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r Pero él amor ño va con ellos, ni su falta es tampoco compensada por el afecto hacia ei hijo que nace a poco. Aunque en Suecia la gran duquesa vive con mayor libertad y convivencia con el resto de los humanos, no es feliz ni mucho menos. L a inquietud eslava la domina. L a hace viajar por Europa entera, acompañar a la Reina de Suecia en sus invernadas meridionales. E n Capri, junto a la Soberana, enferma, conoce a un misteroso doctor, que en las Memorias sólo aparece señalado con la inicial M Este hombre pasa por el libro esclarecido por la luz fuliginosa de las gentes que poseen facultades casi sobrenaturales, se mezcla de manera insidiosa en la vida de la princesa, tal vez es causa de sus desavenencias conyugales, que terminan con los vínculos del matrimonio, anulado al fin con anuencia del Zar Nicolás, jefe- religioso y supremo de la Familia Imperial. L a gran duquesa vuelve a Rusia ya libre de su error: del niño que nació rio habla m á s L a Prensa ha de ocuparse de él m á s tarde por sus andanzas amorosas sucedidas no ha mucho. A poco de llegar la gran duquesa a San Petersburgo estalla la guerra. L a gran duquesa se hace enfermera; parte al frente. E l contacto con la vida real se establece fuertemente con la presencia del dolor, de las espantosas heridas, de la epidemia, de la muerte, accidente de todos los instantes. L a gran duquesa se entrega abnegadamente al servicio de los demás, y entonces descubre que ci pueblo no ama a su Soberano; me- El público debe leer diariamente nuestra sección de anuncios por palabras clasificados en secciones. En ellos encontrará constantemente asuntos que pueden interesarle. jor dicho, que lo odia. Mientras tanto, la guerra sigue, la revolución avanza. U n día aparece Rasputin asesinado. Uno de los que ¡e matan es el hermano de la gran duquesa, el gran duque Demetrio, que es coautor del tremendo drama del palacio Yu. -upoff. L a gtan duquesa corre a San Petersburgo para ver si es posible salvar a su hermano. Este es desterrado, y así se salva m á s tarde, pero entonces sólo se conoce el- dolor del extrañamiento. L a revolución avanza m á s E l Ejército se desorganiza, la revuelta invade los escuadrones, la gran duquesa ha de alejarse de su hospital, dónde puede peligrar su vida. Vuelve a Petersburgo. E l Emperador abdica. Empieza la era de Kerensky amorfa, blanda, incapaz de resurrecciones, llena de la vacuidad de los discursos que se creen salvadores. Los Soviets triunfan fácilmente y derriban aquel canoro régimen. L a gran duquesa se enamora y se casa con el príncipe Pcutiatiue. Después vienen las angustias caóticas de la revolución. Obscuridad, frío, hambre, ejecución. L a s ametralladoras fusilan, paseadas por autos, las gentes de las calles; las prisiones están henchidas de p r i sioneros, sólo libertados por la muerte. E s preciso huir. L a gran duquesa se escapa de San Petersburgo. Su marcha va acompañada d- mil peripecias: alhajas escondidas, pasaportes falsos, detenciones, fatigas, angustias y sustos m i l A l cabo llegan a las líneas alemanas, las traspasan, respiran, comen y ríen. L a vida parece reanudarse. Después, la gran duquesa trabaja para ganar su pan, pues, a pesar de. las joyas salvadas, que parece son muy hermosas, según quien Jas ha visto, es preciso tener, dinero. Estancia en P a r í s luego, viaje a los Estados Unidos, donde la gran duquesa escribe y publica sus Memorias, que han sido un gran éxito pecuniario. Y al mismo tiempo aparece también en Londres la vigésima edición de La historia de San Miqnel. libro autobiográfico del doctor sueco A x e l Muntche, que vivió en Capri icho tiempo, precisamente cuando la gran uuquesa estaba allí también, y que pudiese ser el misterioso doctor que en sus Memorias sólo señala la princesa rusa con la inicial M Mas así como la autora habla de él con vehemente interés, el doctor no menciona para nada a la princesa, Y esto es tal vez lo m á s sugestivo de ambas obras. MAURICIO L Ó P E Z R O B E R T S Marqués de! a Torrehermosa. I UN ALMACÉN IMPROVISADO EN LA CALLE DE BAILEN El cuartel de la Regalada, en el antiguo palacio de Godoy y ministerio de Marina, convertido en almacén del Servicio de Limpiezas. Las escobas, las palas, las carretillas se amontonan junto a los escombros del derruidoedificio. En frente, esquina a la plaza de España, el inmueble que ocuparon las Caballerizas del Palacio de la plaza de Oriente. Es ahí, en este sector, donde la calle de. Bailen se ha de ensanchar a uno y otro lado. (Foto Albero y Segovia.
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