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DI 4 mQ I L U S T R A D O A Ñ O VI G E SIMO SÉPTIMO lolcXS. NUMERO DIARIO ILUSTRA SI M O S É P T I M O 10 CTS N U M E R O FUNDADO E L i. DE JUNIO DE 1905 POR D. TORCUATO LUCA D E TENA ESTA N O C H E H E OÍDO PEOR j LLOVER E n varias regiones de la Península ha empezado a llover. E L REMEDIÓ! EL Para resolver la crisis económi. ra, los conservadores ingleses piV, den aranceles elevados y reducción ¡g e n e r a l de, gastos. G Ó Ñ S E R V AT 1 S M O ¿INDEFENSO Las. clases ícoireer. yadpra s. no saben defenderse: (Un diputado republicano, en las Cortes. Este noche he oído llover. E l ruido que (Véanse los discursos de sus prome despertó no era el. tranvía agarrado a la ¡hombres. cuesta, ni el automóvil de aviso estridente, ni ese coro de desocupados que grita a desDe manera que para resolver una- c r i h o r a í s i n un estorbo de autoridad. E r a rui- sis debida á un reputado exceso de producdo m á s blando, m á s grave, más oloroso. E r a ción- -mientras haya escasez en el mundo ruido; desagua, de agua de lluvia. Esta no- no existe éicceso- -y a la indudable falta de che he oído llover. E l agua, en la azotea y trabajo, ser cree, necesario acudir a l a eleen iás plantas de la azotea tenía ruido efe vación de aranceles y a la supresión de tolluvia. -en el patio. Estos respiraderos de las dos aquellos gastos que no parezcan estriccasas, que han rasgado la vivienda cerrada tamente indispensables. O sea que para rede Madrid, a la luz, al aire y a la lluvia, mediar e l- a c t u a l estancamiento de cosas sirven de patinillo a la villa. L a lluvia sue- y servicios se proyecta dificultar el libre na ahora como allí, como en el pueblo, y intercambio y paralizar las iniciativas; sin también por esta vez se la recibe como se tener en cuenta, por lo visto, que lo primel a recibía, en el, pueblo. M a d r i d ha sido, ro producirá seguramente represalias por siempre hostil a la lluvia, porque l a lluvia parte de otras naciones, perjudiciales para ensuciaba 1 Madrid, sin otra finalidad que. el comercio inglés, y que lo segundo resuspender alguna corrida de toros. Pero sultará- en un aumento en el n ú m e r o de desayer tenía sed Madrid y hacía falta el agua ocupados, al que contribuirán- asimismo las como en el pueblo. S i n duda por esto suena restricciones impuestas al comercio con sus la l l u v i a e n l a azotea como en el- patinillo repercusiones industriales. Todo lo cual nos y la recibimos con el mismo contento. Por lleva a un círculo vicioso, cuya culminación esta Madrid: y el pueblo han sentido la se- encuentra, indudablemente, en el estado misma necesidad; Hasta ahora- Madrid v- los de- cosas conocido por nuestro padre A d á n pueblos, han vivido en una lucha intensa. al ser expulsado del P a r a í s o Todo lo, que producían los pueblos lo devoV i s t a así, la perspectiva es pavorosa. L o raba Madrid. H o y la misma sed les ha acercado, íes ha familiarizado, y es muy posi- que el mundo necesita en estos momentos ble que en lo sucesivo no consuma Madrid es la movilización de recursos estimulan con tanta gula, 1o que los. pueblos, p. roduz tes, que sólo se encuentran en manos dei can. Y es muy posible también que los pue- Estado, vínica entidad con capacidad sufiblos no produzcan lo. que consume Madrid. ciente para provocar la saludable reacción Si así sucede, ño vale la pena de. enterne- que ponga fin a una. crisis como la presente. L a s puedas de lá máquina se han detecerse con la lluvia. ¡fli dóí. iO al ajenos han disminuido su velociPero ya está; es muy difícil acallar el dad; pues tí ien, que actúe el Estado en Insentimiento con razones de utilidad. Oimos glaterra y en todas las naciones, m á s imporllover, dio con la, indiferencia de un dicho tantes, y pronto veremos, cómo recobran su poco comprensivo, sino como oíamos llover impulso. Pero que actúe en forma estimuen el pueblo. donde la lluvia se recibía con lante, lío Con tendencia paralizadora. gratitud. E l agua ablandará este ambiente L a única entidad dotada de capacidad demasiado reseco, áspero y quebradizo que suficiente para influir sobre l a crisis, en es hoy el ambiente de España. Este am- sentido determinante y por acto voluntario, biente es propenso a que las cosas y. -loJ 5 es. el Estado, y esta actuación es, tanto m á s hombres, salten al ni ¿ñor esfuerzo de mol- necesaria si damos, por supuesto que la hudeo. E l maestro Ortega y Gasset atribuye al manidad ha avanzado hasta el punto de paisaje condiciones de carácter y sociabili- desterrar la guerra o hacerla cada vez medad. E l aire de la meseta, seco y esencial, nos, frecuente, poniendo así fin p. uno de toca una vez y otra con sus dedos sutiles los m á s poderosos móviles de su desarrode hipnotizador las pobres fibras de nuestros llo, e incluso de su progreso. Porque no nervios y las va poniendo tersas, tirantes, vamos a admitir que l a humanidad es i n vibrantes como cuerdas de arpa, como tren- capaz de substituir el estímulo del apetito zas de. ballesta, como jarcias de nave ator- guerrero por un estímulo bienhechor. mentada. Cualquiera cosáj l a más leve, iios. Lo qué en l a actualidad padecemos no hace retemblar de los pies a la cabeza. E l es sobreproducción, ni tampoco falta de castellano queda de esta suerte convertido en un aparato peligroso: para él, vivir es demanda. Mientras una parte de la humadispararse. No falta, por otra parte, quien nidad perece material O espiritualmcnte por atribuya a la atmósfera de altiplanicie nues- falta de cosas o de servicios, demostrando de paso la realidad de la demanda, en altro coeficiente de crímenes apasionados. gunos países se queman grandes provisioAsí discurre en el tomo I I I de El espec- nes de materias primas y en muchos caretador D José Ortega- y, Gasset. A él hemos cen de trabajó hombres capacitados. E n venido a concurrir en este discurso, en que todas las guerras y particularmente en la nos ha enredado el oír. llover desde la cama, última, las naciones- han hecho milagros conio si las vueltas del desvelo nos enre- que podrían servir para vencer la actual daran en la sábana. Que si muchas veces crisis económica. Pero todavía no hemos esa cosita impalpable que se llama preocu- presenciado el milag ro mayor, que consispación, enreda en el sueño hasta desconec- tiría en aplicar a los problemas de la paz tarle, este fenómeno de oír llover, muchas las teoría económicas que- triunfaron- en veces vulgar, hoy maravilloso por raro y tiempo de guerrar deseado, se metió, en la alcoba y a r r o j ó al sueño del lecho. V G. C O R R O C H A N O L u i s ANTONIO B O L Í N r 1 f r 1 E s cierto. L a s clases conservadoras, poseídas de pánico, no acaban de encontrar ni siquiera aquel terreno común a las gentes de orden para la defensa de principios bá- sicos, que, fuera dé Rusia, no ha derogado todavía ninguna de las revoluciones t r i u n fantes. S i n el muro de contención que es la Guardia civil, la riada demagógica se habría llevado a estas horas por delante todo lo acumulado por medio siglo de paz y de trabajo. L a República ha operado sobre el cuerpo nacional como ésos desinfectantes que para desiñtoxicarnos promueven una tan brutal revulsión humoral, que deja libre acceso a todas- las enfermedades. L o temible no es su ideario, que todo hombre exentó de la superstición monárquica puede. aceptar sin repugnancia y a ú n con simpatía, sino la vegetación parasitaria que está creciendo junto a aquel ideario, y que los republicanos mismos quisieran atajar y río aciertan con el método. Apenas hay región española sin huelga; -ni huelga sin un programa, tácito o expreso, de tendencias revolucionarias. V e nir de Francia a aquí es como retroceder del cielo al purgatorio. ¿H a s t a cuándo va a durar este sentimiento de inquietud y de angustia? Dios sólo- lo sabe; pues el enigma está- más allá de; nuestras previsiones. E n tre tanto, las clases conservadoras no Salen de la inercia m á s que para amenazar. H a sido preciso que los bienes de la Iglesia se vieran amenazados para que aquella fuerza social, que es el elemento ponderador del país, adoptase una actitud marcial. Pero, séñores, nó desertemos nuestra posición dé cía- se directora. H a y que dar la batalla en los dominios de la cultura, reincorporando a la conciencia nacional sentimientos e idéales que el socialismo, el sindicalismo rojo y el comunismo se esfuerzan por desacreditar mediante una propaganda que excede. por lo audaz, a todo ló imaginable. L á guerra civil no estaría justificada más qué en el caso de que el P o d e r p ú b l i c o fuese abiertamente contra la fe religiosa de la mayoría de los españoles, cosa qué ni ha ocurrido, ni ocurrirá, pues, ciertos métodos de represión contra las ideas. rio pqédéíi resucitar, L o que irhportá movilizar y equipar no es el instinto belicoso, sino la inteligencia. Que. el conservatismo- español po ga en l u. de combine a su pensadores 1 stjs Hombres de verbo y de pluma, en 1. cámNf. paña seria, sin- alharacas. i- est tciás, jjéro entente impávida á n t e j g r r y inofensiva agresividad de nuésfF s adversarios, i Y por Dios y por él respeto qué debemos a nuestra cultura, rriuchó tacto en eso de t e a t r a ü z a r la- sobrenatural, -que, á la larga, no nos acarrea m á s que sarcasmos! A Dios hay que invocarle en el recogimiento del espíritu, que es donde reina, para no dar a sus inteligentes abstenciqries: én lo humano la apariencia de fracasos... 1 J ft 1 MANUEL BUENO.