Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. S Á B A D O 24 D E O C T U B R E D E 1931. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G Sí. E l Sr. F I G U E R O A se adhiere al ruego del Sr. López Goicoechea, y habla de los pequeños exportadores de Murcia, que se encuentran desamparados de los Podejres públicos, temiendo que a causa de ello se pierdan mercados. L a exportación española encuentra competencias en la italiana, que merced a la baratura del transporte, puede vender sus productos a bajo precio. La exportación de frutas representa 540 millones de pesetas oro y es la cuarta parte de toda la exportación española. Se va a luchar con las nuevas tarifas inglesas, y por lo que a Francia respecta, dentro de pocos días se verá cuál es el resultado de las ne Añade que la política hidroeléctrica en Murcia va a. perjudicar a los agricultores, con beneficio exclusivo de las empresas. Pide nue se revísenlas concesiones. E l M I N I S T R O D E H A C I E N D A se fija en el carácter democrático de la Camaia, que tiene como a uno de sus representantes a D. Gonzalo Figueroa, que tanto favoreció a la República y se revela como un gran conocedor de asuntos económicos y modernos. L a Cámara- -dice- -ha dado gran numero de intervenciones discretas que han demostrado que sus autores pueden llegar al Gobierno, no obstante ser sus nombres desconocidos en la política hasta la fecha. -Declara que conoce las funciones del Banco Exterior y declara que éste carece de la flexibilidad necesaria para desarrollar su acción en la forma que fué imaginada en su creación. También cree el Sr. Prieto que debiera tener sucursales en Cartagena y otras poblaciones. Dedica elogios al señor Franco director dimisionario que milita en el partido del Sr. Figueroa. Cree difícil que el Banco Exterior resucite de sus propias cenizas y harto siente que no pueda hoy extender sus actividades, aunque la costa levantina lo requiera por- constituir una de las principales fuentes de ingreso de la economía nacional. E l Sr. F I G U E R O A sólo pide que los ex. portadores no caigan en la usura, sobre todo en manos extranjeras. E l M I N I S T R O D E H A C I E N D A recS lie T ÜÍ señoría de tú, puede llamarme como quiera. (Risas. E l Sr. S O R I A N O habla de los diputados que gozan de varios cargos. Un secretario lee una petición de que se informe a la Cámara sobre este asunto. E l P R E S I D E N T E hace ver que la petición, encaminada a que no se disfrute más que un solo cargó, aparte del Parlamento, se completará con declaraciones de todos los ministerios. E l Sr. I G L E S I A S (D. Emiliano) pide que se complete la relación con la de los funcionarios que tienen más de un cargo. E l Sr. JIMÉNEZ interviene brevemente. E l Sr. LÓPEZ G O I C O E C H E A encuentra dificultades para las sesiones matinales. Se levanta la sesión a las nueve. A c o t a c i o n e s de oyente un Cuando se abrió ¡a sesión había diputados, pero- pocos, y los pocos que había no tenían nada que decir. E l presidente ofreció la palabra á éste y al otro, y al fin encontró ur- os señores que se decidieron a hablar acerca de lo que debía hacerse para que alguien hablase. No sé lo que dijeron, porque como me pareció que D. Julián miraba algunas veces para la tribuna de la Prensa, temí que en su apuro nos invitase a decirles algo, y por si era yo la víctima me apresuré a huir disimuladamente. Nunca hubo tal penuria de oradores en el Parlamento como en la sesión de hoy. Decíase después, que muchos diputados, faltos de interés hacia el examen de la totalidad de los capítulos I V y V se habían marchado a sus pueblos. También se afirmaba que otros, los más disgustados por haber cedido a la presión con que la víspera se les obligó a votar el artículo 48, no habían querido aparecer por el lugar del suceso. Porque la verdad es que si D. Alejandro Lerroux no hubiese interpuesto toda su influencia sobre los radicales- -en el afán de evitar la crisis con que amenaza Nicolau D Olwer- -la enmienda de. Unamuno, u otra de. análogo sentido, habría resultado triunfante. En los pasillos se comenta la jornada E Í S r M A R T I N D E A N T O N I O habla de la libertad concedida hace tiempo a don del jueves. Cada cual expone una opinión, Galo Ponte y pide que, teniendo en cuenta que en la inmensa mayoría de los casos no los mismos motivos que influyeron en ello, coinciden con el voto emitido en la sesión. sin duda las malas condiciones de la cár- Alguien me dice que D. Miguel Maura ha cel, se ponga en libertad a todos los dete- recibido cerca de mil telegramas y telefonemas de felicitación. He aquí nuestra prenidos. Pregunta qué sanción ha merecido un te- dicción de ayer cumplida. La Cámara se entrega mientras tanto a, legrama dirigido al Sr. Besteiro por una la monotonía de los ruegos y preguntas, hoseñora católica. E l P R E S I D E N T E dice que él no ha re- ras perdidas para la urgencia tan cacareada de la Constitución. D. Indalecio Prieto sube cibido tal telegrama. E l Sr. M A R T I N D E A N T O N I O cree a la tribuna para leer algunos decretos. Lee clara y pausadamente, como ningún mique debió declararlo asi públicamente. E l P R E S I D E N T E La presidencia cree nistro ha hecho jamás. Luego retorna al que tiene asuntos más serios de qué ocu- banco azul, limpiando los lentes en el faldón de la chaqueta, su ocupación favorita en parse. E l M I N I S T R O D E J U S T I C I A decla- el Congreso. A veces, mientras pronuncia ra que el Sr. Ponte fué puesto en libertad su discurso, continúa frotando cariñosamenpor acuerdo de la comisión de Responsabili- te los cristales en el chaleco o en una mandades, sin intervención del ministerio de ga, como si así quisiera aumentar de continuo su potencia o su claridad. Justicia. Indalecio Prieto ve mal, y si yo hablo E l Sr. M A R T I N D E A N T O N I O Se trata de que declare el ministro si la cár- aquí de esta desventura del ministro de Hacienda, no se me puede acusar de hacer cel está- en condiciones sanitarias. comnetarios incongruentes con la índole Se produce un breve incidente, en el que intervienen el orador, la presidencia y el se- política de esta sección. L a escasa capacidad Visual del Sr. Prieto ha tenido relañor Villa. ción con acontecimientos muy importantes E l Sr. M A R I A L formula un ruego. E l Sr. S O R I A N O solicita que se reanu- para el país. Yo conozco un caso, y por lo que yo sé es posible afirmar que la solución den la semana que viene. E l P R E S I D E N T E Propondré sesiones de la crisis provocada por la marcha. de Alcalá Zamora estuvo a punto de retardarmatinales el miércoles y el jueves. E l Sr. S O R I A N O recuerda que no em- se sabe Dios cuánto tiempo, por culpa del pleará la fórmula de su señoría para mal que padece el Sr. Prieto. nadie. Ocurrió así: ES P R E S I D E N T E No tratándome su Aquel mismo día, conocida ya la dimi- sión de Maura y de Alcalá, D. Indalecio decidió que el mejor medio de que pudie- sen reunirse los ministros sin ser molestados y sin perder ninguno de los minutos que la situación hacía preciosos, era reunirÍes para comer. Eu consecuencia, les invitó él mismo a almorzar en un restaurante próximo a la Puerta del Sol. Pidieron un comedorcito reservado, y a la vez que engullían los manjares discutían la solución. Servido el café y los licores, desaparecieron los camareros, y fué entonces cuando pudo hablarse con mayor libertad. Hasta que los relojes señalaron la hora de la reunión que había de celebrarse en la casa del Sr. Prieto, la misma en la que comienzan las sesiones de Cortes. ¡Caramba! -dijo alguien- ¡Las cuatro ya! -Sí- -convino el anfitrión- voy a pedir 3 a cuenta. Apretó un timbre. Pasaron unos minutos. No apareció nadie. Se llamó otra vez. En- tonces el Sr. Albornoz, que por ser ministro de Fomento entendía algo de mecánica y electricidad, y gusta de lucir sus conocicimientos, aseguró: -Ese timbre no suena. Y. era verdad. Todo el mundo lo reconoció asi. Y el Sr. Albornoz fué muy felicitado. Enseguida anunció el Sr. Prieto: -Llamaré a alguien. Abrió la puerta y salió. Ante él, un pasillo de seis u ocho metros. Las manos del ministros de Hacienda se separaban, ya para volver a unirse, con ese estrépito qué- según sea, insistente o espaciado- -sirve lo mismo para aplaudir a un orador que para requerir al camarero, cuando vio al extremo del corredor a un individuo vestido dé obscuro, que parecía aguardar: ¡Eh! -hizo el. ministro. E l otro levantó la cabeza. L a nota, pronto! Volvió a entrar. Continuaron charlando algunos minutos más y volvieron a mirar sus relojes. ¡Oh, qué tarde es! -Y a he pedido la cuenta- -tranquilizó, el: amable pagano. Pero volvió a salir. Y allá en el fondo. del pasillo volvió a ver al hombre vestido, de negfo. E l ministro volvió la cabeza reprochadoramente y abrió los brazos con ese gesto que quiere decir: ¿Es que no vé usted que estoy espe- rando? Le pareció que el. otro, también babría los brazos para dar a entender: ¿Y qué quiere usted que le haga? Y o también espero. Y a he avisado a la caja. Cuando entró de nuevo en el comedor explicó: -Un momento... le he dado prisa... Los minutos caían uno tras otro. ¡Hombre... Prieto... ¿Y qué voy a hacer yo? ¿Vamos á irnos sin pagar la cuenta? Por tercera vez se asomó. Y el camarero aún estaba en el mismo sitio. Le gritó: ¡A ver esa cuenta! ¿Viene o no viene? Y dio la vuelta, pero ahora tuvo la precaución de mirar por encima del. hombro. E l camarero se alejaba también. Un cuarto de hora más. Los pasillos del Congreso hervían en gente y en comentarios. Los periodistas trotaban por Madrid. La noticia de la crisis se había extendido por España... y aquellos hombres ilustres continuaban aún allí esperando una cuenta que no llegaba. ¡Bueno- -rugió el Sr. Prieto- -ahora mismo bajo yo al comptoir! Se lanzó al corredor. E l insoportable camarero apareció también. Coir el ademán le amonestó el ministro y con la voz. E l sirviente- se permitía gestos un poco insólitos. ¿Le parece a usted bien... ¡Estamos.
 // Cambio Nodo4-Sevilla