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1875, interrumpió el régimen secular de nuestra Patria. E l hombre de buena fe, padre a la moderna, que reconocía en la juventud los dones de autoridad y de consejo que en épocas más atrasadas estaban, reservados a ios ancianos, expuso a su hijo este reparo. Y el hijo, adoctrinando sabiamente al autor de stft días, según es uso y deber en los mozos de hoy. disipó los temores paternales, asegurando que la República naciente nada tenía que ver con aquella pobre y mezquina Republica de hace setenta años, pues ahora se trataba de superar las viejas concepciones liberales en una estructuración de tipo nuevo, auténtico y exacto, con tónica actúa; y ritmo futurista, articulando, en función integral, los factores de la sociedad que adviene, magnífica, trémula y transida, para plasmar el mundo inédito, en propósito de ¡limitación, con sentimientos nunca sentidos e ideas jamás pensadas E l hombre- de buena fe, bajo el golpe de ducha de la brillante parrafada, quedó muy convencido con tan clarísima explicación. Comenzó a elaborarse la Constitución. E l hombre de buena fe, ya muy receloso, con los jirones de su maltrecha confianza, arropó su espíritu y esperó. L a Constitución era- -debía ser- -la Carta. Magna, el Estatuto de paz. la ley transaccioual que permitiera la concordia, el área neutral, solar de la España futura, amable y habitable para todos. Y la Constitución, desde su primer articulo, fué la violencia, el odio, el fanatismo, impuesto por una minoría, pues ninguno de sus preceptos esenciales logró la adhesión y los votos de la mitad más uno de los diputados de la Cámara. L a prometida y deseada libertad. se convertía en la persecución de millares de españoles, a los que se condenaba al destierro o al hambre, arrebatándoles sus bienes, prohibiéndoles el ejercicio de toda actividad con unas líneas escritas un poco más abajo de aquellas en que se asentaba la afirmación de que España era una República de trabajadores la igualdad creaba una casta de hombres extramuros de la ciudadanía, privados de todos los derechos; la fraternidad dejaba paso a los criterios de excepción, inspirados en el rencor de los grandes perseguidores. A l lenguaje revolucionario, henchido de promesas, sustituía el rudo lenguaje usual en los hombres de motín cuando se ven al otro, lado de la barricada. N o se hablaba ya de los derechos individuales, ni de las multitudes oprimidas, ni de la santidad de la rebeldía. L o que se decía era esto: ¡Sobre todo, la autoridad, y la salud de la República! ¡Nada contra ella ni frente a ella! ¡Nos haremos temer! A l oír todo esto, que le traía un eco de las bravuconadas de la Dictadura- -que con tanta razón irritaban á los rebeldes de entonces- el hombre de buena fe ha sentido abatirse, yerta, su última esperanza. ¡E l hombre de buena fe... ha perdido la fe! Sumido en gran tristeza se disponea engrosar el partido, que, por derecho indiscutible, acaudilla el Sr. Alcalá Z a m o r a el partido formado por la legión innúmera de los desencantados, los ilusos sin ilusión, los que. desoyendo las advertencias, hicieron posible lo que sin su ayuda, apasionada o frivola, no hubiera podido ser; los que afilaron ei cuchillo que ahora desgarra su propio corazón y sembraron irreflexiblemente los vientos generadores de la tempestad eme había de azotar su convicción y conturbar su espíritu... ¡Y la tristeza del hombre de buena fe es la insondable tristeza sin consuelo del que, al verse perdido y condenado, comprende, demasiado tarde, que ha sido él con su conducta, quién se labró su condenación! FEDERICO SANTANDER ABC EN LONDRES Nuevo descubrimiento de Inglaterra H e aquí las costas británicas después de tres largos años de ausencia; las blancas costas gredosas, sólidamente estáticas tras la superficie levemente rizada de un mar en calma; las embocaduras del puerto de Dover, coronado en alto por la mole del castillo, pé. treo y, romántico; el muelle a cuyo costado atraca. el barco en rápida maniobra, y en el que divisamos el consabido grupo de uniformes azules: autoridades del puerto, empleados del ferrocarril inspectores de Aduanas y agentes de Policía. E l pasa; menos numeroso que otras veces, baja a tierra en poco tiempo, satisfecho de haber conservado el peso durante una travesía feliz. Inglaterra de nuevo, y el mismo tufillo acre, mezcla de humo de carbón de piedra y humo de tabaco amarillo. Ante estos inspectores de Aduanas, siempre corteses, pero eficaces e inflexibles, el cuero de mis maletas se vuelve transparente, y declaro la verdad con obstinado empeño y uña seguridad absoluta, basada en la experiencia de que si digo la verdad no tendré que abrir el equipaje; declaro que soy portador de tales o cuales- objetos contenidos en la lista impresa de artículos sometidos a impuesto de entrada, pero justifico su posesión y paso adelante. E s a lista impresa no consta hoy más que de unos cuantos renglones; si Inglaterra se hace más proteccionista ¿tendremos que leernos un arancel voluminoso al entrar en sus fronteras, o nos limitaremos a ojear una lista tan breve como la actual, pero compuesta de los- pocos artículos cuya Hbre importación toleren las leyes nacionales? E n el andén de la estación de Dover, la EN MADRID. BANQUETE- HOMENAJE AL MINISTRO DE MARINA. -La clase farmacéutica obsequié ayer con un almuerzo en el hotel Palace, a su compañero el ministro de Marina, Sr. Gvral. Al lado del homenajeado, D. Alejandro Lerroux. El ministro de Estado se reunió separadamente, en otro Almuerzo, con la representación parlamentaria del partido republicano, autonomista de Valencia, rotos Duque.