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MADRID- SEVILLA 27 D E O C T U B R E D E 1931. N U M E R O S U E L T O 10 C E N T S HMDAVOlOüi DIARIO ILUSTRAR DO. AÑO VIGE- I SIMOSEPTIMOl N. 8.975 B m JfKAüO i U ¡SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES X ANUNCIOS, MUSOZ OLIVE, CERCANA A TETUAN, SEVILLA tud de la nueva ley, el Gobierno asume una jurisdicción que no tenía sobre ninguna clase de responsabilidad de los funcionarios judiciales como tales funcionarios y anuncia l a sanción inmediata de toda lenidad o flaqueza que les encuentre en la función, en. el modo de hacer la justicia. Cuando el Gobierno juzgue flaca o lenitiva l a conducta de jueces y tribunales caerá sobre ellos con los rigores de la ley de excepción. Acaso fuera más equitativo establecer l a previa censura de fallos y diligencias. También la ominosa Dictadura suspendió las garantías del personal judicial, pero la dialéctica republicana nos tiene advertidos contra el argumento de las conciencias. Aquel era un régimen ilegítimo y éste, no. A h o r a todo lo hacen las Cortes en función soberana como dice la circular. Todo lo puede lo soberanía de la Asamblea. Y se nos repite a troche y moche este concepto absolutista para que percibamos el diferente sabor de los mismos hechos con las mismas consecuencias. E l ex ministro de la Gobernación olvidad no sólo su concurso a la obra conjunta delil Gobierno, sino la gestión directa y personal) que en él ha realizado, y no advierte la j falta de autoridad para su llamamiento aij las derechas y el sarcasmo que hay en los reproches que les dirige porque no han a c tuado nunca ni actúan ahora. L o dice el ¡gobernante que suspendió en masa periódicos católicos y derechistas, que- destituyo cerca de mil Ayuntamientos de l a misma significación, y que hizo encarcelar a la! Junta directiva del Círculo Monárquico a l! primer intento de una propaganda legal p a ra las elecciones. Procure el Sr. M a u r a borrar su pasado y corregir sus peligrosas veleidades; limítese a los actos de contrición, y se lo aplaudiremos; pero no pretenda m á s ni confianza, ni séquito, ni jefatura de las clases conservadoras. 1 LA PURIFICACIÓN D E LOS F U N C I O N A R I O S Sabíamos que los ministerios iban a dirig i r circulares a los funcionarios respectivos diciéndoles, acerca de la ley de Defensa de la República, algo que nos inspiraba mucha curiosidad. P a r a nosotros no hay. duda sobre el uso que el Gobierno se propone hacer de la ley en la parte que se refiere a los funcionarios. U n simple ciudadano, sin función pública, i n c u r r i r á en sanciones graves si se atreve a l a crítica que antes de abril prodigaban en menosprecio evid ente de instituciones y organismos del Estado el catedrático D Fernando de los Ríos y el empleado de Gracia y Justicia D Manuel A z á ñ a e i n c u r r i r i en las sanciones por menos que la crítica d s l o existente; sólo por la apología de un régimen que le parezca mejor que l a República. Con mayor motivo h a b r á que exig i r a los funcionarios lo que se exige a los particulares. Pero es que además l a ley, aunque vagamente, habla de la conducta del funcionario en la función para ser grato a la República, y claro está que no se refiere a ias responsabilidades que el funcionario tiene ya reglamentadas, a las m á s propias y exigibles de su servicio en cualquier régimen político. Esto es lo que esperábamos aclararen las circulares, aunque el jefe del Gobierno dejó bastante aclarado el punto en sus explicaciones a l a Asamblea. L o que se va a castigar, en cuanto sea perceptible y coercible, es l a frialdad o la tibieza de los funcionarios en su adhesión al régimen. H a y que adherirse calurosamente. N o es nueva esta política disciplinaria, que en el iginado de Fernando V I I hizo su primer ensayo con las famosas Juntas de purificación. Curioso fenómeno: que el espíritu de Chaperón haya venido a encarnar en catedráticos y ateneístas del siglo x x Y a se ha publicado una circular, precisamente la que no esperábamos, la del único ministerio que, a nuestro juicio, no tenía por qué dirigirse a su personal en este asunto. L a responsabilidad de los funcionarios judiciales, aun de la índole gubernativa y disciplinaria, depende exclusivamente de l o s t r i bunales y otros organismos de l a Justicia. A l ministro l a compete sólo la ejecución de sanciones que se le propongan, si no son de carácter penal. Consiste en esto l a relativa independencia que las leyes aseguran al P o der judicial y no pensábamos que le alcanza l a nueva ley de excepción. L a circular del señor de los Ríos- a primera, la que más urgía, por lo visto- -dice que sí, que se crea una nueva situación jurídica. Magistrados, jueces y fiscales deben solicitar espontánemente su separación de la carrera si no se sienten decididos a una fidelidad escrupulosa con l a República ¿A qué recelos obedece o qué pretensiones cobija esta conminación? H a y procesos políticos que instó el Gobierno y que duran desde mayo. Cuando tengan término y publicidad se ha de ver hasta dónde llega la fidelidad de los jueces a la República. También hemos visto a l a Justicia seguir fielmente al Gobierno con las mismas inhibiciones en casos como la quema de conventos. Nada recordamos que nos explique la actitud del Gobierno con los tribunales. Esperemos a que nos la explique el porvenir. Según la circular, desde ahora y por vir -i era crítica y acusación de los desaciertos y desmanes que en estos meses han agraviado profundamente al país. Cuanto m á s acerba la acusación, más aplaudida. E s un sentimiento vindicativo y de protesta el que se desahoga en el aplauso a l a crítica, y más cuando la avalora un testimonio como el del Sr. Maura, partícipe convicto y confeso en las responsabilidades de la s i tuación. Pero el Sr. M a u r a pudo notar efectos muy diferentes de su discurso, frialdad y silencio, cuando trataba de justificar o atenuar otras actuaciones del Gobierno y de la Asamblea, se declaraba conforme con la expulsión de los Jesuítas, rechazaba la revisión constitucional, fustigaba a clases y representaciones extrañas al régimen y formulaba planes o consejos para el porvenir. C o n la República- -dice el Sr. M a u r a- -subieron al Poder los partidos republicanos que tradicionalmente actuaban como facciosos, y esto determinó la crisis del orden público en su aspecto más grave... ¿P e r o desconocían esa tradición los que llamaron a los partidos facciosos, los organismos en alianza, y les ayudaron resueltamente? M u y cierto lo que dice de la agitación social y de sus peligros; de l a desorganización y de la ruina inminente de la agricultura, consecuencia de los decretos agrarios; de la rebelión campesina, fomentada por las predicaciones electorales, y de l a agravación que añaden a la crisis financiera los proyectos infortunados de ordenación bancaria y de control obrero. ¿Pero, dónde ha estado el S r M a u r a mientras estas adversidades se producían? ¿C ó m o van a olvidar los que le oyen su actuación revolucionaria en el último a ñ o de la Monarquía y su colaboración de seis meses en el Gobierno? ¿Con qué confianza van a responderle las clases conservadoras que quiere atraer a ese paraíso republicano pálidamente descrito en- su discurso? EL CONSEIO D E AYER ABORDO E L PROBLE MEDIO D I S C U R S O M A D E L A SITUACIÓN A F O R T U N A D O Y U N A ECONÓMICA D E ESP A i ACTITUD I N C O N- Ñ A O U E S E G Ú N ELÍ GRUENTE MINISTRO D E H A C I E N A l Sr. Maura se le aplaudió en su disD A ES DEPLORABLE curso del Círculo Mercantil tocio lo que 1 Opiniones de los consejeros sobre el; discurso de! s e ñ o r M a u r a M a d r i d 26, 12 noche. A las seis y media de la tarde se reunieron en Consejo, los ministros, y a la entrada los periodistas se dedicaron a preguntarles l a opinión que les había merecido el discurso de D Miguel M a u r a en el Círculo Mercantil. E l presidente hizo constar que la conf eretu, cia le había parecido muy bien y muy. dis- creta. E l Sr. L a r g o Caballero. se expresó en estos t é r m i n o s -M á s que mirar al pasado, el Sr. Maura debió mirar al porvenir. H a sido injusto al hablar de decretos, en los que ha colaborado y que votó. D Alejandro Lerroux manifestó que, como su silencio podría considerarse en el s e n t í do de que n ó le hubiera agradado la conferencia, se apresuraba a decir que el señor M a u r a es un valor positivo y cabe pensar que en discursos sucesivos fije su programa, porque hasta ahora no lo ha hecho. Don Indalecio Prieto excusó su opinión, pero se mostró agradecido por el elogio que le tributó el conferenciante, A juicio del Sr. de los Ríos, el señor M a u r a ha adoptado una posición muy de derecha. S i n embargo, es interesante, y desde luego, necesaria en la política. E l Sr. Casares se limitó a decir que el discurso había sido bueno. EI Sr. Nicolau aseguró que no le había leído; y D Marcelino Domingo manifestó que, desde el punto de vista del orador, el discurso había sido bastante bueno. A parte de esto, los ministros dieron a entender que el Consejo se ocuparía de presupuesto y algo del problema ferroviario, aunque no sería posible ultimar la solución. E l Sr. Lerroux, refiriéndose a la conferencia que esta mañana tuvo con nuestro em 1
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