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DIARIO i ILUSTRA- DIARIO DO. ILUSTRA- D O AÑO VIG E- A Ñ O V) G E S IM ÓSEP TIMO 10 C T S N U M E R O S 1 MOSEPT 1 MO 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A E L TESORO. ARTÍSTICO NACIONAL Y LOS PROBLEMAS QUE PLANTEA 11 r ¿v la Si el Estado no consigna en presupuesto media docena de millones para atender eficazmente el patrimonio artístico nacional, una parte muy considerable de él corre grave peligro de perderse para E s p a ñ a Se perderá por salida clandestina del territorio nacional y- p o r falta de. los cuidados periódicos que requieren ciertas obras. P o r otra parte, mucho de lo que se guarda en poder de particulares permanecerá oculto a la mirada de los. extraños, aiite el temor de que sea oficialmente catalogado, y, por tanto, prácticamente intervenido el derecho de sus legítimos propietarios á venderlo cuando les convenga. N o hablo teorizando. U n ejemplo explicará uno dé los- aspectos del problema. H a r á tres o cuatro años, la Sociedad Española dé Amigos del A r t e me h o n r ó con el- encargo de organizar una Exposición de pintura flamenca de los siglos x v y primera mitad, del x v i pintura en la que fué y a ú n es tan rica E s p a ñ a C o mencé a preparar labor, inquiriendo con paciencia en dónde podría hallar obras. M u chos particulares; prestáronse gustosos a enseñar las que guardaban; algunos me. fací- litaron fotografías; más, apenas surgen en la Gaceta las primeras disposiciones amenazadoras, absurdamente amenazadoras para los dueños de obras de arte, cuántos s e h a b í a n mostrado propicios a ceder sus obras para que fuesen exhibidas retiraron enérgicamente el ofrecimiento, llegando algunos a exigirme palabra de honor de guardar absoluta reserva. Consiguientemente, la Exposición no ha podido celebrarse, como no podrá celebrarse ninguna otra de importancia míentras la confianza, esa confianza que es la base de toda labor fecunda, no renazca en todos los sectores de la vida española. 1 -r E l- Estado, sin la asistencia de los particulares, no p o d r á hacer nada eficaz. L a conservación del patrimonio artístico corresponde, m á s que al Estado, al individuo. L a afición al arte debe ser fomentada para que entre las clases pudientes surjan coleccionistas. Reunir obras de arte es una de las funciones m á s nobles, cultas y beneficiosas para el prestigio y aun para el bienestar de una nación. P o r eso resulta absurda, casi monstruosa, la actitud de un ministro de Hacienda que, no hace muchos años, enc a r g ó a técnicos financieros de su departamento la confección de unas disposiciones, que el llamaba impuesto suntuario cuya finalidad era la creación de exacciones fiscales sobre obras de arte propiedad de particulares. Comprenderá el lector m á s alejado. del. estudio de estos problemas que tal impuesto, de haber cuajado equivaldría a una invitación a desprenderse con la mayor rapidez de toda obra de arte, cuyo sostenimiento constituiría pesada carga, capaz de enfriar el entusiasmo más apasionado. E l coleccionista realiza función social i m portantísima en relación con el tesoro artístico. Fomenta la rebusca de obras de arte escondidas en desvanes y sótanos, haciendo con frecuencia descubrimientos de obras admirables, que a buen seguro se perderían. Contribuye a estudiar y a: que los profesio- seos. E n c a t á l o g o s de ventas. de colecciones nales estudien, aspectos insospechados de extranjeras se ofrecen con bastante frecuenarte, y cabe muchas veces la esperanza de cia obras: de pintores e s p a ñ o l e s- p o c o c o n o que los Museos del Estado hereden todo o cidos, obras excelentes, que servirían para parte de sus colecciones. P o d r í a n citarse representar con gran decoro a l artista en cientos de ejemplos. E n el extranjero, y aun nuestro extraordinario, pero incompleto y en E s p a ñ a los tenemos bien expresivos y desigual Museo del Prado y. én los Museos eficaces. L a exquisita colección B o s c h i a de provinciales, cuyo desarrollo esínecesario foErrazu, la d e F e r n á n d e z Duran, la de Laf- mentar. fitte, enriquecieron el Museo del Prado. Insistamos una vez m á s en la conveniencia E l admirable Museo de Valencia de D o n de cambiar rápidamente de rumbo en tocanJuan, ¿cómo se formó? Estimulando el celo te a política artística, determinando clara v y el interés de anticuarios y particulares, concretamente el Estado si el arte es o no comprándoles obras de arte, que pasaban necesidad. espiritual para E s p a ñ a S i se redesapercibidas, corriendo grave riesgo de conoce la existencia de tal necesidad, urge perderse por abandono e incultura. Gracias atenderla, dedicando a ello una cantidad rea ese comercio, ejercitado sin persecuciones lativamente exigua dentro de la totalidad absurdas, podemos hoy admirar ese. Museo. del presupuesto nacional. Hacer otra cosa N o creo que haya necesidad, de emplear equivale a espantar la caza, que volará en muchos argumentos para demostrar la i m- dirección a tierras m á s acogedoras... portancia social dé las colecciones. Citemos ANTONIO M É N D E Z C A S A L a este propósito las de L á z a r o Galdeauo, marqués de Casa- Torres, B o i x y algunas ¡a otras, de M a d r i d las de Plandiura y Cambó, de Barcelona; Sota, de Bilbao, etc. Todo E L E S T A T U T O NO ES el que se ocupe m á s o menos directamente LA PAZ de cosas de arte podrá comprobar sin dificultad el prestigio, que dan a las ciudades y Durante los- últimos treinta. años Catalua la nación y cuánto contribuyen al fomen- ña, ha sido la pesadilla de España, con grato del turismo. ve perjuicio de la nación. N o ha dejado goA l g u i e n ha dicho con visión certera que bernar, fuera los años de Dictadura, a cuyo el coleccionismo es enfermedad que sólo se advenimiento contribuyó por aquello de percura con la muerte. E l coleccionismo, ade- turbarlo todo. E l nacionalismo catalán ha demás, es contagioso, aun cuando sólo se pro- rribado Gobiernos, inutilizado gobernadoduzca el contagio en ambientes de dinero y res, acarreado innumerables conflictos de cultura. A l margen del coleccionismo nace orden público, roto la confraternidad interun comercio que toma el objeto de arte a regional peninsular, soliviantado a vascos, modo de valor bancario de cotización, con gallegos, valencianos, mallorquines, a cuantos sus alzas y bajas consiguientes. Que si su- ha podido, contra España, acabando por ser ben los grecos y bajan los murillos; que si un verdadero peligro para la unidad nahay gran demanda de muebles de laca, o cional. bien si se avecina la quiebra de estos valoL a República, con el deseo de aplacar a res, porque la señora moda, dama caprichosa, ha dejado de interesarse por tal o cual Cataluña y dejara ésta de ser la eterna precosa... Todo esto, muy humano, muy europeo, ocupación de E s p a ñ a hállase, al parecer, hay que aceptarlo o se vivirá al margen de dispuesta a otorgarle un Estatuto que casi, la civilización, que es flujo y reflujo ince- casi l a convierte eri Estado independiente, sante, que unas veces trae valores y otras delegando en ella incluso derechos inalienables de soberanía. E l sacrificio. es grande y se los lleva. a la postre se verá que h á sido- inútil o no E l valor material de las obras de arte desg u a r d a r á r e l a c i ó n c o n l o s resultados que se lumhra a las multitudes y las inclina al respeto. Bien conocen este aspecto los cicerones obtengan. De momento E s p a ñ a y la R e que acompañan a los turistas en sus visitas a- pública se h a b r á n quitado un. gran, peso de los Museos. E n el palacio de E l Pardo era encima, pues bastante ocupados estaremos los cosa obligada oír la voz de uno de esos con- catalanes con las querellas y conflictos que ductores de rebaños de visitantes aseguran- a c a r r e a r á entre nosotros el Gobierno de la do que un pequeño y vulgar tapiz de sobre- región para que nos quede tiempo de meter puerta representando un tema de caza valía cizaña en casa ajena. Pero después, cuando varios millones... A n t e tal afirmación, Tas lleguemos a tener el Estadillo o. la. Generaconversaciones cesaban y un murmullo de lidad en marcha, con, su organización de. la asombro s u r g í a del. grupo. N o cabe duda que Justicia, su Instrucción pública estructuraal becerro de oro se rindió, se rinde, y se da, nuestro, Derecho, civil y posiblemente, él r e n d i r á siempre un culto m á s o menos disi- penal en funciones, con. legislación propia social y e l orden público, asegurado, v o l mulado. E l comercio dé obras de arte intervenido, v e r á a tomar incremento el incendio, separa- bien vigilado y aun protegido por el Estado, tista, se pkní; e ár ¿3 feición imperialises fuente de riqueza y de cultura. Cierto- ta, hasta- ahora sólo iniciada, y. volverá C a Lor íúri- que al margen de tal comercio se cometen t a l u ñ v a ser- y yflemón- de Españ verdaderos delitos, mas en todas las rnani- ¡j bs Ie i ¿ip 6 p 8i att. a- los- iempíados, y l a locu- x testaciones. de l a actividad humana abundan- ra al buen sentido. E l Estatuto no acaba definitivamente con las transgresiones de la ley pena! y. l; necesidades de castigarlas sin recurrir il sis- el problema catalán. E s una tregua y nada tema de prohibir el ejercicio de esa acti- más. Hasta cuándo, no. sabemos. Su mayor vidad. o menor duración dependerá de los conflicA l Estado incumbe la misión de ¿S pec- tos que se le presenten al Gobierno de C a cionar el mercado de obras de arte, convir- taluña, sobre todo los que t e n d r á n por o r í- tiéndose, si es conveniente, en comprad r, no gen el estado de su Hacienda, la actitud d e sólo de lo que se venda dentro del territorio los rabassaires, que nos, puedes abocar a unas nacional, sino saliendo a otros mercados a ¡nuevas g e m i a n í a s y la de los anarquistas, buscar obras interesantes para nuestros M u- 1 que presentarkn Ja cuenta, a Maciá. S i estos i É