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PARÍS. VISITAS A JOINVILLE, -El embajador de España en Francia, D. Alfonso Dányila, %l a escritora argentina Victoria O campo, con Claudio de la Torre, en los estudios de la Paramount. sentimental, con variantes humorísticas si el actor era Charlic Chaplin o Harold Lloyd, y a ese género sucedió la película exótica de viajes, que nos permitió. acercarnos, con los ojos, a seres y paisajes que la simple lectura de un libro ele impresiones no nos hubiese revelado sino a medias. E l éxito de ese film pintoresco, a menudo acompañado de una música que después se encargaba de popularizar el fonógrafo, ha sido tan grande como merecido. Pero, si se nos diera, el drama humano, europeo, asequible a nuestra experiencia, en un medio exótico, como hace en sus novelas Maugham, el efecto sobre el espectador sería mucho m á s profundo. U n a obra como La carta, de ese ilustre escritor, filmada escrupulosamente, de modo que se viese la complicidad que tienen el paisaje, el clima y la temperatura en ciertas crisis del alma, promotoras de una tragedia que en un medio diferente acaso hubiera sido evitable; una obra como esa, decía, debe ser de un gran efecto en el cine. De efecto y además de un valor artístico permanente, pues no se trata de una vulgar intriga, urdida por un cursi de los muchos que trabajan para el cine como proveedores literarios, sino de un drama conducido humanamente, con arreglo a la lógica terrible de la pasión. como las de Stendhal, ricas de savia d r a m á tica, el autor nos pasea por diferentes ciudades italianas, que si no están descritas en sus páginas con la precisión que se emplea cu las guías de viajes, nos comunican la emoción de lo real, que va a los ojos pasando antes por la inteligencia. ¿N o es mucho nás patética la acción d e L a Cartuja de Parma, pongo por caso, que todo lo que ocurre en Partir... de Roland Dorgelés? Y sin embargo, Partir... ha sido ya filmada, y ¡a novela de Stendhal no ha salido de los dominios del lector. D a n ganas de preguntar: ¿Q u é criterio tienen las Empresas? ¿Q u i é n las dirige? ¿N o habrá sonado l a hora de que el literato se ponga al frente de esos negocios, que no siempre están en manos expertas? Se elogia mucho, quizá con exceso, al metteur en scene y al regisseur, como si de ellos dependiese exclusivamente el éxito de la cinematografía. Y o no participo de esa superstición de puertas adentro. S i n negar el valor de esas cooperaciones, creo que al frente de una gran Empresa de ese género no estorba un literato culto y competente, que sepa dónde están las cosas y cómo se aprovechan. Aunque sólo sea como asesor... MANUEL BUENO PERSPECTIVAS C N E M A T O G RA- F 1 C A S L a frecuencia con que el cine invade la novela en busca de asuntos interesantes parece autorizar, la suposición de que aquel género esté amenazado de agotamiento. N o hay tal. A ú n le quedan al cine por explorar regiones del mundo y zonas del espíritu humano fecundas en sorpresas para el espectador. L o s géneros no mueren. Evolucionan y se renuevan. Sus mudanzas, meramente externas, no alteran el contenido de la vida, eterna inspiradora del arte. E l otro día, un escritor francés, que suele dar a sus comentarios sobre cinematografía un gran interés, Jean Espineuze, pronunciábase con entusiasmo por el film documental, al que reconoce superioridad sobre la obra imaginativa. Con la venia del culto literato, me permito creer que considero ambos estilos concomitantes. Separarlos es empequeñecerlos. E s una opinión que voy a razonar. ¿Q u é debemos entender por film documental? Según Jean Espineuze. una sucesión de vistas tomadas en el curso de un viaje. Defender exclusivamente esa modalidad cinematográfica es proscribir la otra. Y a sé que el distinguido escritor no pretende dar a su afirmación ese alcance, pero la rotundidad un poco desdeñosa con que se expresa aludiendo al film sentimental da a sus palabras el rigor de una condenación. Y o creo que de lo que se resiente el cine moderno es de monotonía en sus fondos o marcos escénicos. E l autor del escenario no nos hace viajar lo suficiente para que nuestros ojos se diviertan. Nos fuerza a presenciar las aventuras de los seres que él ha agrupado en una intriga, sin permitirnos salir del medio burgués, m á s o menos suntuoso, en que los ha emplazado, y nos fatiga. S i eso me ocurre a mí, no existe razón válida para que yo crea que el aburrimiento es un privilegio personal que no tengo derecho a reconocer a mis vecinos de espectáculo. lisa es una de las perspectivas que se abren ante el cine: conciliar la novedad del ambiente con la monotonía de la aventura sentimental. Hace algún tiempo cayó en mis manos una novela de Drien L a Rochclle, que comenté en A B C, y al advertir la habilidad con que el escritor sitúa en Grecia la comedia de unos fantoches mundanos que están allí, no por amor a la antigüedad clásica, sino atentos a otros afanes vulgarísimos, me dije: H e aquí una obra que interesaría en el cine. E l espectador podría ver cómo luchan por el placer inmediato, y sin escrúpulos, unos cuantos tipos actuales, sin que influya en ellos poco ni mucho el augusto prestigio de aquellas tierras bendecidas or la diosa M i n e r v a ¿N o es m á s i n teresante ver, como fondo de una escena de A l film policiaco siguió la comedia de la amor, el P a r t e n ó n que una alcoba de un hoalta finanza, con sus banqueros estafadores tel de la Quinta Avenida? E n otras novelas y sus damas corrompidas, cómplices de toda antiguas, de sólida armadura psicológica. suerte de trapacerías. Luego vino el film P a r í s octubre, -1931. LAS SONRISAS CHARLOT Y GANDH 1 DE DE P a r a los que nos hallamos- -somos unos cuantos- -en aquella- situación de Petrarca, que d e c í a M e encuentro en los confines de dos edades diferentes de dos pueblos distintos, y desde mi sitio veo al mismo tiempo las gentes del pasado y las del futuro para nosotros, los que no nos resignamos, por imposibilidad, a caer dentro de una sola época, tienen estos retratos que tanto han publicado los periódicos un sentido profundo y melancólico. Chaplin y Gandhi, juntos ante el obje-
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