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NOVELA, P O R FERDINAND O S S E N D O W S K! (CONTINUACIÓN) ¡Yo! -contestó la audaz norteamericana- ¡Y no te aconsejo que trates de acercarte a mi, porque si lo intentas te meteré un balazo en la tripa! En aquel momento Axius, que estaba a su lado, dio un golpe seco en la muñeca de Betty y le hizo soltar el revólver. Por otra parte, uno de los criados sujetó a Margaret Irving al ver que sacaba su revólver del bolsillo del vestido. ¡Está muy bien, palomitas mías! -exclamó Basilis. -Venid vosotros conmigo- -dijo a los criados. Pero apenas dio media vuelta cuando se detuvo al ver a Mosul que iba hacia él corriendo y que gritaba aterrado: ¡Buen sidi! ¡Noble sidi! No tuvo tiempo Basilis para preguntarle nada, porque de pronto, fingiendo que tropezaba, cayó Mosul encima de él, dándole un. cabezazo tremendo en la barriga. Basilis gritó, dolorido, y cayó medio desmayado, soltando el revólver de Betty. Lo cogió Irene y se lo devolvió a la norteamericana. ¡Dispara! -le dijo. Betty apuntó al sirio que sujetaba a Margaret y le gritó: ¡Arriba las manos o disparo! E l sirio soltó a su víctima. AI mismo tiempo Margaret sacó su revólver y amenazó a los demás agresores. E l viejo Axius logró sacar el revólver que llevaba escondido en su albornoz, y ya tendía el brazo cuando una hábil maniobra de jiu- jitsu de la menuda. Molly, que le retorció el brazo, le hizo soltar el arma, de la cual se apoderó su vencedora, que fué a colocarse en seguida junto a las norte- americanas. Irene se dirigió entonces a los sirios. -Ahora vamos a hablar nosotras. Los que deseen que les defendamos ante los franceses, que aten inmediatamente a estos malvados. Mosul y Azis se fueron a buscar cuerdas y los criados del sirio permanecieron al lado de Axius, amenazados. por las armas que les apuntaban. Poco después fueron llevados los prisioneros, con las manos atadas, a una estancia. ruinosa ¿dónde quedaron, vigilados por dos de las muchachas, que hacían centinela alternativamente. Antes del. mediodía siguiente Mosul y Azis comenzaron a ensillar y cargar a los camellos, ayudados por las muchachas, al frente de las cuales se puso Irene. -Llévanos, mumeno, al collado de E l Ghilali- -dijo ésta- Necesito recoger al capitán, que está enfermo. -Las órdenes de la señorita serán obedecidas- -contestó el anciano beréber. Pero al anochecer sopló el simún con tanta violencia que fué imposible ponerse en camina L a caravana tuyo que aplazar su salida. Durante la noche siguió la violencia del huracán. Las muchachas, rendidas por los esfuerzos del día anterior, estaban muy cansadas. -Nosotros las reemplazaremos- -dijo Mosul- Idos a descansar. Mosul y Azis vigilarán a los prisioneros. Irene se fió de los guías. Ambos bereberes empezaron su centinela. Mosul se dormía, y al notarlo Azis le dijo: -iVete a la tienda; me quedaré yo solo y a medianoche te despertaré. ¡Ujú! -dijo el mofletudo y se marchó de prisa 0 o tardó en desvanecerse el ruido de sus pasos entre los ge 3 midos del viento, y entonces Basilis llamó a Azis en voz baja. -Eres pobre y viejo- -le dijo Los franceses te darán las gracias con mucha cortesía por la ayuda que has prestado a esas mujeres, pero no te darán nada más, y tendrás que seguir explorando ruinas y buscando tesoros. ¡Morirás mendigando quién sabe dónde, junto a la pared de cualquier mezquita de Argelia o de Fez, implorando inútilmente a los transeúntes que te den un pedazo de pan e invocando todos los nombres de los santos ualíes, marabutos y profetas! Azis suspiró profundamente. Sabía que todo aquello era cierto, ¡Así lo quiere Alá! -murmuró por último. -Alá tiene su voluntad y los hombres inteligentes la suya- -observó Basilis. ¿Qué tengo que hacer? -preguntó Azis. -Ahora te lo diré. Primero cuéntame. ¿Te bastarían cien libras de plata para vivir cómodamente hasta el fin de tu existencia? ¡Por Alá! -exclamó el interpelado- Con treinta libras sería yo el mumeno más rico de la región. Todos mis convecinos me llamarían sidi y se prosternarían ante mí. -Pues yo voy a darte doscientas libras de plata si nos libras ahora mismo de estas ataduras a mi gente y a mí. Él astuto mercader conocía perfectamente a los hombres y sabía lo que valía el anciano vagabundo. Azis reflexionó durante mucho tiempo. -Accedo- -dijo al fin- pero a condición de que no le ocurra nada malo a mi compañero Mosul. ¡Si no, no! -T- HO me interesa ese cerdo beréber- -contestó Basilis fingiendo indiferencia. Poco después todos los prisioneros estaban desatados y, después de desembalar sus armas, se apercibieron para la lucha. Tampoco durmió Irene Oranowska aquella noche. Le mortificaba un malestar que ella atribuía a la violencia del simún, y como no podía estarse en la cama, se levantó. y se fué hacia el sitio del centinela; cuando de pronto se vio detenida por Axius, que la apuntaba con su revólver. ¡Traición! -gritó, corriendo hacia sus compañeras- ¡Los guías nos han traicionado! ¡Los sirios están en libertad y tienen armas! Despertáronse, sobresaltadas las cautivas. Betty y Margaret cogieron sus revólveres y se situaron junto a la puerta. ¡A ver si se atreven a entrar -murmuró Betty, apretando los dientes. A l mismo tiempo sonó én el pasadizo la voz de Basilis. ¡Oídme, gatitas mías! T- íijd- en tono dé maldad e irónicamente- ¡Basta ya de bromas! E l puesto de las mujeres está en el harén. Reflexionad un mome ní oj y cuando compartáis mi opinión decídselo al centinela. Mientras no lo hagáis no os daré de comer, ni de beber. He mandado destruir el canal, que ya no lleva agua. ¡Hasta la vista, gatitas mías, y. tened presente que si asomáis vuestro hociquito a la puerta dispararemos contra vosotras! Irene fué hacia el tazón de piedra de la fuente y dio un grito. No- había agua en él. ¡La sed es peor que el hambre! -dijo con tristeza- Conozco ese tormento... Se acercó a ella Betty Crawfordy le dijo en voz baja: ¡No te desesperes! E n el túnel que exploré hace pocos días no falta agua. L a ágil Molly trepó hasta la ventana. -Mosul anda paseándose allá lejos y nos hace señas- -dijo, asomándose con precaución- Voy. a ver lo que quiere. Aún no había acabado de asomar su rubia cabellera cuando se oyó un tiro que arrancó un pedazo del cerco, llenando a Moliy de polvo y de escombros. Se continuará-