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DIARIO ILUSTRADO A Ñ O VI G E SI M O S E P T I M O 10 CTS. N U M E R O FUNDADO E L i. D E JUNIO D E 1905 P O R D T O R C U A T O DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SI M O S E P T I M O 10 CTS. N U M E R O LUCA D E TENA LA RECONCILIACIÓN MUNDIAL U n ejemplo admirable Tirios y troyanos, cualesquiera sean nuestras convicciones, habremos de convenir en que el mundo pasa por circunstancias dificilísimas, cada vez m á s graves. A las luchas internas, que convierten a los ciudadanos de cada país en verdaderos enemigos, se unen los recelos y suspicacias de nación a nación, de pueblo a pueblo. Sj en épocas de prosperidad las diferencias internacionales son dañinas, cuando la Humanidad atraviesa por el período faraónico de las vacas flacas tales diferencias son mortales. E n J a adversidad se impone, como única solución posible, él olvido de las quejas recíprocas, incluso de las tradicionales e históricas. Sólo la unión y la reconciliación general podrán procurar la fórmula salvadora que permita vencer el mal y. preparar un porvenir m á s halagüeño. N o sólo en la Sociedad de Naciones, donde periódicamente se reúnen los directores de los Estados, sino hasta en los hogares m á s humildes se siente la necesidad de que para salir del apurado trance que sufren, sin excepción, todos los países, h a b r á de renunciar cada cual, en aras del bien común, a gran parte de nuestras particulares aspiraciones. Para no perecer precisa que, haciendo examen de conciencia y con resolución al sacrificio, l a Humanidad entera se muestre propicia a olvidar el pasado y a buscar un porvenir de paz y de armonía. L o mejor, se ha dicho siempre, es enemigo de lo bueno; así debemos pensarlo y practicarlo los hombres de más opuestas tendencias, cediendo y transigiendo, prontos a aplazar l a totalidad de nuestros ensueños, por lo menos, hasta que mejore un tanto la situación económica mundial. Mientras haya m i llones de seres humanos sin trabajo y sin medios, por lo tanto, de atender a su sustento, será infame que acrecentemos el mal imponiendo, terca y desaforadamente, nuestras respectivas doctrinas, o luchando sin piedad por vanidosas hegemonías. H o y más que nunca, después de veinte siglos de cristianismo, las palabras del Ángel aparecen como único lábaro salvador: Gloria in excelsis Deo, et in térra pax hoinínibus bonae vohintatis Que así lo sienten los m á s poderosos E s tados y los más preclaros estadistas pruébalo el hecho de las frecuentes visitas que de algún tiempo a esta parte lian dado cr hacerse los unos a los otros, y el afán y el fervor con que aconsejan la paz y. la concordia. E l trasiego de políticos y diplomáticos de P a r í s a Londres, de Berlín a P a r í s y- Roma, el recentísimo de P a r í s a Berlín y; el próximo de P a r í s a Washington, demuestran que ha llegado el convencimiento dé que los males que padecemos sen tan serios, graves y universales que no es posible paliarlos, ni menos resolverlos separada mente, siendo necesario aunar inteligencias y voluntades, confiando en el esfuerzo común, ya que el sufrimiento es general y colectivo. N u n c a como ahora se había evidenciado tanto la independencia de todas las soberanías. Aquella doctrina antigua del aislamiento internacional había fracasado ya hace mucha tiempo; pero al presente hemos tenido ocasión de comprobar que no hay medio de aislarse ni de substraerse, y que el m a l del prójimo llega rápidamente a minarnos, pese a toda clase de barreras, fronteras y medidas protectoras o prohibicionistas. E l librecambio se enseñorea en lo que respecta ados males económicos y financieros. De aquí que sean m á s imprescindibles que. nunca las- medidas en común, por medio- de las relaciones y de los pactos internacionales, L a terapéutica nacional, pop si sola, es impotente. Tiene que i r a c o m p a ñ a d a y concordada, con la de los demás países. É l problema es mundial, y los remedios han; de ser igualmente mundiales. L o fundamental es que nos convenzamos todos de que hemos de olvidar, definitiva y totalmente, los odios; de raza, de nacionalidad, de tradición y- de doctrina, y que deponiendo rencillas y antipatías históricas nos es forzoso trabajar sin descanso para ayudarnos y fortalecernos mutuamente, seg ú n lo demanden las necesidades del momento, sin recordar el pasado, que puede convertirse al presente en funesto consejero. Las represalias y las venganzas dieron siempre nefastos resultados. Los discursos cambiados v las notas oficiosas publicadas con ocasión del reciente viaje a Berlín de los Sres. L a v a l y ¡iriand permiten confiar que, al fin, comenzará una nueva era de amistosa inteligencia y concordancia mutua entre h rancia y Alemania. S i los dos poderosos Estados vecinos lograsen entenderse leal y sinceramente, la paz se consolidaría en Europa y mejoraría muy mucho el bienestar y la total economía europea. Los beneficios serían inmensos. L a obra de monsieur Briand para lograrlo es acreedora de los más encomiásticos elogios. Pese a los antecedentes históricos y a lo acaecido en nuestros días, M Briand, con admirable elevación y alteza de miras, viene haciendo cuanto es dable por obtener el icsvltado de paz que se anhela. Gran parte del pueblo alemán secunda ya el movimiento, si bien todavía hay masas organizadas que recuerdan con excedo l a pasada derrota. E eber de los demás pueblos es ayudar a que! á reconciliación se consolide. L a Comisión írancoaleniana. recién convenida, para el restudio de los problemas económicos y financieros, puede y debe abrir cauces a posteriores concordancias políticas. Hace falta llegar hasta el olvido del pasado. E n ese olvido, y en una colaboración sincera, estriba el triunfo de la civilización, qv- también, por desdicha, está en crisis. zelos. Hubo con este motivo festejos y recepciones. E n el banquete oficial el presiden- te Venizelos, entre otras manifestaciones importantes, dijo lo siguiente: La. amistad entre los dos paises, no sólo ha merecido l a adhesión de todos los partidos, y de todos los hombres públicos, sino también 1 a aprobación entera de los dos pueblos. Griegos y turcos podemos constatar con cierto orgullo que hemos sido los primeros en liquidar el pasado que pesaba sobre- nuestras relaciones, realizando la reconciliación completa y absoluta. No pretendemos presentarnos como modelo a las demás naciones, pero séanos permitido, sin embargo, creer que si nuestro ejemplo tuviese émulos entre aquellas a quienes separa todavía el pasado, la Humanidad ca. minaría ciertamente hacia un porvenir mejor. Ismet- Bajá, en su contestación, r e p l i c ó E l objeto de nuestra visita a Atenas ha sido, ante todo, buscar la ocasión de poiier de manifiesto en medio del pueblo helénico que la política de amistad y de buena inteligencia que perseguimos tiene por base convicciones sinceras. Nos congratulamos en declarar solemnemente que todas las diferencias que han podido separar los dos pueblos están, definitiva y absolutamente, concordadas. Tenemos el convencimiento de que la amistad y la cordial inteligencia entre los pueblos turco y griego se conforman con los verdaderos intereses de los dos países y son indispensables a la paz. Por la paz y la inteligencia entre griegos y turcos creemos consolidar la paz en los Balcanes y la paz internacional. N o cabe, expresarse en términos más gratos y precisos. E l día, que confiamos esté próxima, en que. empleasen términos parecidos el presidente del Gobierno francés y el del Reich alemán, renacería rápidamente el bienestar en Europa y en el mundo. M á s eficaz que el desarme sería la amistad. Impondría ésta aquél, haciendo innecesarios los- armamentos. E l ejemplo de Grecia, madre de la cultura europea, es admirable y merece ser imitado. L a reconciliación mundial es el prólogo indispensable del renacimiento de la prosperidad económica de los pueblos. J. P E R E Z- C A B A L L E R O San Sebastián, octubre, 1931. INTERPRETACIONES La República y ia nacionalidad Este estado de cosas, a los de fuera, nos da ia impresión de que esta nacionalidad se deshace... Solté la carta que un caballero desconocido, sin duda del país del P l a ta, me escribía, y no pude s u b s t r a é r m e l a! efecto, de una impresión, singularmente penosa. Urq. está habituado a recibir opiriio- né s gratuitas de sus corresponsales espont á n e o s se atienden, se olvidan. Pero las palabras de aquel lector americano me h i rieron en el mismo centro del alma. Volví a leerlas. ¿Será así como ven a E s p a ñ a de allá lejos? Como una nacionalidad que se deshace? ¿Como, l a cosa que ha perdido su trabazón y su coherencia y que se desmorona? Entonces, con un movimiento maquinal, abrí el periódico, y. fué como si el mismo destino hubiera guiado. mi mirada hscia l a noticia salvadora, U n hecho muy reciente abre de par en par el corazón a l a esperanza. Poco pueblos han tenido luchas m á s permanentes, enconadas y sangrientas que Grecia y Turquía. Representantes de dos culturas antitéticas han vivido desde el siglo x v el uno frente al otro, siempre en actitud hostil. Después de la última gran guerra, los dos pueblos, lucharon entre sí encarnizadamente, cor fortuna varia. A l fin decidiéronse a encí rrarse. cada uno en sus propios limites geográficos territoriales. Dirigidos al presente cada uno por personalidades de primera magnitud, Mustafá Kemal y Venizelos, lian logrado llegar a términos de perfecta y armónica amistad. E l sábado 3 del corriéi. te octubre, Ismet- Bajá, presidente del Concejo de la República turca, y Ruchi- Bey, ministro de Negocios Extranjeros, d e v o l v i é r o n l a! Atenas la visita oficial que pocos meses antes había hecho a A n k a r a el gran Vejuir