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-I No me puede usted informar del procedimiento? Quizá me conviniera ser su socio capitalista. ¡ü. s de resultados infalibles! Y a he ¡hecho una prueba sensacional. Permanece ignorada, porque no quisieron dar la noticia los periódicos. Los periódicos, créame, no publican más que lo que han publicado antes otros periódicos; las cosas nuevas las rechazan. Si lo sucedido llega a tener publicidad, estos parajes, de San Sebastián a Bayona, serían los más. poblados del mundo. Multitudes inmensas vivirían en la comarca para dar el. prodigioso salto que a mí se me ha ocurrido para no morirse nunca. ¿Y de qué modo... -A eso voy. Me enteré hace un mes de que un íntimo amigo mió, de Irún, estaba muy delicado. E n realidad, no era viejo; pero vivió de la taquigrafía, y los discursos fueron poco a poco minando su organismo. Llegué a Irún y encontré un agonizante. Vivirá hasta las cuatro dijo el médico. Eran las dos. M i pobre compañero de los días juveniles se debatía a la desesperada, se agotaba poco a poco. E l dolor de perderle me tuvo como atontado. Oí sonar una campanada: eran las dos y media. A l desgraciado sólo le quedaban minutos. L a tensión nerviosa hizo brotar la idea... Dando un grito de júbilo- -otro ewreka! corrí en busca de todos los médicos que residían alrededor. Examinaron al desgraciado y los reuní en consulta. N o me interesan el diagnóstico ni el tratamiento -les dije- L o que quiero saber, eso sí, con la mayor fijeza, es el tiempo exacto que le queda de vida. Morirá a las cuatro corroboraron unánimes los galenos. Entonces- -exclamé loco de contento- -rio se morirá. Se fueron, mirándome con lástima. Preparé un automóvil, arranqué- de la cama a mi entrañable cama- rada, le instalé, en el vehículo y corrí a la frontera. Allí esperamos. E l enfermo presentaba los trágicos signos del final. Sus estertores iban en aumento. Y o miraba con ansiedad el reloj. A las cuatro menos cinco puse en marcha el mito, atravesé el puente sobre el Bidasoa y entré en Francia. Usted sabe que la hora francesa de verano se adelanta con respecto a la española. E n Francia eran las cinco. M i amigo, que debía morirse a las cuatro- se vio en la imposibilidad de hacerlo. Además, había pasado una hora; por lo tanto, permanecerá en el mundo por los siglos de los siglos. Hubo un minuto de silencio, quizá en homenaje al Inmortal desíonocido. -Si no le conviene a usted explotar este asunto, tengo otro de la misma clase. Son los. que pueden dar dinero en cantidad, porque todos apreciamos la existencia... Se lo ofrecí, al Patronato de Turismo- ya sabe usted lo que es la burocracia... Me lo rechazaron. Volvió a abrir su voluminosa cartera. -E l problema de vivir indefinidamente no es tan difícil como se supone. No está bastante estudiado; eso es todo. Aquí tiene u. ted las estada- ticas de mortalidad. L a estadística no miente nunca, es una ciencia ura y son inconmovibles las deducciones asadas en sus cifras. Pues bien; la estadística registra que en Soria no ha fallecido nunca un finlandés; ni ha muerto jamás un extremeño en Java; ni un escocés en Alcalá de Henares. Esa es la irrefutable demostración de que los finlandeses deben residir en Soria, los extremeños lian de ir a Java y los escoceses a Alcalá. Como en esos sitios no fallecen, su existencia se dilatará cuanto dure la del planeta. Calcule usted el movimiento económico que eso traería consigo: transportes, ventas y compras, construcciones, equipos de ropa y menaje, créditos para la aclimatación... E l traslado y establecimiento de tantísimas personas ha de producir un verdadero oleaje de millones. Con una pequeña subvención del Patronato de Turismo podría empezarse a trabajar la idea. Pero... -Es un maravilloso proyecto, y admiro la seriedad científica, de su base. Muy digno, aboné todo el consumo, lo que me atrajo fórmulas corteses de grati tud. El flaco me dio su tarjeta. -A sus gratísimas órdenes. ¿Es usted vasco, según veo? -Sí, señor; le chocará el apellido. Treinta y tres letras... -nNuncá ¡he podido penetrar por que son tan largos los apellidos vascos. -Muy sencillo. Se forma n por aglutinación. El que haya algunos demasiado extensos depende de que los vascos son una raza orguillosa. -Me gustaría que ampliase su tesis. -Le pondré el ejemplo de mis primos, los hermanos Aguirre. Murió Aguirre y dejó siete hijos. E l mayor, para que no le confundieran con su padre, acordó que se. llamaría Aguirrezabala. E l hermano que le seguía en edad no quiso ser menos en particularizarse y se agregó una sílaba: Aguírrezabalaga. FJ tercer hermano tampoco pod a tolerar que su apellido fuera idéntico a los otros. Y le reformó: Aguirrezabalagaitia. MÍ apellido será más largó que los de mis hermanos dijo con desdén el cuarto. Y le estampó a s í Aguirrezabalagaitiaechea. L a vanidad del quinto hermano estalló: Pues yo me llamaré Aguirrezabalagaitiaechandía ¡Y yo Aguirrezabalagai tiaechandíamendi! juró el sexto, que no cedía a los demás en ínfulas. E l menor, picado, agregó más sílabas. Y le resultó este apellido: Aguirrezabalagaitiaechandíamendigorrea... Como los vascos son prolíficos, cuando el Aguirre número siete tenga sus correspondientes siete hijos y la soberbia de éstos no les permita denominarse igual, excuso decir a usted la retahila que va a resultar- en el último nieto; de Aguirre. -S i se continúa indefinidamente la aglutinación de sílabas, llegará un momento en que será imposible... -Está previsto. Los alcaldes, cuando los patronímicos sobrepasan los ochenta centímetros, reúnen a la familia, bailan él aurreskn y los cortan con unas tijeras. Por eso los vascos se enorgullecen también de tener muchos apellidos, que le recitan a usted de carrerilla. Pero, en realidad, no es más que uno, fragmentado. E l séptimo Aguirre de quien hice mención se llamaría, después de la operación quirúrgica, Aguirre, Zabalagaitia, E c h e a ndía, Mendigorrea... ¿Comprende usted... -Falta otro dato filológico. ¿Cómo es posible soldar bien unas partículas con otras? -Todos los fragmentos de apellido son palabras comunes, y juntos forman una oración gramatical. Hay quién se llama, traducido, el pozo de la plaza, frente a la herrería o montaña de heléchos junto al río Lea mi tarjeta: Iturriberrigorrigoicoerrotaberricoechea. ¡Sabe lo que quiere decir? Te aguardé hasta las cinco y me tuve que ir a la fonda, porque tenía q. ue escribir unas cartas Estábamos ya de pie, y con mutuas finezas nos despedimos. E l desconocido se sentó a otra mesa, donde había un señor solo. Sus ojitos. vivarachos se pusieron en movimiento; todas sus aristas- -hombros, codos, rodillas- puntas de cartabones, agitábanse ante la presa. -Pour moi, thé complet. Su voz, alta, descarada, agradable, acompañaba la acción de, sus dedos, falanges introducidas en la cartera para ofrecer, etcétera c c. TOMAS B O R R A S (Dibujos dé Esplandiú.
 // Cambio Nodo4-Sevilla