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A B C. J U E V E S 15 DE OCTUBRE DE 1931. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 26. El proyecto agrario y los p r e supuestos Y añade: Terminado el debate de la Constitución, traerá el Gobierno el proyecto de ley agraria y otro trascendental: el Presupuesto, que deberá alternarse con el anterior. Estos son los quehaceres parlamentarios que proyecta el Gobierno y, además, el encargo dé gobernar la República en republicano, para todos los españoles, en paz y justicia con todos ellos, pero sin olvidar que el salvamento de la República exige la máxima energía, que impondrá el prestigio de la autoridad y del Poder público: E l G o b i e r n o no es transitorio. L a energía, defensa de la R e p ú blica Este Gobierno- -añade- -no es provisional, n i transitorio, y gobernará como si tuviera abierto el camino de una larga serie de años, y ante sí todo el porvenir de la República española. Esta tiene el derecho de ser respetada por ser fruto de la voluntad nacional; pero si este respeto faltara, el Gobierno lo haría tener. Jamás en mis manos la autoridad del Poder será disminuida, y jamás una flaqueza hará desmerecer la seriedad del Gobierno de la República. ¡Y ay del que intente alzar la mana contra ella! (Grandes y generales aplausos. Esperamos que las Cortes nos otorguen su confianza. L o que podamos durar será un esfuerzo más en pro de la consolidación de la República. Aconseja a los parlamentarios el trabajo, la abnegación y el patriotismo republicano y continuando la obra del Gobierno anterior- -dice- -queremos l a paz y l a confianza de todos los españoles, republicanos y no republicanos. Somos mandatarios de la voluntad de las Cortes, y así creemos nosotros que debemos gobernar. (Grandes aplausos. L a ratificación de la Cámara E l P R E S I D E N T E Dice que la crisis había quedado resuelta antes, pero conste que a reserva de vuestra ratificación. Esta crisis, tramitada en el Parlamento, es el Parlamento el que l a tiene que resolver. Propone que conste en acta la gratitud para los ilustres republicanos que han cre. ído de su deber abandonar el banco azul para seguir sirviendo a l a República, desde los escaños rojos, y que conste también el voto clamoroso de confianza al Gobierno para el servicio de la República. (Grandes aplausos. Así se acuerda por unanimidad. Termina diciendo que como hay que dar tiempo al Gobierno para deliberar, se levanta la sesión, para continuarla en la tarde de hoy. Y se levanta la sesión, a las nueve y cuaito. A c o t a c i o n e s de oyente un E s preciso recoger cuidadosamente los detalles de esta sesión, porque acaeció en ella la primera crisis política de la República, y la Historia ha de querer enterarse con m i nuciosidad. L a mayoría de los hombres que llenan apretadamente los escaños se han ido a acostar a las ocho de la mañana, después de una sesión extenuante, que mantuvo los nervios en vibración. Votaciones nominales, denuestos, vivas, golpes... se ha barrido el salón, se ha ventilado, y otra vez a la lucha. Pero aún queda una cuestión malherida, esperando a los camilleros, tumbada en el hemiciclo: es el incidente traumático, surgido a última hora, que aún no fué parlamentariamente resuelto. Y un diputado radical, el Sr. Carreres, se levanta a solicitar el perdón de la Cámara. E l fué quien a las ocho menos cinco atizó al bondadoso Sr. Leizaola un histórico puñetazo en la nuca, con energías insospechadas en un hombre que ha soportado dieciséis horas de discursos. ¿Cómo le pegó? Apenas se da cuenta. Sabe tan sólo que oyó algunos gritos hostiles a la República. E l Sr. Leizaola estaba allí, en los escaños, y era correligionario del gritador. Entonces el Sr. Carreres sintió una angustia y un entusiasmo... vio una nube roja... su amor al régimen corrió del corazón a la mano y presentó una enmienda contundente al occipucio del apacible Sr. Leizaola. Los católicos quedaban así definitivamente derrotados por 178 votos y un puñetazo. E l Sr. Besteiro recoge con dignidad presidencial las manifestaciones del contrito. Testifica que en su despacho el Sr. Carreres ha presentado ya sus disculpas al Sr. L e i zaola, y que el Sr. Leizaola estaba excitadísimo, no por el puñetazo en la nuca, sino por el resultado de la votación. Cuando el Sr. Besteiro desliza en nuestro espíritu la seguridad de que en el estado en que la votación dejó a Leizaola le era i g u a l a l joven diputado recibir un puñetazo o cincuenta puñetazos, y que quizá el que le regaló el Sr. Carreres le había librado de una congestión, pasa a elogiar la nobleza de los procedimientos parlamentarios, y la Cámara ronronea de gusto, como un gato al que se acaricia. Entonces se vierte en el ancho vaso del salón la noticia de la crisis. Alcalá Zamora se ha marchado. ¿Por qué? E l dijo muchas veces que el Gobierno no traía ponencia alguna; él invocó el compromiso de no dimitir, adquirido por todos los miembros del Gabinete provisional, y recalcó su evidente condición de espectadores de los debates, Pero encuentra insostenible su situación después de que los 178 votos de aquella mañana llevaron al triunfo el artículo 24. Como la sombra del padre de Hamlet cruzó por la terraza del castillo de Kronborg, así la sombra del pacto pasó en aquel momento por el salón. Todos, la vimos, alta, velada y omnipotente, como en sus cotidianas apariciones. Pero en su rostro impreciso había cierto gesto triste, y su arrogancia no era la de antaño. Gemía. P o r primera vez, algo ocurre, en la política española contra su voluntad. De los doce hombres juramentados, uno, dos- -porque don Miguel M a u r a también se evadía- desdeñan una de sus conminaciones. Cruzó el salón, seguida por las miradas ansiosas de los diputados catalanes. Y cuando D Julián Besteiro reunió a los primates en su despacho para dar solución a la crisis, el pacto y a estaba allí, hosco, enfurecido, mostrando en su. mano fantástica el jirón de niebla en que constaban las firmas de todos los ministros. Dos faltaban; pero, ¡n i uno más! Fué en vano que D Indalecio Prieto alegase que, una vez abierto el portillo, él insistía en sus deseos de abandonar el cargo más difícil y desagradable, en el que no había encontrado la asistencia precisa. Inútilmente el Sr. Albornoz, revuelta la abundosa cabellera, extendía hacia el pacto sus manos crispadas, recordándole las censuras que merece su labor en Fomento. De nada sirvió que Nicolau D Olwer amenazase con apretar la cinta de calzoncillo de l u to que lleva por corbata, para acabar con su existencia antes que seguir en un ministerio donde no sabe qué hacer. E l pacto, inflexible, lívido, enojado, señaló con su índice de humo hacia el banco azul. Y las cabezas se inclinaron, como si el puño constitucional del Sr. Carreres hubiese entrado en contacto con sus nucas. L o demás fué breve. P o r primera vez en nuestra vida hemos gozado del confortador espectáculo de una crisis notificada y resuelta en un par de horas, en una sesión que se interrumpe sin ser levantada. Y sin hermeneutas discurseadores, sin. zancadillas, n i esos estúpidos diálogos entre políticos e informadores que recogían los periódicos con una minuciosidad absurda, indigesta y litográfica. Declaro que ayer, también por primera vez, me dio la política española una impresión de democracia. Y cuando los hombres de todos los partidos de la Cámara, puestos de pie, aplaudían al Gobierno después del discurso de Azaña- -cuya valoración gubernamental apuntaba en m i crónica anterior, deseo anotar la perspicacia- pensé conmovidamente: ¡S i todos quisiéramos... si supiésemos poner concordia en la labor y emprenderla animosamente, ayudando al que vacile, enseñando al que no sepa, corrigiendo al que yerre, aplaudiendo al que acierte, con las ansias cordiales referidas al porvenir de E s paña... ¿por oué no habíamos de alcanzar el triunfo? -W. Fernández Flores. NOTAS PARLAMENTARIAS L a minoría agraria acuerda abandonar el Parlamento Según manifestaron varios diputados de la minoría agraria, al tenrñnar la reunión de ésta, el acuerdo adoptado por la misma es de retirarse sus miembros del Parlamento, mientras dure el debate constitucional. Manifestaron también que esta tarde darían una nota sobre el acuerdo referido. A l g u n a s manifestaciones de Jos diputados agrarios E l Sr. G i l Robles anunció esta tarde á ¡los periodistas que se iba a reunir la m i noría agraria, para examinar los acontecimientos y adoptar la resolución conveniente. D i j o que la mayoría de los diputados del grupo son partidarios de abandonar el P a r lamento, al menos, mientras se discuta la Constitución, pero que él era contrario a ese criterio e intentaría disuadirles. -Además, hay que hacer público- -dijo el Sr. G i l Robles- -que, por temor a lo que pasara en la calle, se forzó l a máquina anoche para aprobar el artículo 24. i H i z o notar que en la discusión no habían tomado parte los intelectuales, y era necesario saber lo que pensaban respecto a l problema religioso. También el señor García G a l l e g o s ejs p o s i b l e que se r e t i r e de la í Cámara I E l diputado sacerdote Sr. García Gallegos manifestó ante un grupo de periodistas que, después de la forma en que ayer se desarrollaron los acontecimientos, él, sintiéndolo rríucho, se verá en el caso de retirarse de l a Cftmara, a pesar de su republicanismo, bien demostrado, tanto en las votaciones como en sus discursos, y agregó que los periódicos no habían rectificado, a pesar de su empeño, unjas palabras que días atrás le atribuyó el S i l Guerra del Río, referentes a que el se había expresado en su discurso en contra la ¡Compañía de Jesús, interesándole te co nstar que él no dijo nada en cop dicha Compañía. v l e a Blanco y Üegr
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