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TOLEDO. Los miembros del EN LA CASA DEL GRECO acompañados del gobernador Congreso Postal Panamericano, que visitaron la población y del alcalde. (Foto Albero y Segovia. fanatismo; el vuelo místico del Santo de Asís o de Teresa de A v i l a result- simplicidad ridicula en la beata ignorante. De igual modo la profunda concepción democrática de Castelar se hace grotesca en ese pobre hombre republicano que anda imaginando vulgaridades a cuenta de la República federal. Recelar o renegar del patriotismo por horror a los patrioteros resulta, por tanto, una insigne tontería. E l hecho cierto es é s t e que la Repúbli- Salamanca. E n la plaza Mayor se celebró el homenaje a la República. A l momento de entrar en el recinto las fuerzas que guarnecen la ciudad estalló una ovación, que aumentó al pasar la bandera. Pero cuando la ovación alcanzó mayor fuerza fué al entrar en la plaza la Guardia civil, a la que se dieron muchos vivas... A l hacerse el desfile se renovaron las ovaciones al E j é r cito, a España y a la República. Cuando pasó ante la multitud la Guardia civil se reprodujo el homenaje espontáneo de los miles de espectadores, que no cesó hasta que aquélla abandonó la plaza. Tal es el estilo con que opera el pueblo. H e aquí un pueblo que reacciona por su propia cuenta en el instante en que se siente como desamparado. L a expresión antes apuntada, de una nacionalidad qué se desha, ce, es desmedida, sin duda; pero al mismo tiempo es exacto que ese pueblo de Salamanca veíase desposeído de lo que fué siempre esencial a su existencia; le estaban hablando exclusivamente de la Rpública, y, en cambio, le hurtaban aquello qué forzosa y naturalmente debe formar el contenido i n tegral de la República: España, la Patria, la nacionalidad. Y entonces el pueblo (una muchedumbre de diez mil seres humanos) se nmparó en las ideas y en los símbolos que podían sujetarlo a la vida. Se puso a vitorear a España, a la bandera, a los soldados, a la Guardia civil. Patrioterismo. Desde hace mucho tiempo esta palabra sirve entre los españoles para salir del paso con ligera desenvoltura. Pero la palabra, por querer decir demasiado. casi siempre queda reducida a una frivolidad. N o hay que confundir el patriotismo con la patriotería. E l patrioterismo es cosa de necios. Así exclaman por ahí constantemente v con aire de gran suficiencia. ¿Quién puede dudar que la m á s alta idea cuntido se Don Luis Linares Becerra, gerente Españoles, exagera queda deformada v se convierte en de la Sociedad de Autores caricatura? L a religiosidad se transforma en que ha fallecido en Madrid. ca ha venido sin contar como quien dice para nada con la Patria, con España, con la nacionalidad histórica. L a República no ha pronunciado todavía con alguna solemnidad esta simple palabra: Patria. Hasta se podria decir que trae un modo de resentimiento contra el patriotismo, tal vez porque confunde a la Monarquía con el nacionalismo (dándoles, sin querer, la razón a los que opinaban que E s p a ñ a y la Monarquía eran consubstanciales) Pero lo m á s grave del caso es que la República se ha encontrado al llegar con esta realidad terrible: en ausencia y por dejadez o renuncia, de un nacionalismo totaíista, de un vital nacionalismo español, se han puesto de pie los nacionalismos comarcales. Es decir, que a falta de un patriotismo de la nacionalidad española se alzan los otros patriotismos particulares con una fuerza verdaderamente triunfal, con una energía (véase el fenómeno de Cataluña) tan grande como la de la. Italia fascista. L a misma G a licia, por boca de algunos de sus hombres destacados, llega a expresar su menosprecio frente a la idea de E s p a ñ a Que es como reproducir la triste escena del fabulista: el pobre león viejo y enfermo a quien el asno le asesta impunemente una patada. De ahí le viene a la República su mayor debilidad. H a creído qué le bastaba con. ser República; no ha pensado que necesitaba ser principalmente República española. T a n pronto como la revolución francesa- tropezó con los enormes peligros brotó la canción inflamada que comenzaba diciendo: ¡M a r chemos, hijos de la P a t r i a! Y con aquel fervor de la Patria en peligro m a r c h ó F r a n cia, en efecto, contra todos los adversarios de Europa. L a República en E s p a ñ a no ha tenido la suerte (yo creo que hubiera sido para ella una suerte) de tropezar desde el principie con alguna seria dificultad internacional a ta República, y a España toda, nadie les ha hecho gran caso en esta tica- (Foto Alfonso.