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A B C. J U E V E S 15 DE OCTUBRE DE 1031. EDICIÓN D E A N D A L U C Í A P A G 24. que el pueblo no quiere, y que hasta llegará a desmandarse contra ellas, sin que la República tenga fuerza moral para reprimirlo y contenerlo. E l Sr. G O R D O N O R D A S aprovecha la defensa de una enmienda para combatir a las Ordenes religiosas y al nuevo dictamen, que traiciona, según él, los deseos de la opinión pública. Termina anunciando que retira su enmienda. E l Sr. P I L D A I N rechaza una manifestación del jefe del Gobierno, para decir que desde hace muchos siglos l a Iglesia ha defendido, y sigue defendiendo, la libertad de conciencia, y llega mucho más allá que los mismos republicanos. Afirma que contra las leyes injustas de la República ellos tienen que optar por una de estas tres posiciones, dentro de las doctirnas de Cristo: l a resistencia pasiva, la resistencia activa legal o la resistencia activa con las armas en la mano. (Enorme escandio, voces, gritos y denuestos. E l alboroto dura unos minutos. E l señor S ORÍ A N O bate el record en la repulsa contra Pildain. E l Sr. P I L D A I N recuerda entonces que ha oído al presidente de la Cámara, que para defender la República era licita hasta la insurrección. Añade que mientras el Gobierno persigue a l o s jesuítas, los enemigos del Estado y la República y las rameras campan por sus respetos. (Escándalo y regocijo. E l Sr. R U I Z F U N E S por l a Comisión, dice que va a contestar a las palabras evangélicas de Pildain. Tiene para el irascible canónigo unas frases irónicas, que son coreadas con la h i laridad de la Cámara. E l S r P I L D A I N rectifica y alude al ciervismo del Sr. Funes, filiación que éste rechaza. L a enmienda de Pildain es re- chazada. E l Sr. C A R R A S C O F O R 3 V I I G U E R A pide en una enmienda que se suprima l a base primera del. artículo. Dice que se ha educado con ios jesuítas y todo lo que tiene y puede tener se lo debe a la Compañía de Jesús. Aboga por una solución jurídica del problema religioso, fundándose para hacer esta demanda en el discurso pronunciado por el Sr. Azaña. Defiende a la Compañía de Jesús, contra la que se quiere dictar sentencia de muerte y dice que si los jesuítas son culpables de algo deben ser sometidos a la comisión de Responsabilidades. Termina diciendo que después de suprimir la pena de muerte y de impedir la confiscación de bienes no puede acordarse, como se pretende, la grave condena contra lá Compañía de Jesús. E l Sr. L E Í Z A O L A explica su voto y dice que la enemiga contra los jesuítas se funda en la enseñanza que ejercen, sin tener en cuenta que son unos pedagogos perfectos, que ng gozaron de privilegio alguno. (Denegaciones. E l Sr. C O M P A N Y S dice que la esquerra siempre liberal juzga indispensable para la salvación de la República la anulación del jesuitismo. EÍ C O N D E D E R O D E Z N O hace protestas de religiosidad y dice que todos sus antepasados tuvieron el orgullo de asistir a muchos Reyes en el destierro. L a enmienda del Sr. Carrasco es, por fin, desechada. E l Sr. G I L R O B L E S defiende otra enmienda. Combate el monopolio de la enseñanza que pretende el Estado, coartando el derecho de ¡os padres de familia. Dice que estando tan escasas las escuelas, el privar de la enseñanza a los religiosos es contribu rr 1! annlí. il eíismo nacional. i ¡ce que ellos han acudido en plan de paz, psto la Cámara se empeña en declarar la guerra a los católicos y éstos, aunque modestos, tendrán que desistir de su colaboración a la República. Dice finalmente que acaso sea éste su último discurso en el Parlamento republicano. E l Sr. B A L L E S T E R se asombra de oir hablar a los católicos de libertad de enseñanza, después de haber hecho tan mal uso de l a educación infantil, en la que nunca tuvieron respeto a la conciencia del niño. (Muchos aplausos. E l Sr. G I L R O B L E S rectifica, diciendo que sólo en M a d r i d hay 69.000 niños en colegios religiosos, que no tendrán donde i r E l Sr. L E I Z A O L A también explica su voto, diciendo que en el país vasco donde siempre predominan las derechas apenas si existe el analfabetismo. E l P R E S I D E N T E dice que el Sr. M o lina puede consumir su turno en contra del artículo, en vista de que no hay más enmiendas. E l Sr. M O L I N A cede l a palabra al señor OSSORIO Y G A L L A R D O Este pronuncia un discurso, diciendo que en una Constitución no puede hacerse figurar l a fulminante disolución de las Ordenes religiosas. Añade que en el artículo quiere definirse a l a Compañía de Jesús, diciendo que además de sus tres votos tiene hecho otro a Poderes ajenos al Estado. N o tendría nada de particular que en ese cuarto Poder haya sorpresas. S i es dañina una enseñanza. hay que combatirla con otra. Nunca lo de aplastar al enemigo. Obrad con cautela en esto, porque mañana pueden hacer lo mismo con ustedes. H a y ea M a d r i d 20.000 niños sin escuelas, según la estadística municipal, y con esta perspectiva no debemos votar un precepto constitucional que posibilite el cierre de muchas aulas que están en poder de l a Iglesia. Se muestra disconforme con l a tiranía del Estado en ningún sentido. L a política laica tiene grandes inconvenientes. L a salida de religiosos de España puede dar origen a que los acojan otros pueblos cultos, como Bélgica, Francia y E s tados Unidos, donde se harán comentarios poco favorables a la República. N o se debe aludir a la guerra civil n i a la resistencia armada, en ocasión tan poco oportuna como h a hecho el canónigo Pildain. Esas palabras, si suenan mal en l a bios de un catedrático- de Lógica, suenan peor en los de un sacerdote. Además, la guerra civil sería un gran negocio para el Gobierno, porque duplicaría sus votos, primero, y porque tendría un gran triunfo en pocas hoijas, después. E x c i t a a la colaboración de todos para conservar l a República y robustecerla, para lo cual ésta no debe rehuir l a colaboración de ningún sector, puesto que la consolidación del nuevo régimen interesa a todos. (Algunos aplausos. E l Sr. O R T E G A Y G A S S E T (D Eduardo) que tenía pedida la palabra en pro, pide jue se le reserve para el artículo 25. E l P R E S I D E N T E accede a ello. E l S r A L C A L Á Z A M O R A explica su voto. Dice que no cree merecer las alusiones de que le han hecho objeto Pildam y L a mamie. Vuestra adhesión- -dice- -ni la esperaba, ni la quería, puesto que nunca pretendí utilizar vuestras masas. Funda su voto en su concepto liberal y en el que tiene de l a ley como técnico. Habla del candor del liberalismo. Y a no hay que hacer nada para implantarle, porque está implantado, pero sí para robustecerle y conservarte. Dice que no necesita que le objeten el tiempo que tiene que transcurrir entre la aprobación del precepto y su efectividad en el (cumplimiento. Anuncia que tiene necesit a X de votar en contra, aunque es nuevo el dictamen que presentó la Comisión, pero después de las modificaciones introducidas a partir de las cinco de lá tarde, no puede aceptarlo. ¿Trascendencia de m i resolución? N i n g u na, porque el voto es mío y yo conozco m i insignificancia oersonal. (Aplausos. E l Sr. G A L A R Z A G A G O explica el proceso del artículo que va a votarse, diciendo que su minoría ha permanecido fiel a su doctrina y no se ha dejado seducir por los monárquicos embozados. (Interrupciones. Disculpa a los socialistas que no tenían la cuestión religiosa como, tema fundamental de sus propagandas electorales y anuncia que él se abstendrá de votar. (Los radicales- socialistas se retiran. Comienza l a votación nominal y el artículo queda aprobado por 178 votos a favor j en contra 59. G r a n escándalo. A g r e s i o n e s (Los diputados de la minoría vasconavá. rra abandonan el salón, y en este momento se produce un formidable escándalo. A l gunos diputados, entre los que se distingue el Sr. Soriano, se lanzan en forma agresiva contra algunos de la- minoría vasconavarra. Se produce durante algunos minutos una confusión enorme. U n diputado da un puñetazo en l a cabeza al Sr. Leizaola. Se suceden grandes gritos de vivas a la República y viva España. E l Presidente no puede materialmente dominar el tumulto. P o r fin intervienen varios diputados y cortan con esfuerzo el deplorable incidente. Cuando el S r B E S T E I R O se puede dej a r o í r dice a grandes gritos: L a s minorías están bajo el amparo de la Presidencia. E l Sr. L E I Z A O L A pide la palabra, pero el P R E S I D E N T E le ruega que desista de ello, porque no se encuentra con l a serenidad suficiente para hablar. E l S r L E I Z A O L A exclama: S í sí tengo serenidad suficiente, a pesar del puñetazo que he recibido en la cabeza. E l P R E S I D E N T E insiste en que no haga uso de la palabra, y le ruega pase por su despacho. Añade que se levanta la sesión hasta las cinco de la tarde. Se oyen grandes gritos de viva l a República y aplausos en el hemiciclo y en las tribunas. A c o t a c i o n e s de un oyenteSeñor director: Son las dos de la madrugada. Desde las cuatro de la tarde estoy escuchando atentamente. B e asimilado tantos discursos como puede soportar un hombre de regular complexión, y sufro una especie de congestión en la memoria. Apelotonados, confundidos, ya no sé exactamente quién ha dicho esto y quién lo otro. Esta tardecía sesión ofrecía un panorama, pero la crónica que entonces pudiera escribirse ya no es ahora oportuna. Tengo unas notas sueltas: Azaña, una informe masa gris (pelo gris, traje gris, ancho rostro gris) pronunciando quizá el discurso más hábil que se haya oído en esta cuestión, discurso que tiene l a proa puesta a l a posibilidad de gobernar. E l talento de este político, para el que l a Cámara tiene unánime respeto, consigue aclarar la situación cargada de sombras. P o r que Albornoz y acaso también Marcelino Domingo acarician la dimisión como si fuese la empuñadura de un arma, y D Miguel Maura, en el otro extremo del balancín, está pronto a abandonar el banco? -ul arrastrando consigo a Alcalá Zamora. Otra nota: Baeza Medina reprocha a los socialistas dejarse convencer por el discurso de A s a-