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A B C. V I E R N E S i6 D E O C T U B R E á l a votación, sino que se suspenda, para continuarle mañana. E l Sr. G A L A R Z A manifiesta que los radicales- socialistas eran opuestos al antiguo dictamen, y, por tatito, a la enmienda del Sr. Sanchiz Banús, en lo. referente a. la desigualdad de derechos en hombre y mujer, para solicitar el divorcio. Declara que jamás una mujer ha negado a su abogado las causas de su solicitud. Cree que esta discusión ha pecado de exceso de literatura. E l P R E S I D E N T E dedica elogios a l a forma como se ha desarrollado el debate, estando la dignidad de la discusión a la- altura de l a dignidad del tema. Y propone que la votación se celebre en la tarde de hoy, ya que hay muchos diputados ausentes. EÍ Sr. C O R D E R O señala lo irregular del procedimiento, pero sometiéndose a lo que decida la presidencia. E l Sr. J Ü S T recuerda el caso de una votación en un debate sobre Canarias, en que los Sres. Cordero y Saborit impusieron el aplazamiento. E l Sr. P É R E Z M A D R I G A L afirma que no es justo que los diputados que, cumpliendo con su deber, permanecen en los escaños, tengan que sujetarse a los que no lo cumplen. E l S r A B A D C O N D E en nombre de los radicales, dice no vé inconveniente por que se vote inmediatamente la enmienda. E l Sr. P R E S I D E N T E Ante esa declaración de l a minoría radical, no hay más que votar. E l Sr. J U S T protesta, y habla, de nuevo del caso de Canarias. E l Sr. S A B O R I T manifiesta que no hay paridad. Y añade que el voto no es definitivo, porque se trata de una enmienda. L o que ocurre- -dice- -es que los socialistas tenemos las actas para permanecer aquí. (Aplausos. E l Sr. M A U R A señala el he- ho c s que un asunto trascendental salga a las diez de la noche votado por escaso número de d i putados, tratándose de un grave precepto constitucional. ¿S e trata de ganar l a votación? -pregunta. (Denegaciones de los socialistas. -Pues aplacemos ésta. E l Sr. C O R D E R O Y a dije que no se trataba de hacer pesar nuestras fuerzas. L o que nos interesa- -añade- -en infinidad de debates, es formar la conciencia de la opinión alrededor de nuestras ideas. N o nos importa nue la votación se aplace. E l P R E S I D E N T E en vista de esto, suspende la sesión, a las diez de la noche. D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PÁG. se. -Ya acudí; pero le dan la razón a ét E s el marido. -H a y tribunales. j- O h señor... para una pobre... E r a verdad. Sellé los documentos, extendí la autorización de embarque y se los d i L a mano nudosa y enrojecida, santa por todas las caricias que había dado en vez de pan a sus hijos, y santa por haberse deformado en el esfuerzo de mantenerlos, se cerró ávidamente sobre aquel posible permiso para ser feliz. Y o separé aquel matrimonio. Deshice- -espero que habrá sido para siempre- -la unión martirizante y monstruosa. Y no me he arrepentido. S i alguna vez tengo que citar una buena acción mía contaré, esa... -W. Fernández Flores. ellos se relaciona con sus teorías acerca del matrimonio y del amor. E l amor y a no es ese sentimiento aburrido, falsamente seráfico y relleno de versos que describe el ilustre abogado. E l amor cambia con los tiempos, como cambia l a familia, l a propiedad y todos los fundamentos sociales. E s imposible hablar del amor, de hoy con el mismo criterio de hace cincuenta años. Wherter nos parece absurdo, y rechazaríamos, incapaces de soportarla, a una criatura que t u viese el corazón de crema, y el alma de mermelada de las heroínas de Lamartine. L a feliz naturalidad de nuestro siglo vale mucho más aunque tampoco es una meta, sino uno de los avatares del sentimiento amoroso que camina- -como todos los otros- hacia una perfección todavía lejana. Hoy, el que quiera saber algo del amor que no i n terrogue a un poeta, sino a una médico. P a r a mí es muy difícil afrontar el tema del divorcio. Podría parecer que mis teorías procuraban justificar un golpe de hacha que d i cierta vez con el nudo gordiano del. matrimonio. Porque yo- -hace años- -divorcié a dos seres. Entonces era yo oficial en la Junta de emigración de L a Coruña, y tenía el deber de inspeccionar los documentos de. los que se expatriaban. U n a tarde llegó a la ventanilla una mujer a la que no hizo falta interrogar largamente para saber que los papeles que presentaba no eran suyos. M i deber era retenerlos sin autorizar el embarque y así lo hice. Entonces la desdichada rompió a llorar calladamente y confesó. Estaría próxima a los treinta años; pero representaba muchos más, envejecida por el trabajo y por la miseria. Se había casado con un hombre que, al cabo de algún tiempo, enamorado de otra mujer, abandonó el hogar. Sola con sus tres hijos, la esposa buscó el medio de alimentarlos y aceptó las; tareas más rudas. Asistía a algunas casas, cosía durante la noche y al amanecer lavaba en el río, entre la niebla que se filtraba hasta sus huesos, toda ella aterida, rota, hambrienta... E r a la persecución obsesionada y jadeante del pedazo de pan para las tres bocas infantiles. EL AHORRO POPULAR Están ya publicadas las Memorias y balances de las principales Cajas de Ahorros y de los Bancos que admiten servicio de l i bretas de dicha clase y se puede hacer un J E resumen bastante aproximado del número de TM imponentes y del capital que éstos tenían ahorrado en 1930. L a Memoria del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Madrid, en unión de la de la Caja Postal de Ahorros arde M a d r i d y algunas otras, facilitan los prin- V cipales datos. L a Caja Postal es, con l a de Pensiones para la Vejez, l a de Ahorros de Barcelona, la que expresa mayores índices en el número de imponentes y capitales. Solamente la Postal, que tiene 1.1 S 5 oficinas, cuenta con 906.300 titulares, que poseen 270 millones de pesetas. E l número de Cajas de Ahorros españolas es alrededor de 200, cifra mantenida con escasas variaciones durante el último quinquenio, predominando las Cajas de A h o r r o de los Montes de Piedad, de Acción Social y de Sindicatos A g r í colas. Los Bancos ocupan el 20 por 100 del número de establecimientos de esta clase. A c o t a c i o n e s de oyente un E n el espíritu de mi respetable amigo el Sr. Ossorio y Gallardo, la implantación de la República ha producido una dulce enfermedad: la diabetes. Todo es azucarado, cuando habla en el Congreso; sus palabras rezuman cortesía melosa, insistente, acariciadora y humilde. Llamar elocuentísimo a un orador, es para él muy poca cosa; adjetivos brillantes, expresiones aterciopeladas, encomios de triple estallido como las bombas de las romerías, brotan en surtidor de su boca. Habla, y caen en catarata por las escalerillas de los escaños arroyos de caramelos de los alpes y, especialmente, gusta de pedir perdón por intervenir en los debates y de dar gracias por ser escuchado, como si de verdad esperase que, al comenzar su discurso, el presidente se lanzase con furia a golpear unos timbales, y los diputados le volviesen la espalda o abandonasen el salón. Más que educación extremada, las amabilidades del Sr. Ossorio y Gallardo revelan algo así como susto. Tengo muchos motivos para admirar el talento del Sr. Ossorio; pero ninguno dé E n el último quinguenio hay evidente progreso, no sólo en el número de titulares, sino en el de las cantidades acumuladas por el ahorro popular. E n efecto, en 1926, existían 2.450.000 titulases con 1.976 millones de pesetas, que al siguiente año pasaron a Alguna vez aparecía el marido en la casa 2.645.000 y 2.320 millones; en 1928, a dos, y se llevaba ropa y utensilio o algún muemiLones 920.000 y 2.550 millones, y en. 1939, ble que se pudiese vender. Cuando ya no quea mas de tres millones de titulares y más dó nada por lo que un trapero pudiese darle unos céntimos, aquel hombre esperaba a de 3.000 millones de pesetas, cifras que al finalizar el año próximo pasado superan basla infeliz los sábados, cuando cobraba su tante, no sólo a los precedentes, sino a la jornal, y se lo arrebataba. N o siempre basmedia del quinquenio, puesto que los titula- taban las amenazas y entonces la golpeaba íes se acercan a 3.600.000 y el importe de con crueldad. U n a semana de vigilia, un essus saldos, a 3.420 millones de pesetas. fuerzo titánico y privaciones: el cuerpo dolorido, vacío el estómago, las rodillas abierSi se juzga, por la clasificación advertida tas, las manos agrietadas por los rudos traen las principales instituciones se ve que V bajos; una semana de martirio inútil, poren orden a su posición social son las m u- J que su fruto pasaba al bolsillo del explotajeres las que figuran en primera línea. Des- dor. Cuando aquella mujer llegaba a su casa pues los obreros, los niños y los sirvientes, no tenia que dar a sus hijos- -como la malos estudiantes, los empleados y los titudre del triste cantar gallego- -más que besos lares del comercio y siguen luego las moy lágrimas. distas, los militares, los maestros, los labradores y los industriales. A l g u n a clase meY a seguir trabajando y a pensar: el pedia figura en proporciones reducidas, enqueñín podrá tener unos zapatos y los zacontrándose entre ellas los abogados, los patos del pequeñín se los llevaba el marido. artistas, los farmacéuticos, los marinos, los Entonces pensó en huir. U n a vecina ammédicos, los periodistas, los. sacerdotes y los pararía a. las criaturas hasta que ella enviareligiosos. se dinero de América. E n América no tendría que temer al hombre al que estaba unida Pero lo que se destaca fehacientemente es el crecimiento total del ahorro español, como para siempre. L a misma vecina le facilitó queda consignado, y esto es buen síntoma, sus documentos y el dinero preciso para el porque el ahorro popular es y a en España viaje. un elemento de importancia dentro de la esContaba esto y temblaban todos los músfera económica. culos de su cara y de su pobre cuerpo martirizado. N o hay datos para deducir el movimiento de las Cajas de A h o r r o desde la implanE r a la angustia de saber que no había retación del nuevo régimen político, y no se medio. puede, por tanto, juzgar con certeza del re- ¿Porqué no acudió usted a las autoriflejo que en este sector haya tenido el acondades? -le dije. tecimiento. Sabemos, sin embargo, que algunas instituciones importantes de esta na- turalcza acusan ahora alza en el capital de su pertenencia. v