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X B C. J U E V E S 15 D E O C T U B R E I I j D E T 931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 4 Y. Sin embargo, para el coronel Benito soy el responsable de aquellos incendios. Y tratándose de dicho convento de Areneros, más, puesto que le ordené salir en dirección contraria E l Estado Mayor me había propuesto, y yo aprobado, la distribución de las tropas por todos los sectores de Madrid, distribución que no puedo recordar en sus detalles. N o recuerdo tampoco que el coronel Benito me hiciese aquella- indicación, n i adonde irían los escuadrones de su regimiento. Pero de lo que sí. estoy seguro es de que ante el convento de Areneros estuvieron durante el día unidades de su mando. Quinta. Y por último, al leer yo la orden de disolución del regimiento y los nombres de los nuevos jefes y oficiales, pronuncié- -según el coronel Benito- -las siguientes palabras: Y a sabéis, soldados, que a éstos son los únicos que tenéis que obedecer y respetar y como arrepintiéndome de tales palabras, añadí: Bueno, respetar a todos Bueno, repito y o no me ocuparé de l a forma gramatical de esa expresión. Quizá alguna vez lo haga tan mal o aún peor. Pero es el caso que, como no soy orador y me daba cuenta de la gravedad del acto que tenía el deber de realizar, quise medir mis palabras, y para ello escribí, corregí y aprendí de memoria lo que me propuse decir, y una copia de aquel escrito fué- entregada por mí a mis superiores cuando se empezó a propalar esa insidiosa versión. Puedo, pues, reproducir aquí aquel escrito, que decía así: E l Gobierno de l a República, queriendo reducir los gastos que gravitan sobre el contribuyente, al mismo tiempo que reorganizar él Ejército dándole lá eficiencia que l a Patria tiene derecho a exigir, ha acordado reducir el número de sus unidades, haciendo de cada dos regimientos uno, por lo que muchos de vuestros jefes y oficiales tendrán que dejar de serlo, sin que esto sirva para que la más ligera sombra empañe su prestigio ni su dignidad profesional. Les debéis respeto y consideración, lo mismo que a todos los demás jefes v oficiales del Ejército; pero en lo sucesivo, y para los actos de servicio del regimiento, reconoceréis como vuestros superiores a los que figuran en l a relación que se os va a leer, por ser así la voluntad del Gobierno de l a República. E s decir, primero, una satisfacción pública, que creí había de agradar a los que cesaban. en los mandos. Después, la fórmula de ritual para dar a reconocer a los jefes de los Cuerpos. Como se ve, no se parece mucho a l a versión que el coronel Benito da en su escrito, sin duda por la impresión que le produjo su cese en el mando, de que le había dado cuenta previamente en una reunión de jefes y generales celebrada en Capitanía, razón por la que no acudió al acto del cuartel al frente de sus tropas. Se comprende su disgusto, tras de los j u ramentos que, por su honor, me había hecho de servir a la República con el mismo entusiasmo con que había servido a la M o narquía... M e permito llamar la atención sobre un detalle que puede servir para juzgar de las palabras que en m i boca pone el coronel Benito: Yo no leí l a orden de disolución ni l a- I- elación de los nuevos jefes y oficiales se leyó ésta después de haber dirigido la palabra a las tropas Perdone, señor director, la longitud ds esta carta, necesaria para que l a opinión, que nos conoce á todos, nos juzgue y forme juicio también sobre las acusaciones que, sin saber el fin que persigue, lanza sobre mí el coronel Benito. L e anticipa las gracias y queda de usted, con J a mayor consideración, atento seguro servidor, Gonzalo Queipo de Umo. UNA CARTA D E L GENERAL OUE 1 PO DE LLANO E l general Sr. Queipo de Llano nos ruega l a publicación de l a siguiente carta, contestación a l a que envió al Sr. Alcalá Z a mora el coronel De Benito: Marmolejo, 10 de octubre de 1931. Señor director de A B C. M u y señor mío: Con verdadero asombro leo, en el número de ayer de ese diario, l a carta con l a que el coronel Benito pone de manifiesto su queipofobia, que no me da frío n i calor, con l a que corresponde a todas las atenciones que con él, como con todos los jefes de Cuerpo que sirvieron a mis ordénes, tuve durante mi mando de l a Capitanía general de l a primera región. Apelo a l a reconocida caballerosidad de usted para que dé publicación a esta carta, con l a que, aprovechando l a ocasión que se me brinda, se pondrán en claro hechos que sirvieron de base a l a campaña de i n sidias que se ha hecho, y se hace, contra m i modesta persona; insidias que, en hojas anónimas, han llegado hasta l a infamia, demostrando quienes recurren a tal procedimiento que carecen, o al menos se olvidaron, de l a dignidad. Contestaré por partes las caprichosas afirmaciones del coronel Benito. Primera, ...se encontró con un juez nombrado por dicha autoridad para invest i g a r si era cierta una denuncia que contra él hicieron unos guardias cívicos; este juez comprobó que l a denuncia era falsa, y el ¡capitán general no dio al coronel n i l a más pequeña satisfacción. Se me denunció que en el regimiento número 19 se había obligado a la tropa a ir formada a misa al día siguiente de haberse ordenado que tal asistencia fuese voluntaria, y tal acusación no era contra el coronel Benito, sino expresamente contra el capellán, quien, naturalmente, no podría haberlo ordenado sino por medio de algún oficial de servicio. Llamé a dicho coronel y le encargué me informase de lo ocurrido, y a l volver para decirme que era una i m putación absolutamente falsa, me rogó- -con tal insistencia que no quise negarme a acceder a tal ruego- -que se nombrase un juez, quien, ¿ras de las diligencias pertinentes, informó de lo injustificado de l a denuncia, como se lo hice saber al coronel Benito. ¡Darle una satisfacción! ¿Por qué? ¿Había sido yo el denunciador? A u n cuando escribí al gobernador civil Sr. Ortega y Gasset- -que era quien me había enviado a los denunciadores- -para que indicase a éstos que se me- volviesen a presentar, no se pudo saber quiénes fueran aquéllos, lo que también hice saber al coronel Benito, quitando importancia al asunto. Segunda. E n cuanto el coronel Benito me dio cuenta de las ofensas que a él y a sus oficiales había inferido un capitán en cierto escrito publicado en un periódico, no impuse un arresto al autor, sino que, eni cumplimiento estricto de m i deber, llevado en tal caso con sfacción, puesto que se trataba de inferió: míos injustamente u l trajados, ordené que tal capitán pasase a Prisiones Militares, a l a disposición de un juez nombrado al efecto. Dicho juez, en uso de sus atribuciones- -conforme a ley- puso al capitán en libertad, y cuando el coronel Benito se me quejó de tal determinación le conté lo ocurrido y le dije que yo no podía influir en el ánimo del juez instructor, quien puede atestiguar- -yo no sé quién es- -si le hice, indicación alguna que influyese en sus determinaciones o para que tal sumaria duerma el sueño de los justos Tercera. Recibí, a las doc e l a soche. á r orden- para que quitasen el mando del regimiento al coronel Benito y se encargase de aquél mi ayudante el teniente coronel D Juan Mateo. Con todo el respeto debido a mis superiores rogué que se le conservase en el mando, y tuve, una gran satisfacción al accederse a mis insistentes ruegos. Como, al ordenar que saliesen escuadrones sueltos, me pidiese el coronel i r con ellos y yo le dijese que fuesen al mando de sus jefes naturales, ante su insistencia en salir le dije que, dado lo mucho que. se había significado en hechos recientes, su presencia en l a calle al frente de las tropas podia dar origen a incidentes que era preciso evitar. D e tal probabilidad puede dar fe el que, ante el convento de Areneros, produjo la presencia del teniente P r i m o de Rivera, a quien- -creo recordar- -se ordenó- -n o por mí- -que se retirase al cuartel. Cuarta. Otra acusación que me indignaría, si no me hiciera reír, es aquella con la que se me ha combatido, de que se quemaron los conventos por culpa mía, acu- sación. que pretende reforzar el coronel Benito cuando dice: E l día de los incendios, y con su regimiento formado, dio parte al capitán general de que se preparaban a i n cendiar el convento del paseo de Areneros y recibió orden de salir en dirección contraria Cuando en la noche anterior atentaban las masas contra l a tranquilidad pública en la Puerta del Sol, por propio impulso ordené a los regimientos de Caballería que estuviesen dispuestos para salir a la calle si se recibía orden al efecto del Gobierno, único que lo podía disponer en aquellas circunstancias, y lo mismo hice en la mañana de los incendios. L a orden para declarar el estado de guerra la recibí ese día a las doce cuarenta, y a esa hora di orden para que saliesen las tropas a la calle. Quien se moleste en averiguar l a hora en que se realizaron tales i n cendios se dará cuenta de la ligereza con que se me lanza tal acusación. E l general Orgaz podrá explicar al coronel Benito cómo se evitó el incendio d e l convento de los jesuítas de Chamartín y por orden de quien, así como las circunstancias que mediaron en el de las monjas del Sagrado Corazón, único que se quemó después de encargarme yo del mando, a pesar de tener pitias que suficiente protección por mí enviada. PARA IÍA TOS no existe remedio como las acreditadas PASTILLAS B O r M L D clorofcorosódicas, mentol v cocaína. I HOTEL PARÍS I MADRID I TOTALMENTE REFORMADO TODO CONFORT PRECIOS MUy MODERADOS Habitaciones con baño desde 10 ptas. Pensión completa, 25 ptas. Gran restaurante. Selecta cocina. Alcalá, 2; Puerta del Sol, 1. 8 anco Hipotecario de España Seguro de amortización de las Cédulas del 6 por 100. 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