Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DEL NOVELA, F 3 R FERDINAND OSSENDOWSKI (CONTINUACIÓN) ¡Silencio -añadió Emilia- Que se ponga a vigilar una desde la puerta. Liliana puede encargarse de esta misión. Poco después desaparecía Betty por el conducto subterráneo, y, transcurrido un cuarto de hora, tiró del chai para avisar su regreso. L a subieron muy de prisa y se presentó ante sus compañeras cubierta de moho y de barro. -jjEs un camino excelente! -dijo, muy satisfecha- Un conducto por donde- sale el agua procedente de esta sala. Está un poco obscuro y hay gran cantidad de escombros, piedras y lodo; pero el ambiente no es peor que el de Broadway a mediodía. ¡Por ese paso, al cuál podemos denominar túnel Rostand podremos escaparnos de este encierro! -ATiora le toca a Margaret subir a la ventana- -exclamó la propia interesada, que, esbelta como un ofidio, empezó a trepar por las piedras salientes de la grieta. Llegó pronto a la ventana y, tumbada sobre el parapeto, miró hacia abajo, ¡Qjué ves? -r- le preguntó Georgina. i- -Un- valle de arena rodeado de montañas... A la izquierda, una pared alta al pie de la cual hay dos tiendas. -g A qué distancia están? -inquirió la francesa i- -A ochenta o cien yardas... -Sk entiendo por yardas. ¿A cuántos pasos? Betty ¡Craw; ford se echó a reir. -Si fueras tú quien hubiese de recorrer esa distancia, el número dé pasos sería igual al de yardas; pero si fuese mi primo Elias Swartburne, no podrían contarse más de treinta pasos. ¡Es un gigante S Márgáreí descendió despacio y declaró, que con ayuda de dos chales, anudados uno a otro, sería fácil deslizarse por el otro lado de l a pared, pues el viento había amontonado muchas piedras al pie de ella; -fEse fes el. segundo camino que puede llevarnos hacia la libertad! -exclainó Georgina. É por, lo menos, que nos permitirá salir de aquí- -enmendó- -O Irene- -v- Afia no sabemos a qué distancia están las viviendas humanas más próximas, ni cuál es el número de nuestros enemigos. j- ¿ES verdad! -asintió la señorita de Rostand- ¡No había cáídcMJetÉ ello! e trata sólo de un detalle, pero de un detalle importante, -Y o procuraré saberlo- -añadió la estudiante, y reflexionó un momento acerca de la manera de utilizar su conocimiento del idioma y de las- 4 osiuinbres indígenas. Ali- jotro Hía, por la mañana, se presentó Mosul llevando café y galíeías dé cebada, Irene le habló amistosamente. -Mé parece que el noble mmneno no es targuí. ¿Me equivoco? -íPJtíí- -masculló el mofletudo mozo- j Qué bien habla nuestro idioma íá señorita! er- fSeñorífaí! -pensó Irene- Este hombre debe de ser del iNjorte o fiS. ifcráíáctócon franceses muy a menudo... ¡Me alegro! -gHablá francés el mmneno? -le pregunte: Su aspecto es el- 3 é ii9- hombre culto y civilizado. Conquistado por. aquella lisonja, Mosul, en cuclillas sobre los íalones, contestó: i- -Un poco... L o preciso para obtener permiso de trabajar en ¿a n t i g u a s ciudades romanas. -íiAüi. 1- -exclamó ella- ¿De modo que sidi es buscador de tesoros? Mucho me alegro, porque entre ellos figura un amigo mío. (Quién. -dijo el mozo, sorprendido- Los conozco a todos, yí. ñmamigo Azis ben Hazel los conoce como los pastores a las ovejas e su rebaño. Mi. guía, Fagit B u Krim. Tor él Viejo Alá! Juntos hemos explorado las. ruinas del Alcázar de Faraón. Pero él dejó la profesión y desde hace tres años es guía del Gobierno en el Sahara. Es muy amigo mío; más que si fuéramos hermanos. -j También lo es mío -declaró Irene- Con él he atravesado ya tres veces el desierto, y cuando cayó enfermo yo misma le llevé al hospital de Bechar. -Eso ocurrió el año pasado. Yx estuve a verle- -dijo, sorprendido, Mosul. -Por ello me alegro doblemente de haber conocido al noble sidi, que es amigo de mi amigo y, por lo tanto, amigo mío, con arreglo a la ley haddith -añadió la estudiante. -L a señora habla como un taleb, y sus palabras son la propia verdad. Irene prosiguió: -Dejé a Fagit junto al capitán, enfermo, y entorto? me raptaron en las cercanías del collado de E l Ghilali. -Fué Azis... -murmuró Mosul, bajando la vista. L a discípula de Motylinsky fingió que no advertía la Confusión de su interlocutor, y dijo; -Si son ustedes hombres honrados, como todos los buscadores de tesoros, no nos habrán raptado a estas muchachas y a mí para ustedes mismos, pues sabéis que eso... sería uná. acción fea y arriesgada. Sin duda lo hicisteis para algiinabanda de tuaregs... Mosul guiñó los ojos y agitó sus manos, moviendo también la cabeza. -Azis es quien ha intervenido en este asunto. E n Timgad na nos salieron bien las cosas y, como él quería ganar dinero, se contrató, contando conmigo, al servicio de un sidi rico... que no es targuí ni de nuestro país... Sirian tadjar... (i) Nosotros no raptamos a esas jóvenes, sino a la señorita, nada más, y la trajimos al campamento del hombre que le digo... -añadió Mosul, más confuso a cada momento. ¿Se considera sidi como mi amigo Fagit Bu Krim, el amigo de sidi, que me ha jurado fiel amistad hasta la muerte? ¡Si no fuese asi me castigaría Alá... -declaró el mozo, satisfecho por haber hallado el medio de salir de su penosa situación. -No le pido nada al mumeno- -prosiguió con indiferencia la estudíame- Sólo quería saber cuántos hombres hay en el campamento. -Con Azis y conmigo, ocho hombres en junto- -contestó Mosul, levantándose. -Alá yaunek- -dijo Irene. -Alá ib hafdhek- -respondió el mozo, que no se decidía a salir, titubeando y mirando con desconfianza hacia la puerta, cubierta con un tapiz. Por fin separó lá cortina poco a poco y miró furtivamente hacia afuera. Tranquilizado por aquella investigación, volvió al lado de Irene y declamó solemnemente: -Las palabras de Mosul es Kel son las de un amigo a su amigo. L a tendré al corriente de todo y la ayudaré- si hay oportunidad, con tal de que la señorita me defienda cuando... ¿Cuando llegue Fagit B u Krim? Mosul asintió con un movimiento de cabeza y añadió en vo ¿baja: -O cuando lleguen los soldados franceses... -Te lo prometo en mi nombre y en el de todos. Mosul salió a la parte de afuera y cerró cuidadosamente la puerta. Todavía no había acabado Irene de referir aquella conversación a sus compañeras cuando se levantó una punta del tapiz, se oyó un silbido leve y una mano desconocida, echó dentro de la estancia dos revólveres. (1) Mercader sirio. 2 á