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BARCELONA. se lo prometía el. arte, y el placer seguro porque va siempre de la mano del amor al encuentro de la belleza, rompe con todo y renuncia a tcdo para v i v i r en el silencio y en la mortificación. U n escritor, contagiado, como muchos, de lo que hay en Voitaire de menos interesante, que es la afición a la burla de todo lo que pasa fuera de la órbita de la razón, decía de esa señorita que su retirada del teatro no implica sino desdén de ciertos papeles y preferencia de uno m á s distinguido. Esa frase de dudoso gusto contiene, sin embargo, una parcela de verdad que vale la pena de discriminar, y poner de resalto. Para mí es evidente que el precoz desengaño de Ivona Hautin a l canza a sus ilusiones de mujer y a sus sueños de artista. H a y temperamentos que se consuelan de las avideces efe la vida confinándose dentro de los límites de un ideal creador, de pensamiento o de arte. Para evadirse de sí mismos se refugian en la iaea o en la emoción, filosofan o avivan con una chispa de su genio la página, el lienzo o el mármol. Esos nobles desquites que toma nuestro corazón de la realidad que le ha herido, si no nos hacen enteramente invulnerables al sufrimiento, los mitigan como un anestésico. S i fuese lícito escrutar en lo íntimo de cada ser veríamos que en muchos casos un ideal o una actividad, febrilmente cultivados, no son sino la morfina con que adormecemos el dolor de vivir. Pero no todos los espíritus se prestan a contemporizar con la. realidad sirviéndose de la filosofía o del arte. H a y quienes no se satisfacen con olvidar; necesitan morir para todo lo que les rodea. L o primero es una forma decente del egoísmo y lo segundo una heroicidad. ¿Q u é hay en el pasado de esa señorita que justifique su vocación? ¿U n amor sin esperanza? Una ambición frustrada? Nada de eso y iodo eso. Nada de eso, porque a su edad el corazón no lia perdido todavía, por temprana que haya sido su experiencia, la facultad de esperar, que es un privilegio de la juventud. E l amor y el éxito, que se mostraron esquivos ayer, pueden sonreírnes mañana. EN EL TEATRO POLI O RAM A Una escena de la comedia De nueve a siete, original de Aimée y Philip Sluart, adaptada por L. de Baesa y- estrenada recientemente. (Foto Brangull. Todo eso, porque en algunos casos puede percibir, el alma, al través de sus p r i meras impresiones, la insondable miseria de todo lo que codiciamos. E s a presciencia de lo real que puede disgustarnos del fruto del árbol por la simple vista de su follaje es un don misterioso y terrible, porque nos incomunica con la vida. ¿A qué obedece esa prematura o reflexiva inapetencia de todo lo humano de algunas personas que, como Ivona Hautin, sonríen a todo sin amar nada? ¿E s una- adinamia congénita del. alma o una predisposición al misticismo? Hablaba un cronista de los que no traspasan nunca con el pensamiento la piel de la materia, de papeles desdeñados y de un papel preferido. De acuerdo, ¿por qué no? E l teatro es precisamente el aula en que más aprende la sensibilidad. E l actor y la actriz, vacunados con sueros de todas las pasiones, pueden llegar a adquirir, si se dan de veras a los que interpretan, ¡a misma indiferencia que sienten los cocineros por todo lo que guisan. ¿Q u é cocinero hay que coma con gusto lo que sale de sus manos? E l artista escénico entrega su alma a l dramaturgo para que la moldee a su capricho, y éste le obliga a ser hoy ruin y sórdido y m a ñ a n a lo contrario. H o y es Hamlet y mañana Ruy Blas, y una mujer se despoja de la personalidad de Desdémona para ponerse la vestidura monacal de lady Macbeth. Estudiando atentamente sus papeles, Ivona Hautin ha llegado, quizá sin proponérselo, a conocer todo el repertorio pasional del mundo. H a conocido l a coquetería y la inocencia, el amor y el desdén, los celos que sufren y los abandonos que perdonan, la avaricia y la generosidad. A l través de su corazón han vibrado todos los sentimientos. Y un día, de pronto, esta mujer ha empezado a sentir la repugnancia de! cocinero por sus guisos y se ha dicho: Pero ¿es esto t o d o? L o s venenos que me inocular, los dramaturgos ¿s e r á n los verdaderos elixires de la v i d a? Cuando el arti sta se dá intensamente. Ja obra absorbe una gran parte, de sus energías. No se trsns- mecerse dolorosamente. L a extenuacióil. de un gran artista al concluir la representación es la misma que sufre el mediunt después de una sesión de espiritismo. Hablo, naturalmente, de los graneles sensibles; de los temperamentales. Los otros, los que lo. hacen todo por recetario y en frío, no; sólo no se e x t e n ú a n en escena, sino que engordan. P a r a ellos una temporada ele trabajo es como pasarla en un sanatorio. A solas en su cuarto, ya lejos de los artificios y de los oropeles de la escena, i Ivona Hautin debió pensar m á s de una v e z ¡Qué vanas angustias las del amor, s i sea cualquiera su destino, acaba en u n a desilusión o en una costumbre! ¡Qué estéril el odio, pues, satisfecho, conduce al remordimiento, y, si no se satisface, a la desesperación! ¿C ó m o se puede gozar de la riqueza si la miseria nos codea? ¿Q u é vale t? í- éxito si apenas dura? Este debe ser, pues, el universo, porque todos los genios que escriben para la comedia francesa no, me: han descubierto otro... ¡P o b r e Humanidad; H e ahí por q u é resolvió a dar un. adiós irrevocable a todos sus papeles de. ¡teatro. Quizá oyó en sueños una voz misteriosa y dulce, venida de los lejanos huertos de Samaria, y esa voz le elijo que la sed de amor, cuando es honda, no se apaga m á s que con el agua de la cisterna que purificó el Señor imponiéndola sus manos milagrosas... MANUEL BUENO P a r í s octubre, 1 9 3 1 ir- EL CORRÍ L LO íf TEATRAL La centésima representación de La de los claveles dobles -La ilustre actriz: Carmen Díaz prometió este verano pasado al alcalde de Madrid que, tan pronto empezara su temporada en el teatro Fontalba, celebraría una función a beneficio de los obreros sin imte una emoción a un público sin estre- trabajo, ya que cuando se abrió la suscrip;