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El público debe leer diariamente nuestra sección de anuncios por palabras clasificados en secciones. Trabajo y libertad para la dase En ellos encontrará constantemente asuntos que pueden interesarle. fiduciaria UNOS POBRES TI V O S CA U n billete del Banco es un creador de trabajo; es un trabajador él mismo. Y si no fuese esto no seria nada. Hace falta repetir esta verdad evidente, porque es infinito el n ú m e r o de personas sencillas en cuyos espíritus lo convencional se ha impuesto y superpuesto a lo real y toma atributo por l a esencia, como el patán que exclama defraudado al ver un M o n a r c a -i O h ahora, resulta que es un hombre como otro cualquiera! El billete es un trabajador. S i no trabaja, no vive. L a s mismas leyes que rigen en una colectividad de trabajadores, rigen en una colectividad de billetes. U n billete puede estar un a ñ o inactivo, parado en una caja de caudales sin perder su valor. Pero es que los demás billetes trabajan para él, con l a m á s estrecha y ejemplar de las solidaridades obreras. S i es una gran masa de billetes h. que se inhibe, el resto es incapaz de sostener las necesidades comunes, y se deprecian todos. E l billete necesita salir a la. calle, laborar, cambiar de dueños. E l billete nació para no estar ocioso. Cuando se presenta ante alguien no es para sugerir lánguidamente: M e gustaría adormecerme entre el aroma de una cartera de piel de R u s i a es para proponer algo, para ofrecer una diversión, para plantear un negocio, para resolver una necesidad, para ampliar las comodidades. E s como- in comisionista que abre en el mostrador del comerciante las cajas de su múltiple muestrario. Dice, con voz siempre tentadora ¿Q u i e r e usted ir c. un teatro? ¿P o r n- -é no hace usted un viaje? Compre esa finca. Acuérdese de que precisa un traje. ¿L e proporciono una buena comida? También puedo traerle una bicicleta, cigarrillos, una dulce esposa, libros de estudio, una estufa, un violín... Comercia con todo, hasta con lo inmaterial, y en él se compendian las actividades humanas. L a s velocidades astronómicas o las de los electrones no son nada si se las compara a su inquietud. Todo el mecanismo social funciona por ellos; la vida moderna es el resultado de dos fuerzas: la centrífuga de los billetes y la centrípeta del hombre que les quiere atraer, pero no para retenerlos como la ciénaga a la piedra que ha caído blandamente en ella, sino para devolverlos, en un peloteq incesante, como la pared de un frontón. L a gente que no da esta interpretación a ese fenómeno de la economía que es el billete incurre en el error de secuestrarlos. No confía en los Bancos, donde el dinero no huelga nunca, y, celosamente, lo guarda en el fondo de un cajón, debajo de un ladrillo o entre la lana de los colchones. A f o r tunadamente la Naturaleza dispone de i n numerables recursos y acude en socorro de cualquier perturbación de sus leyes. Así. para remediar los perniciosos efectos que el secuestro de billetes puede producir en la economía de un pueblo, favorece e des 1 arrollo de ladrones experimentados, sujetos que sólo de una ojeada conocen cuál es él ladrillo que tapa el tesoro y distinguen por el olor los colchones cue encubren k, s fajos tentadores. Se los llevan, y ¡os billetes irrumpen de nuevo en 1.3 afanes de la vida. Sin embargo, no puede haber tantos l a drones como es necesario, y aunque nosotros recomendásemos al Gobierno que los fomentase (de la misma manera que los agricultores fomentan el desarrollo de plagas que acaban con otras plagas más- perjudiciales) no sería posible atacar el. mal con la rapidez precisa. Conviene mejor convencer a los secuestradores de que el dinero que trans- portan de los Bancos a sus casas enferma y pierde valor, aunque lo guarden cien cañones, y que el terrible daño que producen a la riqueza nacional, no sólo no les beneficia, sino que les atañe en l a misma proporción que a cualquier otro ciudadano. Muchedumbres de buen corazón recorren a veces las calles de esta o la otra ciudad pidiendo l a libertad de los presos por delitos sociales o por órdenes gubernativas. Periódicos de delicada sensibiladad publican artículos en el mismo tono. También debieran organizarse manifestaciones para pedir la libertad incondicional de los billetes cautivos. E s el pueblo mismo el que debe resolver esta cuestión. E l Gobierno no sabrá hacer otra cosa que lanzar billetes esquiroles que, al aumentar por una necesidad ficticia la circulación fiduciaria, empequeñecerán el valor de todo el papel moneda. N o retened el dinero. Esto es una República de trabajadores de todas clases, y los billetes deben cumplir primero que nadie con su deber. Sin acabar con el problema de los billetes parados no se podrá dar fin al de los obreros sin labor, al de las fábricas que se cierran y al de los comercios que suspenden pagos. W; F E R N A N D E Z FLOREZ LUZCA TODA SU BELLEZA POCAS señoras lo han conseguido; la mayoría son mucho más hermosas de lo que aparentan. -Su cutis, marchitó antes de tiempo por la actividad y desgaste de la vida moderna, necesita un tratamiento apropiado para conservar la piel tersa, sana y transparente. Richard Hudnut, el afamado especialista, ha descubierto después de largas investigaciones un nuevo tratamiento de belleza a base de dos cremas que conservan durante muchos años la tersura y frescor de la juventud. La Crema Purificadora G. emey el moderno Cold Cream- -limpia y suaviza el cutis conservándolo fresco, terso y suave. 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