evidente y cuyó proyecto tengo formulado. S i cuando se hizo en E s p a ñ a la desamortización, en vez de aquellas precipitadas enajenaciones, se hubiera pensado en el sistema de las enfiteusis a favor de los trabajadores, habría surgido, en las comarcas cuyas tierras permiten el cultivo parcelario intensivo, una floración de pequeños propietarios, y ahora no tendríamos en sus caracteres agudos la cuestión agraria, que es i n útil pretender resolver con un fiat de los Poderes públicos o de las leyes, porque esas transformaciones económicosociales exigen la constancia y la calma de las repoblaciones forestales. Las leyes deben limitarse a disposiciones que den lugar a esa labor, seguramente fecunda si se entrega a l a iniciativa y a los intereses de los mismos campesinos que realmente ansien el ser propietarios. -Carlos, L. de Han. QUE A P A R E C E TODOS LOS DOMINGOS, je ES IM P O R T F 0 I I POR LA DIVERSIDAD SUS FOTOGRAFÍAS DE UN LIBRO POR LA ABUNDANCIA D E SU T E X T O um MUSEO POR LA IJELLEZA D E SUS PLANAS ARTÍSTICAS j POR LA BARATURA SU PRECIO Ciento véanle: ¡páffÉanas DE SIETE avistas diferentes en Of ¡j toda España al precio fle Se rende en UNA PESETA Servicio regular de utobuses y Minerva por la carretera nueva entre Ecija, La Lnisiana, Camión y SeviS Horario para el servicio de verano, qué regirá hasta nuevo aviso. Salida de Ecija: 6, SO mañana, 6.45 tarde. Salida de Sevilla: 8 mañana, 6.15 tarde. Tiempo de recorrido, una hora, 15 minutos. Se admiten toda clase do encargos a precios baj- atfsimos. Oficinas y paradas: Sevilla, plaza San Fernando, 6. Teléfono, 25126 Ecija: Tetuán, 18. Teléfono 132, La ¿Salpresa