Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E S 1 MOSEPT 1 MO 10 C T S N U M E R O DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O V G E SI M O S E P T I M O 10 C T S N U M E R O F U N D A D O E L i D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A CRISIS T O T A L E l momento es muy critico... (De los periódicos de todos los días. NIÑOS Y ANCIANOS E l Estado se encargará, de proteger a los ancianos y a los niños desatendidos. PROBLEMAS Las Cortes han resuelto el problema religioso. Tremenda palabra que nos persigue a todas partes y en todo momento: crisis. Y s i quiera fuese una crisis nacional; si fuera la M o n a r q u í a la que ha quebrado; si se pudiera hablar solamente de la crisis en el campo andaluz, o de cualquiera otra terrible crisis por el estilo. Pero es el mundo entero, es toda la civilización con todas sus ideas y todos sus pilares sustentadores lo que está en crisis. ¿Y es en estos momentos, amigos míos, cuando os habéis arriesgado a reconstruir una E s p a ñ a nueva y una sociedad más fuerte y dichosa? Sólo por creerlo e intentarlo merecéis y a el nombre de héroes. Se siente el crujido de las cosas, de aquellas cosas que se consideraban m á s inexpugnables. Y l a función de leer supone cada día m á s una invitación a la perpiej i d a d y al estremecimiento. Abrimos el periódico o el libro, y previamente nos preguntamos con miedo: ¿qué nueva cosa nos va a i aliar? U n día nos sorprende l a derrota de la libra esterlina, l a quiebra de la disciplina de la escuadra inglesa, la c r i sis de Inglaterra; ha crujido una de las columnas m á s vigorosas del mundo. Bien, es una catástrofe. Pero es que Alemania había crujido antes. Y también en Nortea m é r i c a se habla de fracaso. Y toda la América, española hierve en revoluciones histéricas y agoniza en una espantosa p r i vación de dinero. E n tanto que Francia, la única roca que sobresale en el naufragio, abrazada a su enorme talega de oro, y p i diendo fuerzas á su profundo espíritu conservador, tiembla de un íntimo espanto. C r i sis de las grandes potencias. S í y de las pequeñas también. Crisis de todo. ¿Del capitalismo? S í crisis del capitalismo y del l i beralismo burgués. Pero también del socialismo. Aquí de Oswaldo Splenger: l a C i v i lización occidental se halla en decadencia... Y entonces todavía se nos niega el. derecho a buscar l a fe en el otro lado, porque también el Oriente está en c r i s i s P o r eso admiro yo tanto a esos envidiables compatriotas, que a n t e cada cosa que falla se sienten llenos de gozosa conformidad y se les agranda el optimismo. E l militarismo está en crisis. H a hecho crisis el nacionalismo. Crisis del catolicismo. C r i sis de la burguesía. T a m b i é n está en crisis el matrimonio. E l viejo concepto del amor ha fracasado. Y el viejo sentido de la propiedad. Y el antiguo sentido de l a autoridad, del mando. Crisis total. Y ahora, ¿será suficiente que unos cuantos hombres se re unan sobre las ruinas de las cosas que se han desplomado para que toda una vasta nación obedezca mansamente y se ponga a crear nuevas cosas y nuevas ideas? ¿Pero qué va a crear, si en el mundo no existen materiales creadores a los cuales se pueda echar mano? L o primero que necesitan comprender estos hombres admirables y heroicos es que no fué la Monarquía la que hizo crisis, l a disolución de la Monarquía española (como un terrón de azúcar se d i suelve en el agua) no fué m á s que un efecto espectacular de este hecho terrible: c r i sis ele la nacionalidad de España. Y sobre este hecho necesitan enderezar sus trabajos. JÓSE M S A L A V E R R 1 A Pero esta protección del Estado, ¿q u é forma ha de adoptar? Esperamos curiosamente las leyes que fijen y desenvuelvan los principios dibujados en la Constitución, porque de ellas depende l a generosidad de las realidades. Abstractamente, aun sin haberlo precisado en las ordenaciones fundamenta les del país, todo estaba ya admitido y en práctica. L a colectividad protegía al anciano y al niño. Pero faltaba verdadero amor en este amparo. H a b í a hospicios. Pero venían a ser algo así como puertas de escape, poco notorias, por donde innumerables vidas infantiles se evadían. Con triste periodicidad los diarios publicaban informaciones espantables, estadísticas de mortalidad escalofriantes. E l escándalo era breve. Se ordenaba una visita de inspección. E l ministro facilitaba una nota a los reporteros. L o s directores del hospicio hablaban de l a tacañ e r í a oficial, de la escasez de recursos. L a tierra que caía sobre tantos cuerpecillos sepultaba también la actualidad del asunto. Y hasta otra hecatombe. H a b í a asilos también. Viejos olvidados de todos disponían de un poco de sol en el patio de un edificio, de ropa limpia, del calor de un lecho. Alguna vez un proveedor codicioso- -como ahora ha ocurrido en A l i c a n te- -envenenaba a diez o doce con unos embutidos en putrefacción. H a b í a de todo. Pero la caridad que se ejercía, era mezquina, glacial, insuficiente y avergonzada. N o se proponía preparar las vidas jóvenes o dar a ú n ilusión de felicidad a las que se extinguían, sino que, en realidad, venía a arrinconar, a ocultar algo que estimaba desagradable y molesto. E s preciso hacer otra cosa. Es preciso, sobre todo, poner amor en este amparo. N i humillar ni servir indiferentemente una manta y un trozo de pan. Ese sentimentalismo de falsa exaltación que se ha vertido ahora sobre los delincuentes sería muy recomendable- -más sincero- -si se refiriese al desvalimiento de la infancia y de la ancianidad. P o r el mundo adelante hay ejemplos a seguir, porque la verdad es que ahora i n tentamos resolver en E s p a ñ a problemas que están ya suavizados en otras muchas naciones. Entre el viejo asilado español y el viejo que en la capital de Noruega dispone de su habitación limpia y cómoda, en la que puede recibir a sus amigos para tomar el té, hay un abismo: el que separa a la ternura del frío deber oficial. E n Alemania, un anciano puede elegir entre los múltiples y confortables retiros que el Estado le ofrece- -algunos instalados en hermosos castillos que han pasado a ser propiedad del país- -aquel que por su clima o por cualquier otra razón m á s convenga a su salud o a sus gustos. Y en las páginas de A B C heñios procurado describir el sencillo confort y la dulce vida de las asiladas en. un pueblo de F r i s i a en Holanda, a cada una de las cuales se le procura la impresión de que son dueñas de un hogar, instalado, dentro del edificio común, en pequeñas habitaciones pulcras y embellecidas. H á g a s e todo; por amor, no por deber, sintiendo en el fondo de nuestros corazones la aflicción ajena. W. F E R N A N D E Z F L O R E Z L a vida es un continuo problema; y menos mal cuando la adversidad se complace en creárnoslo sin que nosotros hayamos contribuido a ello. E l que puede culpar a su mala estrella siente un lenitivo; pero el que se da maña para labrar su propia desventura es el m á s afligido, puesto que no le queda m el consuelo de atribuir a nadie lo que él mismo forjó. ¿E n cuál de estos dos casos puede hallarse incluida la naciente República española? Pasemos por la mundialidad del problema financiero, aunque h a b r á que admitir que nuestra Patria venía siendo una excepción envidiada por muchos. Mas, ¿y el problema catalán? ¿N o tomó estat en el famoso pacto donostiarra? ¿Y el d e l obrero sin trabajo? ¿n o es fruto del lock- out declarado por el ministro de Fomento y del recelo y la intranquilidad sembrados en el sector capitalista? ¿Y el del orden público? ¿no es una serie de fogatas prendidas por el chisporroteo del gran incendio revolucionario? ¿Y el problema religioso? ¿existía acaso en E s p a ñ a? ¡S í! -g r i t a r á la demagogia Existía, y ahora es cuando va a dejar de existir! ¡Q u é error de perspectiva! A h o ra precisamente es cuando nace este problema problema apocalíptico para no pocos pueblos que en el decurso de la H i s t o r i a se atrevieron a suscitarlo. Hasta aquel v a leroso D o n Quijote, no obstante su locura, sentía en su conciencia toda l a pesadumbre de esta magna cuestión. C o n l a Iglesia, hemos topado di jóle a Sancho el caballero; y harta elocuencia hay en la frase. A los cuerdos de ahora, por l o visto, no les importa el topetazo. Enhorabuena. Pero, ¿de qué se trata? ¿d e descatolizar oficialmente a E s p a ñ a o de descatolizar espiritualmente a los españoles? S i lo primero, es algo tan infantil como darle el nombre de Wilsón a la calle de la Sartén. S i lo segundo, es cosa tan estéril como pretender desecar el océano. con una esponja; ya que, donde haya un hogar cristiano, habrá un crucifijo en. la pared y preces que se eleven hacia el Crucificado y educación cristiana para los pequeñuelos; y, cuanto m á s encono pongan quienes persiguen, mayor será la fe de los creyentes y m á s vivo el fervor de sus creencias. Pero, por otra parte, ¿cuál es el daño que produce l a religión católica? ¿qué horrores son los que se enseñan en materia espiritual por los maestros religiosos? Se les dice a los niños qué no roben, que no maten, que honren a sus padres, que respeten áí la mujer del prójimo, que amen a Dios, qüe no falten a; l a verdad... ¿T a n terrible es todo esto? Pues bien, ya está creado ese problema, y problema gravísimo, una de cuyas derivaciones puede ser aumentar la crisis del trabajo, porque las gentes tienen que v i vir, y vamos a ver qué tal aspecto adquiere el gremio de empleados con la disminución de los negocios y el aumento de los aspirantes, gracias a los. religiosos suspendidos de empleo y sueldo y a los ex militares con su paga y con el día libre. ¿Quién pide otro problema? RAMÓN LOPEZ- MGNTENEGRO.