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TRISTE DESTINO E L DE LA MAYOR PARTE D E XGESTROS MONUMENTOS NACIONALES H O Y ES UNA P I E D R A MAÑANA OTRA, Y ASI CADA DÍA QUE PASA ES U N PASO MAS H A CIA LA M U E R T E (FOTOS BARBERA MASIP) el pueblo industrial, que convierte la pirita en viguetas y columnas de hierro. A Occidente, en el alto, como dominándolo todo con e! gesto gallardo del heroísmo, el castillo que pregona el temple de los hijos de España. Entre el mar y la Acrópolis, el poblado de hoy, el pueblo moderno de mercaderes e industriales, el que parece descansar a la sombra de pretéritas grandezas bajo el sol brillante levantino y respirar la brisa azoada del mar de la civilización. Recuerdo que, de niño, al escuchar de labios de mi maestro la trágica odisea saguntina, íbame en trasportes imaginativos a la colonia romana del pasado, que aún no conocía, y componía el escenario de la tragedia con las galas más ricas que mi infantil imaginación hallaba en el joyel de su fantasía. Marché a Sagünto un día, y al siguiente, al presentarme otra vez ante mi maestro, llegué a compadecer su patriotismo. Sagunto no era el que yo vi a través de sus palabras: era un montón de piedras que se desmoronaban, El presente. Hoy, ya un hombre, he sabido de profanaciones, de desacatos artísticos. He. visto capiteles que por sí solos representan siglos de la Historia de España servir en construcciones. No faltarán jalones en los caminos que marcarán kilómetros con innobles manchones de brea o de betún y pertenecerán a la nobleza más rancia de la Arqueología. El teatro romano construido en la ladera, entre la ciudad y el castillo, que ostenta sobre la puerta abierta en una valla antiestética el pomposo título de monumento nacional, se hunde materialmente Es verdad que por acuerdo muy discutido de las Cortes de Cádiz, y en vista del inevitable ataque de las tropas napoleónicas, hubo de demolerse el pórtico y la galería alta, aunque la defensa del castillo resultó insuficiente, pues las tropas francesas lo atacaron y convirtieron en uno de sus más sólidos abrigos. Claro que el graderio, por estar tallado en la montaña misma, resistirá siglos y siglos; pero la obra de fábrica, lo que queda de los pórticos, de la escena, eso se va perdiendo con relativa rapidez. Triste destino el de la mayor parte de nuestros monumentos nacionales. Cierto que en el castillo se han hecho algunas excavaciones y descubierto algunas bellezas ocultas. Pero qué poca cosa es todo esto para tanta riqueza artística! No sirva esto de censura a los conservadores del monumento. Otros he visto yo mucho más desamparados. No conozco detalles para bien juzgar. Escribo como quien llega, ve y sufre al contemplar. A nadie acuso. Si hubiera de acusar sería el mismo Estado el acusado. E l ministerio de Instrucción pública y Bellas Artes debe presuponer la cantidad necesaria para una eficaz conservación, interviniendo en ella, no dejando hacer y deshacer. Descubrir bellezas escondidas es muy interesante; pero dejar que se pierda lo descubierto es casi, casi, un delito. Me ha llamado la atención el pabellón de cemento que se ha construido en el recinto del castillo para servir de Museo saguntino. Bueno; el cemento, como el asfalto, ponen un, sello de modernidad que va muy bien en estos tiempos en que las más disparatadas cosas tienen aceptación. Alguien que me acompañaba se indignó. Y o me remití a sonreír y atajar su indignación con estas palabras: -Usted es un viejo, amigo mío. Recuerde que por aquí han pasado todas las civilizaciones y han dejado vestigios. Ahora acaba de pasar la del cemento. v El porvenir. Hoy es una piedra; mañana otra, y así cada día que pasa es un paso más hacia la muerte. Por mano de los hombres ha nacido un molino celta, un templo... Joyas del pasado enterradas en vida. Eso está muy bien. Pero es necesario no olvidar que otras joyas sucumben y nunca más podrán desenterrarse. HIPÓLITO T Í O SÁNCHEZ